«¡Mammmmma mía!». La expresión de un periodista italiano, cerca de la una de la madrugada del viernes, en los alrededores del inhóspito Aufschalke Arena, venía a resumir, y no mal, lo que se pudo ver en el España-Italia que, desde este momento, pasa a formar parte del altar de los mejores partidos de la historia de la selección. El contundente «Piccola Italia» de la Gazzetta dello Sport era lo menos contundente de una prensa europea que ayer se r
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Luis de la Fuente lleva unos meses de acá para allá. Agarrado a la ola de su agencia de representación, lo mismo presenta una biografía que da una charla a los jóvenes, igual te sirve para desayunar en una agencia de noticias que para presentar unos relojes. Le ha faltado presentar el Telecupón. Y eso ha sido posible por varios motivos, pero uno de los principales, seguramente, es que la lista de 26 jugadores que ofreció ayer en Madrid estaba clara desde hace semanas. Incluso meses. Quitando un contratiempo como el de Fermín, todo estaba bastante claro.
El trabajo, en realidad, estaba hecho, y era cuestión de ir siguiendo la evolución de los elegidos. Ha habido sustos, cómo no, y todos en forma de lesión. Lamine, Mikel Merino y Nico Williams llegarán el sábado a Las Rozas inmersos en procesos de recuperación. Con ellos, el contacto ha sido permanente y el alivio, casi inmediato. «Es muy probable que, vista la evolución que han tenido, podamos contar con todos ya para el primer partido», avanzó ayer el seleccionador, aunque nadie se cree que vaya a ponerles contra Cabo Verde el día 15. Arabia (día 21) y, sobre todo, Uruguay (día 26) sí cuentan con más opciones.
También ha tenido algún mal trago. Especialmente el de decirle a Alex Remiro, su tercer portero desde casi desde que llegó, que no iba a estar en el Mundial. «Sí, le llamé», concedió, saltándose la norma que suele utilizar de no hablar de los que no están. Cuentan quienes están cerca de De la Fuente que le costó. Más sencilla fue la conversación con Carvajal, esta hace varias semanas. Ambos sabían que era imposible. «El legado que dejan Dani y Álvaro [Morata] lo han cogido perfectamente Unai, Rodri, Ferran...», explicó.
Un repaso algo más sosegado a la citación descubre cuatro ejemplos bastante claros de una de las características, no demasiado visibles, del técnico. Detrás de su educación, de su gesto amable y de, casi siempre, una sonrisa, se esconde un tipo bastante duro. Implacable. Un entrenador de élite que toma decisiones, incluso sabiendo que van a generar más ruido que si decidiese lo contrario. Y, además, leyendo un poco entre líneas, lo explicita.
La primera es la inclusión de Joan García, el portero del Barcelona. Lo mete de tercer portero, un puesto casi simbólico en el que nadie suele reparar en este tipo de torneos. Lo más cómodo, quizá, hubiese sido seguir con Remiro, que no da un ruido. La presencia de Joan hará que, si las cosas no van bien o hay un fallo grosero de Unai, los medios hablen de ello. «¡Es tremendo, me quedo asustado!», soltó ayer cuando precisamente le preguntaron por eso, por si esperaba que pudiera surgir el debate. «¿Y nadie habla de David Raya? ¿En serio?». El caso es que él sabía que la temporada del guardameta del Barça merecía ir al Mundial y se lo ha llevado. Aunque el portero, eso está claro, es Unai, Joan hará más ruido que Remiro. Luis lo acepta.
Otra decisión dura fue la de prescindir de Le Normand. De la Fuente fue de los que más peleó para impulsar esa nacionalización, y en la primera oportunidad que tuvo, la Nations de 2023, le llevó y lo puso de titular, y así ha sido siempre hasta que el central perdió el sitio en el Atlético en favor de Pubill. Ese adelantamiento ha tenido continuidad en la selección. Cuestionado por ello, por el central hispano-francés y por otros, por si les había llamado por teléfono para decírselo, dejó una frase que habla de esa mano de hierro. «La vida no regala nada a nadie, los que están se lo han ganado. Y a los otros... no es un adiós, es un hasta pronto, porque tendrán más oportunidades». Sí, pero quizá no de un Mundial.
Tampoco ha sido el camino más fácil el de dejar, por primera vez en la historia, al Real Madrid fuera de una lista de un Mundial. Huijsen, el único que tenía opciones reales de ir, ha perdido el paso en la segunda parte de la temporada. Aún así, Luis de la Fuente sabía que habría más ruido si no había madridistas que si, al menos, había uno. «Los que vienen aquí son simplemente jugadores de la selección. No miro de qué equipo son», cerró.
Un último detalle. Había alguien en Las Rozas que sugirió, de algún modo, que quizá estuviera bien recuperar, aunque en un papel secundario, a Carvajal o Morata. Por el papel de capitanes, por el peso específico, por el control del vestuario. A Luis de la Fuente ni se le pasó por la cabeza. Los que están, están. Y punto. Luis, el implacable.
Una de las grandes noticias que dejó la tarde en Berlín fue la ruptura de una racha de 16 años. Una racha de 136 partidos. La ruptura, en fin, de un tema casi tabú en España desde que la gran España encontró un camino para ganar entre 2008 y 2012. Pareció durante muchos años una herejía pensar en otro modo de jugar, insinuar que no había que tener la pelota para ganar partidos... Pues bien, esta España no necesita el balón para ganar partidos y eso, que ya se intuía, se confirmó contra Croacia.
España dispuso del balón un 46% del tiempo, por el 54% de los croatas. Y España ganó 3-0. Hacía esos 16 años que algo así no ocurría. La última vez que el rival tuvo más tiempo el balón que España fue la final de la Eurocopa de 2008, aquel 29 de junio donde Torres inició una era ¿irrepetible? Desde entonces, la selección ha jugado 136 partidos y siempre ha ganado eso tan poco útil que es la posesión, escrito así de forma aséptica. Por el camino, sesiones tan inverosímiles como los octavos de final contra Marruecos, resuelto, en contra, en los penaltis.
"No tenía ni idea de lo de la posesión. A ver, aquí al final lo que cuenta es ganar los partidos, no la posesión, y nosotros estamos muy felices porque hemos ganado", resolvía ayer Fabián, uno de los jugadores que representan ese fútbol no tan ortodoxo que ha tenido atrapada a la selección desde 2014, año del cataclismo en el Mundial de Brasil, hasta la llegada de Luis de la Fuente, un tipo práctico.
Carvajal, de Wembley a Berlín
Hay pocos jugadores en el vestuario de la selección que entiendan tan bien eso de "lo que importa es ganar". Dani Carvajal, quizás, es el que ha vivido esa expresión más de cerca. No es fácil ganar seis Copas de Europa de la misma forma. En unas sufrió, en otras disfrutó, a veces dominó y en algunas sobrevivió como pudo, pero ganó. Eso es lo importante. Y quizás por eso, el de Leganés es un capitán sin brazalete en la concentración de España.
No acumula tantas internacionales como otros compañeros, pero tiene el peso de los títulos y la experiencia, algo que necesita De la Fuente, que le permitió hablar en el corrillo previo al partido. "He sido uno de los que ha hablado. Soy un jugador que siempre intenta alzar la voz y motivar a los más jóvenes", explicó el defensa en los pasillos del Estadio Olímpico.
Fue una tarde especial para Carvajal, una más en un mes de junio que no va a olvidar. Después de marcar el primer gol de la final de la Champions de Wembley, el canterano del Real Madrid disputó en Berlín su primer partido en una Eurocopa. Las lesiones no le habían dejado estar en las convocatorias hasta ahora.
Carvajal, en la acción del 3-0 ante Livakovic.AFP
Y claro, alguien que puso la primera piedra de Valdebebas y terminó con seis 'orejonas' no le hace ascos al destino. En su estreno continental, Carvajal repitió gol. Su primero con España 44 partidos después, insistiendo en eso del destino. Movimiento al primer palo y remate ante el portero.
"Es un gol de killer, ¡de killer absoluto!", bromeaba en zona mixta. "De momento soy Pichichi de la Eurocopa, porque nadie ha metido dos goles", añadió entre risas.
El cuerpo técnico de Luis de la Fuente ha copiado la idea del de Carlo Ancelotti. Carvajal no es el más alto, pero sí es inteligente a la hora de buscar el espacio en el área: "En el balón parado hay que estar listo, hay que tener determinación y hoy pues me he anticipado al primer palo y sólo la he tenido que empujar. Estoy muy contento de que confíen en mí para el balón parado", explicó.
Luis de la Fuente llegó a la sala de prensa del José Zorrilla casi a la hora de cenar. El técnico decidió entrenar en Las Rozas por la mañana, comer, echarse la siesta en Madrid y coger el autobús para llegar a Valladolid a cenar y descansar para el partido del martes. El seleccionador es consciente de que todo el mundo da por hecha la victoria contra Bulgaria. Y él, por mucho que diga que no, también dejó caer algo así cuando dijo que ganando "cerraremos prácticamente la clasificación".
Así las cosas, el debate es cuántos cambios hará en el once. Se intuyen muchos, las cosas como son, por la debilidad del rival y porque ya van cinco jugadores que han dejado esta concentración lesionados, y alguno más sería un lío. "Lo primero que tengo que decir es que salgan los que salgan, me dan confianza plena. Veremos la evolución de la gente que jugó el sábado y mañana por la mañana decidiremos", explicó De la Fuente.
"Siempre sacaremos el equipo más competitivo. Esto es la selección española y aquí no se hacen regalos, aquí no se saca una selección de compromiso. Nuestra responsabilidad es mayúscula y actuamos en consecuencia", insistió el seleccionador, al que le recordaron que ante Bulgaria puede igualar la mejor racha de partidos sin perder de la selección (29). "Somos selecciones diferentes en tiempos diferentes, pero no pensamos en ningún caso en eso, pensamos en cerrar la clasificación lo antes posible y eso pasa por ganar".
Un talismán en la defensa
Luego vino Robin Le Normand. El central es un talismán para este equipo. Ha jugado 26 partidos y no ha perdido ninguno. Desde que se nacionalizó, en mayo de 2023, España sólo ha perdido un partido, el amistoso contra Colombia. En su zona, cada vez hay más competencia. De hecho, habría como cinco nombres para cuatro puestos. Laporte, Vivian, Le Normand, Huijsen y Cubarsí... "Con Laporte he jugado mucho, y con Dean o Pau también me entiendo bien. Yo intento dar mi mejor versión y luego tendrá que decidir el míster", despejó él.
Le Normand, por cierto, lloró aquí hace dos años con la lesión de Gavi. "Siempre es una lástima que un compañero se lesione, y además tan grave. Por suerte ha sido capaz de volver, rendir, y estoy seguro de que ahora, con esta nueva lesión, hará lo mismo".