El mexicano Saúl ‘Canelo’ Álvarez derrotó este sábado por decisión unánime a su compatriota Jaime Munguía para mantener sus cuatro cetros mundiales de boxeo en la división súper mediana.
Álvarez fue de menos a más para imponerse con tarjetas a favor por 117-110, 116-111 y 115-112.
El retador Munguía, invicto hasta este sábado, salió a negar los momios que lo anunciaban como posible víctima y en los tres primeros asaltos impuso condiciones con su ‘jab’ de zurda, que aterrizó en la anatomía del ‘Canelo’ con un promedio de ocho por cada asalto.
Álvarez comenzó con la guardia cerrada, pero a partir de la segunda vuelta comenzó a castigar a los brazos de Munguía.
El punto de quiebre del pleito fue el cuarto ’round’. Munguía insistió en llevar la iniciativa. En su afán de agredir, descuidó la defensa y fue derribado por un ‘upper’ de derecha del campeón defensor, que envió a la lona a su rival.
A partir de ahí, ‘Canelo’ mostró su mejor versión, con variadas combinaciones ante un oponente que bajó el ritmo, y disminuyó la potencia de sus ataques.
Munguía resurgió en el octavo asalto, combinó mejor, escapó con certeros movimientos de cintura y hizo fallar al ‘Canelo’, que emparejó las acciones en el noveno, parejo.
Aunque recibió dos derechas en el rostro, Munguía volvió a proponer, a pegar más en el décimo asalto. ‘Canelo’, con ventaja en las tarjetas apostó más a la calidad que a la cantidad de sus golpes y se encaminó a la victoria.
Después de 10 ’rounds’ de desgaste, los dos rivales dieron muestra de una gran preparación; en el undécimo Munguía hizo impactos con las combinaciones y no desentonó ante el favorito.
‘Canelo’ esperó de pie el asalto final y salió a noquear en el duodécimo asalto. No lo logró, pero conectó buenos impactos ante un Munguía que, aunque derrotado, no desentonó y por momentos puso en apuros al campeón.
Álvarez llegó a 61 victorias, 39 antes del límite, con dos empates y dos derrotas, en tanto Munguía perdió el invicto luego de 43 triunfos, 34 por nocáut.
“Esperé mi momento; Munguía es un gran boxeador, fuerte, aunque un poco lento y pude pegar a la contra. Ahora estoy en posición de hacer lo que quiera y pedir lo que quiera”, dijo Álvarez, al referirse a la posibilidad de enfrentar a David Benavides, quien ha pedido que se respete su condición de retador mandatorio del Consejo Mundial de Boxeo, pero ha sido ignorado.
Medio siglo después de la era dorada del boxeo, los deportes de contacto vuelven a estar de moda en España. Quedó atrás la satanización, la aprensión e incluso la mojigatería alrededor de los combates, con su violencia, su sangre y sus posibles lesiones. Mientras se multiplican los seguidores y los practicantes, Topuria, un desconocido para el público general hace no tanto, planea llenar el Santiago Bernabéu en los próximos meses para defender su título del peso pluma en la UFC. Semejante boom merece una explicación.
«Hay muchos motivos, pero el principal es que ha desaparecido el tabú. Durante la transición en España se consideraba que los deportes de contacto ya no iban con los tiempos, que eran anacrónicos, y esa idea ya no existe, ahora son 'cool'. Es consecuencia de varias fenómenos: hay gimnasios que trabajan muy bien la base, hay mucho público interesado en la autodefensa, el boxeo fitness o boxeo recreativo ha atraído a aficionados diferentes, procedentes de las clases liberales...», analiza Raúl Sánchez, sociólogo del deporte por la Universidad Politécnica de Madrid (UPM) que desde hace años analiza la evolución de los deportes de contacto en España y que se apoya en datos para sus argumentos.
Antes del éxito de Topuria, varias disciplinas de contacto ya crecían exponencialmente en España. Entre 2012 y 2022, las licencias federativas del boxeo pasaron de 1.300 a 8.000, las del kickboxing aumentaron de 3.000 a 13.000 y las licencias de lucha se elevaron de 6.000 a 16.000. Todos esos nuevos aficionados, mayoritariamente adultos, eran la base ideal para un fenómeno así, pero faltaba público joven. ¿Y quién mueve hoy a más chavales?
Entre Ibai y Jordi Wild
«Tener a un campeón como Topuria es muy importante, pero también lo ha sido el auge de las veladas de streamers. Sin ellas, la Topuriamanía sería más pequeña. Ibai Llanos, Jake Paul y Jordi Wildhan hecho mucho para popularizar los deportes de contacto», explica Gonzalo Campos, comentarista de UFC en Eurosport, presentador del podcast Generación MMA y una de las caras visibles del Dogfight, el evento creado por Jordi Wild. Una semana antes de la pelea de Topuria y Alexander Volkanovski, unos 400.000 espectadores veían a través de Youtube los combates organizados por el creador de contenido en el Tarraco Arena de Tarragona.
La audiencia adolescente radicada en Youtube y Twitch -que en julio llenará el Santiago Bernabéu en la Velada del año 4 de Ibai- ha abrazado las artes marciales mixtas (MMA) o el boxeo como modalidades propias, algo generacional. «Y para ello ayudan factores como que los combates de MMA sólo duren entre 10 o 15 minutos o que ya no tengamos tantos remilgos. Los jóvenes podemos acceder a lo más gore en nuestro teléfono con un solo click; no nos parece fuerte que dos profesionales accedan a intercambiarse golpes dentro de los límites que establecen las reglas», añade Campos, que ha vivido el fenómeno UFC casi desde el principio.
Porque la principal competición de artes marciales mixtas del mundo ha explotado en España este año, pero antes ya contaba con fans en el país y fuera era un éxito rotundo. Hace una década, mientras en Estados Unidos, parte de Asia y algunos países de Sudamérica superaba las audiencias del boxeo, a España llegaban los ecos de las peleas de Jon Jones o Ronda Rousey y empezaba a crearse una comunidad de fans alrededor de Conor McGregor. Con un personaje como él como gancho, con sus KOs, con sus celebraciones, con sus escándalos, con su combate con Floyd Mayweather, la UFC generó interés, hasta el punto que en enero de 2022 Eurosport España compró los derechos en exclusiva. Eran unos pocos y hoy son muchos, pero... ¿Todos tienen el mismo perfil?
¿Una respuesta a lo 'woke'?
«Bienvenidos al Estirando el chicle de la gente que no sabe que es Estirando el chicle», presentaba el controvertido cómico David Suárez al inicio del último evento Dogfight de Jordi Wild y luego estiraba la caricatura del público presente, muy mayoritariamente masculino: «Se quejan de que en los premios Esland hay pocas mujeres. Eso es porque todavía no han visto esto».
«No podemos negar que el éxito de las artes marciales mixtas tiene mucho que ver con la masculinidad clásica. Una reacción de aquellos que piensan nos estamos pasando con lo woke, que los hombres están discriminados, como señalaba el último CIS», afirma el sociólogo Raúl Sánchez, que encuentra respuesta en el comentarista Gonzalo Campos: «Los deportes de contacto siempre han sido de nicho, para hombres de entre 25 y 45 años. Ahora, con este boom, al llegar al mainstream, no son deportes más de hombres, todo lo contrario. El target se está abriendo y están llegando más mujeres. Si seguimos la comparación, es como Estirando el chicle: era un programa para un público mayoritariamente femenino y ahora que es mainstream lo escuchan más hombres».
Un WiZink lleno o "dos telediarios"
Sea como sea el fenómeno está en plena expansión, con una Federación Española de MMA en ciernes y varias organizaciones apostando fuerte por la expansión de los deportes de contacto en España. El pasado domingo 3, de hecho, la más importante de ellas, WOW, abrió la temporada con un llenazo en Vistalegre: 7.000 personas para ver artes marciales mixtas. «Topuria es como Pau Gasol para la NBA en España o Fernando Alonso para la Fórmula 1. Es la mecha para encender el fuego. Pero si no pusiéramos combustible todo se apagaría rápido. En cuatro años hemos producido 600 combates y cada vez viene más gente a ver nuestras veladas. La última pelea de Topuria en la UFC, en California, tuvo unos 18.000 espectadores, aquí ya casi estamos en la mitad. Es una locura», acepta David Balarezo, el CEO de WOW, que acaba de cerrar una ronda de inversión serie A con un fondo estadounidense y numerosos socios, entre ellos varios futbolistas.
Sus combates son emitidos en exclusiva en Movistar y la competición planea una gira por toda España que llenará el Cartuja Center de Sevilla o la cúpula de Las Arenas en Barcelona. «Con Topuria hemos notado un incremento de un 30% de nuestros seguidores. En un futuro no muy lejano quizá podamos llenar el Wizink o Vistalegre, que son unas 14.000 entradas, pero todavía nos falta un poquito», cierra el ex luchador apodado Bala. Aunque hay voces que no son tan optimistas.
Al fin y al cabo, en los últimos 50 años en España los deportes de contacto estuvieron a punto de asomar la cabeza en varias ocasiones y nunca antes lo consiguieron. Hubo muchos chascos. «Para mí, es una moda y está bien, pero no durará mucho. En España lo único que se mantiene todos los años es el fútbol», proclama Javier Castillejo, quien casi fue Topuria antes de Topuria.
En los años 90 y los 2000 fue ocho veces campeón del mundo de boxeo y, como después harían Sergio 'Maravilla' Martínez o Joana Pastrana se hizo un hueco en las televisiones, en las radios, en la prensa, pero no duró mucho. Las peleas estuvieron cerca de volver a ser moda, pero quizá por el tabú, quizá por la ausencia de una base, quizá por la falta de una organización como la UFC o quizá porque no existían las veladas de 'streamers', no llegaron a convertirse en un fenómeno de masas. «Ahora es un buen momento, los medios están interesados y me parece fenomenal. Ojalá dure muchos años, hay mucha gente joven interesada. Pero por mi experiencia durará dos telediarios», cierra Castillejo con la dureza propia de estas disciplinas.
Antonio Barrul habla como boxea, a una velocidad de vértigo. Asesta frases certeras, un poco a la manera de Mohamed Ali. «En el ring soy violento, tengo mucha raza, a mí no me echa para atrás nada ni nadie». Es un súpergallo en plena ascensión, un chico con un objetivo claro, ahí al fondo, ser campeón del mundo. Aunque antes tenga que recorrer un camino que apenas es un esbozo aún. Ya es campeón de España y defenderá en breve su título Iberoamericano, después debe venir Europa y, por fin, «cumplir mi sueño».
Pero Antonio también es un gitano orgulloso de serlo. Más todavía de la labor social que junto a su padre realizan en el 'Club de boxeo fuerte y constante' de su León natal, punto de encuentro de jóvenes que esquivan otros golpes, los de la propia vida. Sabe bien de lo que habla.
Y Antonio, en fin, es también aquel joven que un día se levantó en un cine mientras veía con su mujer y sus hijos Garfield, y que encaró valiente al energúmeno que maltrataba a su pareja. Decidió no mirar a otro lado y sus golpes se hicieron virales, fue denunciado. «Pero lo volvería a hacer mil veces: a la mujer no se la puede tocar», reivindica quien boxeó con guantes morados, compromiso ético contra la violencia hacia las mujeres.
Barrul, junto a su padre Vicente, en un entrenamiento.Peio García/ICAL leónMUNDO
Fue un primero de mayo de hace dos años y lo recuerda como si fuera ayer. Pese al aluvión mediático, no pretende olvidarlo. Porque hubo críticas a su violenta intervención y algunas dolorosas. «Pero gracias a ese suceso que me pasó la gente me conoce. Ahora realmente están viendo la clase de persona que soy, los proyectos que tengo en mi vida. Tengo que dar gracias a ese mal momento. Hoy soy un referente para los jóvenes. A las mujeres hay que tratarlas como princesas, como se merece. A una mujer no se la puede tocar. Si no la quieres, apártate de su vida. Pero no le puedes hacer lo que pasó ese día», protesta.
Pregunta. ¿Lo volverías a hacer?
Respuesta. No es que piense si lo volvería a hacer: todo el mundo tendría que hacerlo. No que sólo se levante una persona. Hay que frenar esa acción.
P. ¿Cómo lo recuerdas?
R. Como era el día del espectador, nos fuimos al cine. Como a los cinco minutos de película, vemos a una pareja discutiendo. Ella se apartó unas butacas más atrás. Pero al rato él se levantó y la empezó a insultar. Se veía su cara agresiva, desencajado. Cogí a mis niños y los aparté, para que no vieran eso. Siguieron los insultos y el revuelo. Vi que él la enganchó por el cuello y la zarandeó en la butaca.
Antonio hace una pausa, como masticando aquella rabia que no se apaga. «Yo me levanté y lo único que le dije es que qué estaba haciendo. Que era un cine, una película para niños, que lo único que tenía que hacer era marcharse. Me vio pequeño, joven y me empezó a increpar, a insultarme, a faltarme al respeto. No le quería hacer daño. Pero todos tenemos un límite. Seguía insultándome, amenazándome, mi mujer llorando. Le dije: ¿Tú crees que es normal lo que le has hecho a tu mujer?'. Avisé para que llamaran a seguridad, pero no venía nadie... Al final le di lo que él me estaba pidiendo. Era su merecido".
La denuncia interpuesta contra él fue archivada por el juzgado. Y Antonio siguió con su vida, que es también un ejemplo. Deportivo y personal. En diciembre, en el Palacio de los Deportes, lleno hasta la bandera, de su León natal, noqueó al colombiano Fran Mendoza en el cuarto asalto para lograr el título Iberoamericano: «Un rival que tenía 20 victorias y una sola derrota. El número seis del mundo. Le gané en cuatro rounds, un KO brutal. Hice una finta con la mano, me incliné, esperé a que bajara a su derecha y le crucé el golpe. Yo sabía que ese golpe no lo iba a aguantar. Lo teníamos estudiado: el croché de izquierda era el golpe. Creo que estamos para grandes cosas». «Si sigo ganando este título, puedo estar entre los 15 primeros del mundo, lo que me daría opciones de pelear por el título mundial. Ese es mi sueño. Pero siempre he dicho de ir paso a paso», explica. Su próxima parada es la defensa de ese título, en unas semanas en el Gijón Arena.
Para preparar los grandes combates, El Volcán viaja a Gijón junto a su entrenador Olivier Sánchez. Se separa de su familia, meses fuera de casa. «Sólo vuelvo los fines de semana para coger esas fuerzas que hacen falta, porque yo soy muy familiar. Y luego otra vez toda la semana solo, centrado en comer, dormir y entrenar». También de su padre, Vicente Barrul, ex campeón de España. Y mucho más que eso. En su barrio, Vicente, que compaginó su carrera con el trabajo «en el pladur y después en un matadero», que tuvo que superar un ictus, es un héroe. «De niño yo veía todo lo que había en el barrio. Muchas familias desestructuradas. Mi padre y mi madre siempre han sido luchadores de la vida. Él decidió montar un gimnasio para hacer una labor, para intentar devolver todo lo que le había dado el boxeo», relata de unos comienzos nada sencillos. «Nos metimos en una nave de patada, porque en ningún sitio nos alquilaban un gimnasio. No querían», relata de aquellos prejuicios, de las explicaciones de su padre: «¿Qué prefieres, ver a los niños, fumando, bebiendo, liándolas? Porque al final la juventud lo malo lo coge muy rápido, lo bueno le cuesta mucho». Finalmente les dejaron una pequeña sala en un polideportivo, «70 metros cuadrados llenos de ilusión y de amor». «Después, mi padre dijo: mejor pedir perdón que permiso. Cogimos todo el local, 300 metros».
Antonio Barrul y sus tres hijos.Peio García/ICAL leónMUNDO
El club presume de 12 campeones de España y de mucho más que boxeo. «Mi padre consiguió traer unos cuantos profesores de apoyo escolar. Dice que son ángeles, porque vienen voluntarios. Había mucho absentismo. Hicimos una pequeña fundación en la que los niños, antes de entrenar, tienen la obligación de hacer sus deberes y sus estudios. Si no, no pueden entrenar. Los niños, imagínate, enamorados del boxeo. Porque mi padre lo transmite no con disciplina, sino con amor. Y ahí estamos. Todos los barrios de León, allí paran. Es como un punto de encuentro. Algunos ni entrenan: se sientan, hablan, hacen sus deberes».
Pregunta. ¿A ti el boxeo también te ha apartado de otras cosas?
Respuesta. Al 100%. También conocí en el gimnasio a mi mujer. Y me cambió la vida. Porque solo pensaba en ella y en el boxeo. Si no, al final te descarrilas. Mucha gente cercana ha tenido problemas.
P. Sube al ring con la bandera gitana.
R. Hay que romper prejuicios. Hay personas buenas y personas malas, nada más. No se trata de razas, de etnias, de color de piel. Hay que mirar el corazón de la persona. Yo soy boxeador, mi hermano es enfermero. Tuvo un cáncer con 12 años, un linfoma, estuvo fatal. Cuando se recuperó, quiso devolver todo lo que habían hecho por él. Ahora trabaja en el hospital de León, es enfermero y es gitano. Yo soy boxeador, soy gitano, campeón de España. Mi padre tiene un gimnasio lleno de niños, hace una labor social. Es gitano. Claro que se puede. Y eso es lo que hay que hacer ver a las nuevas generaciones. Sólo hacen falta oportunidades.
P. Vio a su padre en un ring.
R. Los recuerdos de mi infancia son muy buenos. Vi a mi padre ganar su primer campeonato de España. En Valladolid, en 2005. Yo estaba nervioso. Recuerdo pedirle a Dios: 'Que gane mi padre, que gane mi padre'. Esos nervios no los he vuelto a sentir nunca.
P. ¿Ni cuando tú peleas?
R. No, no. A mí me gusta lo que hago. Me gusta subir al ring y enfrentarme con otro hombre. Y a ver quién es más fuerte, a ver quién es mejor.
P. ¿De niño boxeaba?
R. No tanto como mis hijos ahora. A mí lo que me gustaba era pelear. Me pegaba en el colegio todos los días, con quien fuera, siempre con los grandes. Todos los días estaba castigado. Como viera que abusaran de un amigo, ahí iba yo, pin pan. Así me hice fuerte.
P. ¿Cuándo tuvo claro que quería ser profesional?
R. Estuve hasta los 12 años haciendo gimnasia artística. Fui a cinco campeonatos de España, en uno quedé subcampeón. Pero mi padre abrió el gimnasio y ya era imposible que yo siguiera, porque mi amor hacia el boxeo creció de una manera mágica.
P. ¿Recuerda su primera vez en un ring?
R. Me subí, sonó la campana y pim, pum, pim, pum. No paraba de tirar golpes y gané por KO en el segundo asalto. Él ya tenía cuatro o cinco combates y yo ninguno. Pero sentía que era fácil. Cuando eres niño no tienes miedo.
P. Y ahora, ¿sientes miedo?
R. Quien diga que no tiene miedo es un mentiroso. Yo siento miedo, adrenalina, ganas de ganar, luchar por mi familia que está a pie de ring. Pero hay que controlarlo, porque sólo es deporte. Los golpes que más duelen son los de la vida.
El mexicano Israel 'Magnífico' Vázquez, triple campeón del mundo de peso supergallo, ha muerto a los 46 años debido a un cáncer, informó este martes el Consejo Mundial de Boxeo (CMB).
"Israel por fin descansa en paz. Que Dios dé fuerza y apoyo a su esposa Laura, a sus hijos, familiares y amigos en estos difíciles momentos", escribió el presidente del CMB, Mauricio Sulaimán, en redes sociales.
"Gracias campeón por dejar una huella tan especial. Siempre serás 'El Magnífico", le reconoció el dirigente.
Vázquez, que poseía una temible combinación de velocidad de manos y potencia de pegada, comenzó en 1995 una carrera profesional cuya cumbre fueron los cuatro combates que protagonizó frente a su compatriota Rafael Márquez, en la que ambos se repartieron triunfos.
Los duelos que protagonizaron en 2007 y 2008 fueron reconocidos como las peleas del año.
En 2008, tras una de sus victorias frente a Márquez, Vázquez fue diagnosticado con un desprendimiento de retina que le mantuvo alejado de los cuadriláteros durante más de un año.
La victoria por nocaut de Márquez en su cuarta pelea en 2010 fue el último combate de Vázquez.
El púgil, que reveló el mes pasado que estaba luchando contra un sarcoma, terminó su carrera con un récord de 44 triunfos, 32 de ellos por nocaut, y cinco derrotas.
"Por siempre un campeón mundial y leyenda del boxeo", escribió el reputado entrenador Freddie Roach en una publicación de Instagram en la que lamentaba la muerte de Vázquez. "Uno de los mejores boxeadores con los que he tenido el privilegio de trabajar".