Un PSG tenebroso, maldecido por los postes, provoca la nueva hecatombe del jeque de Doha. Cientos de millones perdidos en el desierto, porque su representante especial en París, llegó a decir que Luis Enrique es el mejor entrenador del mundo, cuando sólo es técnico insoporrablemente mediocre, soberbio y pretencioso.
A Mbappé le va a caer la ira de Luis Enrique, de los fanáticos y del propio equipo-estado. Si pudieran lo enterrarían en el las dunas
Hazte Premium desde 1€ el primer mes
Aprovecha esta oferta por tiempo limitado y accede a todo el contenido web
Por soberbia o por pereza, el Barça cometió un pecado capital en Dortmund que tuvo que purgar pasando un calvario. Esperaba un paseo triunfal hacia las semifinales y se encontró con la necesidad de remangarse en un partido industrial en el que el Borussia hizo su trabajo y el de los azulgrana. No fue hasta el minuto 54 cuando un gol en propia puerta de los alemanes permitió al Barça despejar los muchos fantasmas que afloraron. Hacia mucho tiempo que en Champions no se veía al equipo de Flick tan ramplón. [Narración y estadísticas (3-1)]
Quizá fue mérito del Dortmund, que cambió de piel bajo el amparo de su Muro Amarillo. No fue el rival dócil al que vapulearon en Barcelona hace una semana sino que explotó las debilidades del equipo culé hasta aturdirlo y desdibujarlo. Lo volvió mortal. Presionó, robó y se lanzó hacia la portería de Szczesny al toque de arrebato, sin nada que perder. Sus opciones, pocas al inicio, pasaban por enloquecer el partido. Y lo lograron durante tantos minutos que el Barça intimidante no asomó.
Sin Pedri en la brújula, De Jong y Gavi no lograron sujetar a los alemanes. Koundé claudicaba en cada duelo con Adeyemi, Gerard Martín apenas podía vigilar su espalda y, sin retener apenas unos minutos el balón, los milagros del tridente ofensivo es imposible que aparezcan. No quedaba otra que apretar los dientes y agarrarse al 4-0 de la ida.
Malos presagios
Pero es que desde el arranque, el Barça sólo achicaba y tanta fue la presión que acabó llegando el error. Koundé rompió el fuera de juego y Gross se lanzó a por Szczesny, que no pudo atajar el balón sin derribar al alemán. Penalti y gol de Guirassy emulando a Panenka, el undécimo, para convertirse en el máximo anotador del Dortmund en una temporada en Champions. A los 15 minutos, a ese tanto se sumaban tres remates más a puerta que no presagiaban nada bueno. De hecho, respiraron los azulgranas cuando se anuló por fuera de juego el remate de Gross que acabó en el fondo de la portería.
Estaban noqueados y la imprecisión se traducía en pérdidas constantes que aumentaban el peligro sobre su portería. Flick empezaba a mostrar cara de preocupación cuando veía que cada contra de su equipo perdía gas a medida que avanzaban hacia el área. Cayó Fermín en fuera de juego en una escapada en la que le asistió Lewandowski y Raphinha, en lugar de crear peligro cerca de Kobel, concedía faltas peligrosas en campo propio. Que el brasileño ni tenía activado su instinto matador quedó muy claro cuando entre Gerard Martín y Lewandowski le lanzaron en una carrera hacia la portería y se dejó el balón atrás. Tampoco fue capaz de armar un disparo en el área pequeña estorbándose con el polaco.
No encontraba el Barça la chispa que lo activara y solo se sintió algo más cómodo cuando el Dortmund no tuvo más remedio que bajar un poco sus revoluciones sin dejar de amenazar, como hizo Adeyemi de nuevo colándose a la carrera por la orilla izquierda. La réplica la dio De Jong, que filtró una asistencia a Koundé a un suspiro de la línea de gol que el lateral no controló con astucia para batir al guardameta suizo. Al borde del descanso volvió a enfilar la portería Beier, esta vez por el costado derecho, que salva un providencial cruce de Araújo.
Guirassy anota el 2-0 ante la mirada de Szczesny.AFP
Si mandó Flick algún cambio en el descanso, no se notó. El partido se retomó con una doble parada de Szczesny a Adeyemi y Gross y, como una exhalación, llegó el segundo tanto del Dortmund en un córner tocado por Bensebaini para que Guirassy marque el 2-0 a placer. El Barça aún tenía dos goles de ventaja, pero empezaba a temerse lo peor. Hasta que el centro tenso de Fermín se convirtió en un gol en propia puerta de los alemanes que les empinaba de nuevo la eliminatoria. Y menos mal.
Tuvo el andaluz una clara ocasión de sentenciarla y evitar más sufrimiento, pero la mandó a la grada por encima del larguero. Miró Flick al banquillo buscando el tempo de Pedri, el colmillo de Ferran y el pulmón de Éric García. Pero ni aún así pudieron matar un duelo que siguió abierto y provocando taquicardias. Guirassy, desdibujado en el duelo de ida en Montjuïc, se vengó completando un hat trick, que hizo temblar al líder de LaLiga desnudando su cara más vulnerable. Duranville, recién salido en banda, volvió a desquiciar a Gerard Martín para sacar un centro que despejó mal Araújo y rebaño el goleador guineano.
La ventaja del Barça le mantenía vivo, pero el tembleque aumentó cuando Brandt encontró otra grieta para el cuarto, aunque en fuera de juego y los demonios azulgranas se esfumaron para poder disfrutar del premio de volver a una semifinales de la Champions.
Llegaba el Inter en octavos de Champions, último finalista de la competición, sin perder desde septiembre, salvo un duelo en Coppa ante el Bolonia. Con una riqueza táctica y técnica que impresionaba en Europa. El partido de San Siro para el Atlético de Madrid fue como una visita al dentista salvada por Oblak, como anestesista, y por una gran falta de acierto italiano. Entonces, el éxtasis en la vuelta en el Metropolitano, de nuevo con el esloveno como héroe.
El Atlético de Madrid volvía a hacerlo. Como ante el Chelsea en 2014, el Bayernde Múnich en 2016 y el Liverpool en el 2020, el equipo rojiblanco se sobreponía a una presunta inferioridad sobre el papel para salir victorioso, aunque fuera en la agonía de la tanda de penaltis. "Gran parte de los logros del Atlético son mentales, ante los grandes se motivan", explica a EL MUNDO el ex guardameta rojiblanco, Abel Resino.
Una de las primeras gestas futbolísticas fue la remontada ante el Chelsea de Mourinho en Stamford Bridge en 2014. Era el acceso a la primera final de la Champions del Cholo y la segunda en la historia del club. Los pupilos del argentino tuvieron que sobreponerse no sólo al empate a cero del Calderón en la ida, sino a que 'su Niño', Fernando Torres, adelantara a los blues en la primera media hora del encuentro.
"Sentíamos que podíamos con cualquiera. Habíamos ganado todo y nos faltaba la Champions. Fuimos muy superiores, a pesar de que ellos se adelantaran", cuenta Mario Suárez, uno de los mediocentros titulares del conjunto rojiblanco. Adrián y Diego Costa de penalti darían la vuelta al marcador, Arda Turán remataría al Chelsea y encargaría el ticket para la final de Lisboa, que se terminaría perdiendo con el Madrid.
Adrián tras marcar al Chelsea.
El viaje a la segunda final del Cholo conllevaría otra semifinal que asombraría al mundo y daría cuenta de la capacidad de resiliencia del conjunto rojiblanco. Sería, además, frente al Bayern de Guardiola en 2016. Saúl hizo en la ida en el Calderón uno de los goles más bonitos de la historia de la Champions y, probablemente, el más importante de su carrera. Con esa exigua ventaja llegaba el Atlético a Múnich a sufrir uno de los mayores asedios de la historia de la competición.
"Fue un ejercicio de fe", apunta Suárez, "saber que para ganar y conseguir el objetivo hay que sufrir", añade. El Bayern tuvo un 73% de posesión y realizó 33 remates, pero sólo consiguió vencer por dos goles a uno con Griezmann y Oblak como héroes de la noche y se hizo bueno el valor doble de los goles fuera de casa. "El equipo ante los grandes tiene que saber en todo momento lo que tiene que hacer. No puede salir a tumba abierta. Hay que realizar un juego defensivo sin fisuras", apunta Resino.
Saúl tras su gol al Bayern.MARCA
De nuevo, la alegría que lleva a la decepción de perder la segunda final consecutiva ante el Real Madrid. En un club en el que, tras otro palo, entraron las dudas desde la cúpula hasta el banquillo pero, como dice Abel Resino, solo había que tener un poco de memoria. "El cambio que produce la llegada de Simeone es como el día y la noche. La gente que dice que ya ha pasado no se acuerdan de cómo era el club antes de él. No se entraba en Europa, se quedaba décimotercero...", apunta.
Y es cierto que desde la llegada del argentino hay más Chelseas, Bayerns y otras gestas; como la del Liverpool en el año de la pandemia, con esa remontada épica en Anfield por dos goles a tres con aquel doblete de Llorente in extremis y el gol de la victoria de Morata; que decepciones. "A nivel emocional estos partidos de Champions te sacan lo mejor", comenta el ex futbolista rojiblanco Filipe Luis, presente en Stamford Bridge, pero apunta también el bajón mental que se produce tras estas grandes exigencias.
Las decepciones
Filipe se refiere a los partidos ligueros entre eliminatorias europeas, pero esa relajación quizás también afecte al equipo ante retos más sencillos en Europa. De hecho, todos los equipos querían el pasado 15 de marzo que le tocase la bola del Borussia de Dortmund en el sorteo de los cuartos en Nyon. Era, a priori, el rival más asequible. Le cayó al Atlético y, a juzgar por la primera media hora en el partido de ida, parecía que iba a ser un paseo. Entonces, se relajó la tensión y, lo que iba a ser un partido de 3-0 terminó dos a uno, y gracias.
"No fue relajación, a lo mejor ese día con ese equipo no juegas bien. Tan fácil como que no metes las que tienes", explica Mario Suárez. Una explicación y una relajación que se extiende a otras sombras europeas como aquella fase de grupos en 2017 en la que el equipo rojiblanco no consiguió ganarle un partido al desconocido Qarabag y quedó tercero de grupo. Aunque luego se alzara ese mismo año con la Europa League ante el Olympique de Marsella.
Tampoco podemos olvidar la derrota ante el Leipzig en aquella Champions de la pandemia cuya fase final se jugó a partido único en Portugal. Y, por último, la mayor decepción europea del Cholo hasta la fecha cuando el equipo, el año pasado, no consiguió pasar de la primera fase de la máxima competición en un grupo en el que coincidió con el Brujas, el Oporto y el Leverkusen. "No es que el entrenador no consiga mentalizar, es que el propio técnico cree que ante ese tipo de partidos no hace falta hacerlo. No es lo mismo un partido ante un City que ante un Almería o Villarreal", apunta Resino.
Esta noche en Alemania el equipo deberá elegir qué cara poner, si la de las grandes noches europeas o la de las grandes decepciones. "El Atlético de Madrid tiene plantilla como para ganar la Champions y a eso se suma que los jugadores se lo llegan a creer", apunta Abel. Como dice el eslogan rojiblanco: "Nunca dejes de creer".
Contemplado de cerca, Niclas Füllkrug podría pasar por un peso pesado, con su célebre dentadura mellada, sus 189 centímetros y sus bíceps forjados hace un par de años, cuando ni siquiera jugaba en la Bundesliga. Sin embargo, el máximo realizador del Dortmund, autor de 15 goles en 42 partidos, nunca ha cruzado guantes con un rival tan propicio como Antonio Rüdiger, su gran amigo, el encargado de vigilarlo el sábado en Wembley. Füllkrug, uno de los últimos panzers del área, sabe que juega en un puesto en vías de extinción. Y que este fútbol moderno, tan previsible por momentos, le considera un vestigio del pasado.
La ascensión resultó más que ardua, pero una década después, Füllkrug al fin ha hollado la cima. Esta final de Champions supone un desafío asombroso para un ariete que en mayo de 2022 -mientras el Real Madrid partía rumbo a la Decimocuarta en París- andaba luchando por el ascenso del Werder Bremen. Su ejemplar empeño guarda similitudes con el de Joselu. A los 31 años, dos después de su primera convocatoria con la selección absoluta, tantas horas de entrenamiento táctico y gimnasio han merecido la pena.
Füllkrug no alcanza las dimensiones de Jan Koller, aquel descomunal checo que hizo tambalear a Iker Casillas en febrero de 2003. Tampoco se siente demasiado cómodo con el balón en los pies. No obstante, su mera presencia en el área debería suponer toda una inquietud para Rüdiger, el central que minimizó a Erling Haaland. Sin embargo, a diferencia del City, que apenas quiso colgar balones, el mayor caudal ofensivo del Borussia se intuye en los centros hacia la frente de su ariete. "Me gusta Antonio porque, pese a su agresividad, es muy honesto. Cuando viene hacia ti parece que quiere matarte, pero eso también me gusta. Adoro jugar contra esta clase de defensas", admitió el pasado martes, tras el último entrenamiento previo al Media Day.
Desde que en agosto, ya iniciada la Bundesliga, pudo cerrar su traspaso, Edin Terzic ha confiado a Füllkrug la responsabilidad rematadora. Aprovechando las continuas lesiones de Sebastian Haller, poco a poco ha ido adaptándose al fútbol de transición de este Borussia. El gol al PSG en la ida de semifinales, dejando en mal lugar a Lucas Hernández, dejaría constancia de sus virtudes. Füllkrug no es sólo un fósil del fútbol de antaño. También ejecuta a toda velocidad. Incluso con la zurda, su pierna menos hábil.
Para saber más
Durante las semanas previas al Mundial 2022, la figura de Füllkrug fue cuestionada por los medios alemanes, estupefactos ante la inclusión de un delantero recién salido de la Bundesliga 2. Su golazo a España, pocos minutos después de saltar a la hierba, silenciaría las críticas, multiplicando el interés del Borussia. Una década después de la salida de Robert Lewandowski, en el Westfalenstadion contaban de nuevo con un rematador puro. Alemán, por más señas, lo que le conectaba con algunas leyendas del club.
Friedhelm Konietzka, por ejemplo, siempre será recordado como el autor del primer gol en la historia de la Bundesliga. Su peinado a cepillo le otorgaba un aire tan marcial que pronto le apodarían Timo, en honor al general soviético Semyon Timoshenko. De su adusto carácter se cuentan mil historias, aunque ninguna tan divertida como la de aquel 4 de diciembre de 1963, con un memorable 5-0 al Benfica. Pasada la media hora, Konietzka iba a anotar el primer gol, así que un espectador saltó al césped para colgarse de su cuello. El gesto poco amable de Timo sigue levantando carcajadas entre los fieles a la Südtribüne.
Aún más significado simbólico hubo que atribuir a Lothar Emmerich y Sigfried Held. Bautizados como los Gemelos Terribles, lideraron al Borussia hacia la Recopa de 1966, el primer título europeo de un club alemán. Emmerich, hijo de minero y nacido en Dortmund, se entendía telepáticamente con Held. Uno iniciaba por la izquierda y el otro, desde el corazón del área, rompía la red. Como Jadon Sancho y Niclas Füllkrug, por poner un ejemplo actual.