El boxeador Sherif Lawal, de 29 años, ha muerto trs recibir un nocaut en el combate que iba a ser su debut profesional en Reino Unido. El combate se celebró el domingo en el Harrow Leisure Centre de Londres, según avanza TMZ.
En él se enfrentaba al boxeador portugués Malam Varela pero durante el cuarto asalto, un derechazo en la sien de Lawal le tiró al suelo y enseguida el árbitro se dio cuenta de que el boxeador necesitaba atención médica urgente.
Aunque el equipo médico le realizó maniobras de reanimación de manera inmediata y posteriormente fue trasladado al Hospital Northwick Park, el joven murió esa misma noche. “Por desgracia, durante el combate Sherif sufrió un colapso y, a pesar de los esfuerzos de los paramédicos, fue declarado muerto”, ha anunciado Warren Boxing Management, que ha enviado en una publicación de Instagram sus condolencias a la familia del boxeador.
Lawal comenzó a boxear en el año 2018 y fue a principios de este año cuando decidió dar el salto al mundo profesional.
El mundo del deporte despide a Giovanni Benvenuti, icono del boxeo italiano, que ha fallecido en Roma a los 87 años. Popularmente conocido como Nino, había nacido en 1938 en Isola d'Istria, actualmente parte de Eslovenia.
La carrera de NinoBenvenuti estuvo repleta de éxitos profesionales memorables. Se alzó como campeón olímpico de los pesos wélter en 1960, consolidándose como una promesa del boxeo desde su juventud. Posteriormente, su dominio se extendió en otras categorías, conquistando el título de campeón mundial de los pesos superwélter entre 1965 y 1966, junto al reconocimiento como campeón europeo de los pesos medios entre 1965 y 1067. En 1968, recibió el prestigioso galardón de ‘Fight of the year’, un reconocimiento que ningún deportista italiano ha conseguido hasta el momento.
Junto a los títulos y condecoraciones, Nino Benvenuti ha protagonizado combates históricos. En su primera pelea en la trilogía contra Emile Griffith fue condecorado como ‘Fight of the year’, volviendo a recibir el reconocimiento tres años después en su enfrentamiento contra Carlos Monzón. La potencia de sus golpes quedó patente en 1969, cuando la undécima ronda de su victoria por nocaut ante Luis Manuel Rodríguez fue premiada como ‘Round of the year’. El boxeador fue el único italiano en conseguir el título mundial por unanimidad, siendo reconocido en dos categorías de peso (medios y superwélter). Esta hazaña que solamente han logrado nueve boxeadores en los pesos superwélter.
Su legado trascendió fronteras, llegando a ser el primer italiano incluido en el International Boxing Hall of Fame en 1992, y también en el National Italian-American Sport Hall of Fame, junto a figuras como Rocky Marciano y Joe Di Maggio, por sus gestas en Estados Unidos.
El cine de Nino
Fuera del ámbito deportivo, Nino Benvenuti exploró otras facetas. En 1969, debutó como actor en el spaghetti-western"Vivi o preferibilmente morti", compartiendo pantalla con Giuliano Gemma. En 1975, volvió al cine como protagonista en la película policíaca "Mark il poliziotto spara per primo". Su interés por la comunicación lo llevó a inscribirse en el registro de periodistas publicistas del Lacio el 9 de marzo de 1979.
Sin embargo, la vida de Benvenuti no estuvo exenta de desafíos personales. En 2020, un grave drama familiar lo golpeó duramente con el suicidio de su primogénito a los 58 años. Stefano, quien cumplía una pena de cuatro años por robo de joyas y se encontraba en arresto domiciliario a causa de la pandemia de COVID-19, fue encontrado sin vida en un bosque en la meseta del Carso.
La relación de Nino con Stefano y sus otros hijos de su primer matrimonio —Macrì, Giuliano, Francesco y Soraya— fue, según sus propias palabras en una entrevista con el Corriere della Sera dos años antes de la tragedia, "difícil". Reconoció no tener contacto con ellos y lamentó no conocer a sus nietos, reflexionando: "Aunque no he sido un buen padre, aún podría ser un buen abuelo". En contraste, su relación con Nadia Bertorello, a quien describió como el "gran amor de su vida", le trajo la alegría de su hija Nathalie.
Cuando entra a la Philippe Chatrier, una pista monumental, quizá la más monumental de todas las pistas de tenis, Ayoub Ghadfa va murmurando. ¿Qué dirá? Parece sobrecogido Alrededor 15.000 personas mirándole a él, sólo a él, delante un ring azul eléctrico y detrás su entrenador, Rafa Lozano, que le azuza, más que tranquilizarle. Está en la final de unos Juegos Olímpicos y debe disfrutarlo con todo. En los entrenamientos todos los deportistas se imaginan en una situación así, pero nadie imagina lo que viene luego.
Ghadfa, prácticamente un novato, un boxeador por instinto, desde hace apenas cuatro años, se encuentra en el cuadrilátero al uzbeko Bakhodir Jalolov, que no sólo fue campeón en los Juegos de Tokio 2020, que también lo será ante él en París. Todo el mundo se lo ha dicho así de claro al español. Durante casi dos décadas, los rivales de Rafa Nadal debieron de sentir algo parecido aquí, pero Nadal no te podía noquear con un derechazo. "Este Jalolov es una bestia", han advertido a Ghadfa. "Es invencible", ha leído en redes sociales. "El oro es imposible", ha escuchado por ahí. Y todas esas voces tenían motivos.
Jalolov, un tipo de más de dos metros, serio de principio a fin, se presenta en Roland Garros sin perder un combate amateur a tres asaltos desde 2017 y ya como profesional acumula un balance de 14 victorias en 14 combates, todas, absolutamente todas por KO. Mirar a las apuestas asustaba antes -la victoria de Jalolov se paga a 1.08-, pero ya en el cuadrilátero mirarle a la cara asusta todavía más. Hay que ser muy duro para hacerlo y eso hace Ghadfa. Con toda la ilusión y esa cara de buen tío tan suya, el español intenta conectar con su derecha en el primer round, pero quien lo hace es su rival con dos rectos con su zurda: se nota la experiencia. La desigualdad queda clara de inicio, los jueces plantan un 5-0, aunque no todavía no se acaba.
Más igualdad, más intercambio
Decían las estadísticas que Jalolov no había perdido un round en todos los Juegos, pero también decían que el rival de Ghadfa en semifinales, el francés Djamili-Dini Aboudou-Moindze, era favorito y muchas otras cosas. Como que un chaval marbellí, hijo de inmigrantes marroquíes, no iba a ser aplaudido en el barrio más pijo de París, el distrito XVI, hogar de ministros, cantantes y arquitectos. Pero casi de medianoche lo es. Y en el segundo round el español lo intenta, lo intenta más que nunca, se expone y golpea a Jalolov.
Hay más igualdad, más intercambio, pero los jueces no lo ven así. Otro 5-0. En el tercer round, un 4-1 como consuelo, ya no habrá nadie en juego. Al final, plata de Ghadfa en los superpesados, un resultado excelente. La decimoséptima medalla de España en estos Juegos Olímpicos y la segunda alegría para la nueva cuadrilla del boxeo español, una cuadrilla de muchos kilos en todos los sentidos.
Jalolov festeja su triunfo en la final.AFP
Hasta estos Juegos, España era un país de pequeños pegadores, como lo fueron Enrique Rodríguez Cal, Faustino Reyes o el propio Rafael Lozano, hoy entrenador. Ahora ya no. En los pesos más grandes, de donde salieron leyendas como Muhammad Ali, Joe Frazier, George Foreman, Wladimir Klitschko o Anthony Joshua, el país tiene a unos amigos capaces de todo. Con Ghadfa, Enmanuel Reyes Pla, bronce hace unos días en los pesados, y Gazi Khalidov, diploma en los Juegos de Tokio.
Los tres comparten vida en Madrid, aficiones, religión -incluso Reyes Pla se ha convertido al islam- y un futuro esplendoroso en el boxeo. Ghadfa, el niño que recibía bullying en el colegio en Marbella, que se apuntó a kickboxing para defenderse, que fue descubierto para el boxeo cuando se mudó a Madrid a estudiar INEF, ya es subcampeón olímpico. Vendrán más cosas.