Jesús Navas, que había anunciado el pasado jueves que dejaba el Sevilla a la conclusión de esta temporada, ha acordado este sábado con el presidente de la entidad, José María del Nido Carrasco, que “continuará como jugador hasta el 31 de diciembre de 2024 para, posteriormente, trabajar en la entidad en el puesto que desee”, sobre lo que el jugador ha destacado que “ni un segundo” ha dudado en aceptar la propuesta.
“El presidente del Sevilla FC, José María del Nido Carrasco, y Jesús Navas han acordado este mismo sábado por la mañana la renovación de la leyenda sevillista hasta el 31 de diciembre de 2024, fecha en la que el canterano dejará los terrenos de juego para pasar a trabajar en la entidad en el puesto que desee con carácter vitalicio”, señala el club hispalense en un comunicado.
“Ni un segundo he dudado en contestar afirmativamente a la propuesta realizada por el presidente de mi Sevilla FC. Sí, me quiero retirar en Nervión. Quiero seguir jugando para mi Sevilla. Acepto de buen grado continuar ligado a la entidad que me tiene enamorado”, ha afirmado Navas en declaraciones que facilita el club.
“Mi deseo, y así se lo he trasladado al presidente, es continuar jugando hasta diciembre en una transición para ayudar al equipo. Será en esa fecha cuando decida colgar las botas con la camiseta con la que siempre soñé hacerlo, vestido de sevillista. Una cosa más, estos próximos meses, mis últimos como futbolista profesional, no los cobraré. El sueldo que se acuerde con el presidente será donado a una Fundación. Es mi decisión y así se lo he comunicado al club. Quiero que la afición sepa todos los detalles y que nos guíe la transparencia”, resalta el jugador.
Sergio Ramos quiere comprar el Sevilla, una propuesta que ha sacudido LaLiga al inicio de 2026 pero que no es una excentricidad. Las estrellas del fútbol empiezan a tener peso en la industria más allá del césped o de los banquillos. Los palcos, los despachos, las gerencias y la propiedad ya no son terreno inexplorado para los jugadores una vez llegado el final de su carrera deportiva. De la base de la industria están pasando a la cúspide, incluso al frente de grupos empresariales que abarcan casi todo el espectro de negocio relacionado con el fútbol profesional. Con razones variadas, son cada vez más.
Ramos, si los máximos accionistas del Sevilla aceptan la oferta presentada con un grupo de empresarios, puede seguir la estela de compañeros de selección que iniciaron la senda. Uno de ellos es David Villa. El Guaje creó antes de colgar las botas DV7 Group, una empresa que gestiona junto a Víctor Oñate, y que tiene una dimensión global, con divisiones que van desde el management y la representación -en su cartera están Davide Ancelotti o Quique Sánchez Flores- al marketing, la comunicación y la formación a través de academias repartidas en todo el mundo. El último salto lo dio en marzo de 2023 cuando compró el Club de Fútbol Benidorm.
El asturiano ya había invertido en 2019 en levantar el proyecto del Queensboro FC en Nueva York, una franquicia con plaza en la USL Championship, la segunda división en Estados Unidos. Con su vuelta a España, tuvo oportunidad de comprar el Burgos, pero buscó un club al que hacer crecer desde cero y lo encontró en la Costa Blanca. «Esto no es solo crear un club de fútbol que gane o empate los domingos; esto es mucho más», aseguraba el ex goleador. La idea es subir un peldaño más y acercar la metodología de sus academias internacionales al fútbol profesional.
Villa, junto a su socio y el alcalde de Benidorm.E.M.
Por el momento juega en la Lliga Comunitat, la Tercera Federación de la Comunidad Valenciana, pero ha hecho crecer la base con 38 equipos en la cantera, dos de ellos femeninos. Con un estadio, el Guillermo Amor, con 9.000 localidades, la intención es ir dando pasos, desde la sostenibilidad, al profesionalismo en una ciudad con un potencial infinito y una colonia británica que se deja notar en las gradas. Villa optó por crecer desde la humildad, porque las fuentes de ingresos de su conglomerado empresarial vienen de las otras ramas en las que su intervención directa es menor. Para el Guaje, el contacto con los jóvenes talentos y ejercer como padrino ha sido su motivación para entrar de lleno en la industria.
Más atrevido fue Gerard Piqué cuando, en 2018, compró a través de Kosmos el Andorra. Cubrió sus deudas y, un año después, invirtió 452.000 euros para comprar la plaza del Reus en la entonces Segunda B y hacer pasar al club del Principado de la Primera Catalana a las puertas del fútbol profesional al que, con una inyección de casi cuatro millones de euros, no tardaría en llegar. De momento, lo tiene asentado en mitad de la tabla en Segunda y, al contrario que Villa, poco amigo de los palcos, Piqué sí sigue de cerca los partidos de su equipo. «Claro que volvería a invertir en el Andorra y en el país porque ha sido un éxito estar donde estamos ahora. Me he rodeado de buenos amigos que saben de esto y estoy convencido que algún día escucharemos el himno de la Champions en Andorra. Sé que es difícil, pero lucharemos y normalmente logramos las cosas que nos proponemos», ha reconocido el ex azulgrana en uno de sus alardes. La tarea no será fácil.
Sin hablar de Champions, palabras mayores, asentar un equipo en Primera fue lo que buscó Ronaldo Nazario en el Valladolid. Logró dos ascensos, pero no llegó a consolidarlo y, con la afición en contra y expectativas en Brasil, acabó vendiéndolo. Hasta el momento, el brasileño es la única estrella que ha sido dueño de un club de la máxima categoría en España.
Mucho más éxito ha tenido David Beckham, pero en Estados Unidos, donde las reglas con otras y la inversión es menos arriesgada porque la MLS es una competición cerrada, sin ascensos ni descensos que lo condicionen todo. Cuando el inglés firmó en 2007 con Los Ángeles Galaxy, su contrato incluía un acuerdo para comprar una franquicia a un precio reducido de 25 millones de dólares. En 2014 llegó el momento. Se asoció con los empresarios Jorge y José Mas y, en 2020, nació el Inter de Miami, con un crecimiento deportivo en el que se involucró el ex del Manchester para acabar conquistando a jugadores como Leo Messi, Luis Suárez o Busquets, que acabaron vistiendo la camiseta rosa en Florida y le dieron una dimensión global al club.
Beckham, junto a Leo Messi.D. BECKHAM
Ya sabía Beckham lo que era poseer un equipo, aunque a escala mucho menor. Sus compañeros de la Clase del 92 en el United se lanzaron al rescate del Salford City en 2014, un club en la cuarta categoría inglesa. Ryan Giggs, los hermanos Gary y Philp Neville, Paul Scholes y Nicky Butt se hicieron con 60% de la propiedad y el otro 40% lo compartieron con Peter Lim, que le cedió un 10% a Beckham. El dueño del Valencia salió de la sociedad en agosto de 2024 vendiéndole su paquete accionarial a Gary Neville. La nefasta gestión en el conjunto valencianista le ha llevado a renegar del fútbol, aunque sea en categorías casi de aficionados y por romanticismo.
La nostalgia y el sentimiento de pertenencia también provocan que jugadores y entrenadores acaben invirtiendo en los que fueron sus equipos. O de sus familiares. Es el caso de Unai Emery, que se ha convertido en el máximo accionista del Real Unión de Irún, uno de los 10 clubes que fundó la Liga en 1929, con cuatro Copas del Rey y cuatro temporadas en Primera. Allí jugaron de porteros su abuelo Antonio y su padre Juan Mari. «Es un proyecto que va más allá de lo deportivo. Mi sueño es ver al Real Unión en Primera, pero el objetivo es que nos sintamos orgullosos de nuestra tierra», aseguraba el entrenador del Aston Villa, que tiene a su hermano Igor en la presidencia y a su hijo Lander como guardameta del primer equipo, que lidera el grupo 2 de Segunda Federación.
A la lista de propietarios se unió hace un año hasta Kylian Mbappé, que compró el Caen normando de la tercera francesa.
Alves, con la camiseta de su nuevo equipo portugués.E.M.
Más reciente es la compra de Dani Alves que, además de predicar tras sus problemas judiciales, se ha convertido en copropietario del São João de Ver, un equipo de la Tercera División portuguesa cercano a Oporto.
El francés ex del Chelsea N'Golo Kanté, tras su millonario fichaje por el Al-Ittihad, compró el club belga Royal Excelsior Virton, de la tercera división. Drogba y Maldini decidieron invertir en la segunda división de Estados Unidos, en el Phoenix Rising el goleador y en el Miami FC el lateral italiano.
Si la lista de propietarios es larga, la de accionistas no deja de crecer. Thierry Henry y Cesc Fábregas se unieron al Como italiano, equipo que ahora entrena el español, y ha sido seducido Luka Modric, que adquirió en marzo un porcentaje del Swansea británico.
Julian Alaphilippe se reivindicó ante sí mismo y frente al resto de la humanidad ciclista con uno de esos triunfos trabajados, llenos de fuerza y sabiduría conjuntas. De calidad y experiencia en estrecha colaboración. De rabia y cálculo combinados. Una de esas victorias que engrandecen a un corredor y adornan dos carreras: la propia, la personal y la de la prueba en cuestión. En este caso, el Giro.
Alaphilippe fue el producto depurado, destilado de una escapada temprana, joven, numerosa, a 150 km. de la llegada y de la que se separó, junto a Mirco Maestri, pocos kilómetros después. Los dos fueron haciendo camino mientras, por detrás, pedaleaban sus nueve ex compañeros de fuga (Narváez, Ben Thomas, Hermans, Scaloni...) y, más lejos, 24 unidades de todo pelaje (Quintana, Pelayo Sánchez, Pozzovivo, Ganna, Rubén Fernández...). Mucho más allá, el pelotón, desentendido del asunto, con los tenores de la general exentos de auténticas amenazas.
Entre Martinsicuro y Fano, etapa larga (193 km.) y rara. Falsamente llana y falsamente montañosa. Lo explicamos. Falsamente llana porque estaba cuajada de pequeñas, pero duras cotas. De cuarta categoría, sí, pero exigentes (otras no siquiera eran puntuables, aunque, por similitud, lo merecían). Falsamente montañosa por la misma razón: muchas "tachuelas" durillas, pero sin la categoría suficiente como para que se relamieran los escaladores. Ni carne ni pescado. O carne y pescado a la vez en plato único.
Una de esas cotas no puntuables, el Monte Giove, una breve pesadilla de poco más de dos kilómetros y medio, pero con un engallamiento del 20% incrustado en el 5% de media, estaba destinada a dictar la suerte de la etapa. Se erguía, además, a 9 km. de la llegada, anunciando la dulzura en medio de la tortura. Alaphilippe y Maestri llegaron a sus pies con 47 segundos de diferencia sobre sus perseguidores.
Alaphilippe, bastante entero, se separó en el acto de Maesti. O Maestri se separó en el acto, en sentido inverso, de Alaphlippe. Es igual. El caso es que entre ellos se abrió instantáneamente un abismo cuesta arriba. La suerte aún no estaba echada. Dependería del comportamiento de Alaphlippe en el "rampón" del 20%. O del comportamiento del "rampón" con Alaphilippe.
Ambos se comportaron bien el uno con el otro. El hombre engalanó la cuesta con su brillante esfuerzo, y la cuesta no le castigó más de lo inevitable. Desde su cumbre, Alaphilippe se lanzó, intocable, hacia al triunfo, el número 42 de un palmarés que incluye dos Campeonatos del Mundo y una Milán-San Remo. Lo necesitaba. En su último año de contrato con el Soudal, a sus 31 de edad (cumplirá 32 el 11 de junio), llevaba uno sin ganar y tres sin apuntarse una etapa en una gran ronda. Entre caídas, lesiones y polémicas, sus actuaciones esta temporada sembraban muchas dudas acerca de su capacidad de ser el que fue o, al menos, de parecérsele. Si esta victoria no es flor de un día, podemos pensar en un Alaphilippe rescatado de sí mismo por el bien del idilio de la bicicleta con algunos de sus amantes más agraciados. A 31 segundos llegaron Jhonatan Narváez y Quinten Hermans, quienes, a su vez, también en el Monte Giove, se habían desgajado de sus acompañantes. Pogacar, por descontado, mantiene la "maglia rosa".
Etapa llana la del viernes antes de la importante contrarreloj del sábado, que dará paso al tríptico montañoso del domingo, el martes y el miércoles (el lunes se descansa). Una traca. La carrera saldrá de ella considerablemente aclarada.