Brandon Nakashima alucina. «¡Nakashima, aquí, aquí!», le gritan unos niños después de su derrota y el estadounidense le pregunta a su acompañante: «¿Me llaman a mí?». El ambiente de club salva al Trofeo Conde de Godó de lo que podría ser un desastre. Las entradas están agotadas desde hace meses, las gradas de la pista central continúan más o menos llenas y en los pasillos todavía hay chavales entusiastas pidiendo fotos. Pero el entusiasmo ha desaparecido.
Una semana atrás, en su presentación, el director del torneo, David Ferrer, se declaraba «feliz» por la posible presencia de Rafa Nadal y Carlos Alcaraz junto a otro Top 10 del mundo, Andrey Rublev. Ahora los tres ya no están y tampoco hay jugadores españoles que mantengan los ánimos. Por primera vez desde 1989, con Ivan Lendl en pista, este viernes no hubo ningún tenista local en los cuartos de final en otra muestra de la crisis que se amaga detrás de la explosión de Alcaraz.
Sin contar a Nadal y su recuperación, no hubo nadie que respondiera a la baja del número tres del ranking ATP. Alejandro Davidovich, llamado a ser su compañero en la Copa Davis e incluso en los Juegos Olímpicos de París 2024, perdió en tercera ronda ante Dusan Lajovic, el número 59 del mundo y al resto tampoco se les podía exigir su presencia en cuartos de final. Lo intentaron Roberto Carballés y el veterano Roberto Bautista, pero cayeron justo antes ante Stefanos Tsitsipas y Cameron Norrie. Jaume Munar estuvo en segunda ronda y los otros tres españoles, los tres clasificados por invitación, Dani Rincón, Albert Ramos y Martín Landaluce, perdieron en primera ronda.
La preocupación crece entre los organizadores del torneo que atisban una dependencia de Alcaraz que no sufrían con Nadal, pues este estuvo acompañado del propio Ferrer, Nicolás Almagro, Tommy Robredo o Pablo Andújar. En el horizonte sólo se atisba el crecimiento de Landaluce y la semana pasada, en el torneo clasificatorio, un único español, Oriol Roca, de 30 años, tuvo opciones de meterse en el cuadro principal.
Alejandro Davidovich, en el corazón de París, mandando a dormir al público francés: "Night, night", la icónica celebración de Stephen Curry, para cerrar su victoria ante el local Arthur Cazaux. En la ronda posterior del Masters 1000 galo caería ante Alexander Zverev, pero quedará el gesto. El español despidió su mejor temporada con todas sus virtudes: un tenista visceral, belicoso, enérgico... y con todos sus defectos. A sus 26 años, ya ha ascendido hasta el número 14 del ranking mundial, ha firmado triunfos de mérito ante rivales como Taylor Fritz, Jack Draper o Andrey Rublev, y ha estado cerca de levantar su primer título ATP. Pero todavía le falta un paso.
Este 2025 disputó cuatro finales -el ATP 250 de Delray Beach y los ATP 500 de Acapulco, Washington y Basilea-, y en las cuatro perdió, a veces con drama, con hasta tres bolas de campeonato desperdiciadas. Además, en ninguno de los Grand Slam alcanzó los cuartos de final. Capaz de aguantar a cualquier adversario en los días buenos, en los malos los nervios todavía le anulan.
"Este año me he entregado más al tenis, ha cambiado mi visión de la vida", comentaba a EL MUNDO durante el pasado Roland Garros, antes de detallar los cambios realizados para mejorar. De su Málaga natal se mudó a Montecarlo para contar con mejores compañeros de entrenamiento, dejó a su entrenador de toda la vida, Jorge Aguirre, en busca de nuevas ideas, y también contrató a otro preparador físico, otro fisioterapeuta y hasta a otro mánager. "Antes decidían por mí, ahora decido yo. Antes no era mi vida y ahora sí lo es. Hago lo que me gusta y nadie me juzga por lo que hago. Estoy tranquilo, estoy feliz y estoy en paz conmigo mismo", aseguraba a este periódico sobre su nueva versión.
Polémica en la Davis
Aún podría intentar disputar los dos torneos que le restan a la temporada, los ATP 250 de Metz y Atenas, aunque es poco probable que lo haga por las molestias físicas que arrastra. La única cita en la que podría volver a verse este curso es la Final a 8 de la Copa Davis, que se disputará del 18 al 23 de noviembre, pero España no le ha convocado.
En la lista del capitán David Ferrer sólo hay oficialmente cuatro convocados -Carlos Alcaraz, Jaume Munar, Pedro Martínez y Marcel Granollers-, y el quinto puesto parece que no será para él. El seleccionador suele premiar a quienes estuvieron en citas anteriores y, por eso, es más probable que llame a Pablo Carreño.
La relación entre Ferrer y Davidovich siempre ha tenido altibajos, y la renuncia del segundo mejor tenista español a disputar la eliminatoria previa ante Dinamarca, en septiembre, parece haber terminado de enfriarla. "Ahora no es momento de hablar de Davidovich", dijo el capitán en la Cadena SER tras la victoria ante el conjunto danés, y después le negó un puesto en la Final a 8. "Estando 18 del mundo [ahora 14], creo que merecía estar entre los cuatro mejores del país", lamentó luego el tenista en Marca. Justificó su ausencia por los problemas físicos sufridos durante el año y se autodescartó para una convocatoria de última hora.
Todo estaba ya decidido cuando Yoshihito Nishioka suplicaba entre bromas que un golpe de Carlos Alcaraz, sólo uno, al menos uno, se marchara fuera de la pista y pudiera así celebrar un juego ganado, sólo uno, al menos uno. Finalmente ocurrió mediado el segundo set y el japonés lo festejó a lo grande con el público presente en la Margaret Court, que le dedicó una ovación. Su derrota era segura, pero el humor debe ser lo último que se pierde. Hasta Alcaraz sonreía; un hombre alegre en pleno ejercicio de autoridad, de excelencia, de maestría.
En la segunda ronda del Open de Australia, este miércoles, el español venció a Nishioka por 6-0, 6-1 y 6-4 en apenas una hora y 21 minutos y anunció una mejor versión de sí mismo. Quedan muchas eliminatorias y vendrán rivales con más recursos, el viernes el ganador del duelo entre Jordan Thompson y Nuno Borges, pero el juego de Alcaraz proyecta nuevos límites, quién sabe hasta dónde puede llegar.
Porque ahora ya no hay duda: su saque ha mejorado. Con los cambios técnicos introducidos durante la pretemporada, puede empezar los puntos con más fuerza, más seguro. Después de las dudas de primera ronda ante Alexander Shevchenko, frente a Nishioka fue un ciclón desde el servicio, llegando a los 14 'aces' y elevando la velocidad media de sus golpes. Si en el Open de Australia de 2024 su promedio en los primeros fue de 190 km/h, en el primer set este miércoles llegó a los 197 km/h con varios impactos alrededor de los 210 km/h.
"¿Soy un robot en el saque?"
"Estoy realmente contento con mi saque hoy. En primera ronda sufrí un poco y en ese partido estaba concentrado para hacerlo mejor. Durante toda la pretemporada estuve trabajando en mi técnica, era un aspecto de mi juego en lo que realmente quería evolucionar, y creo que estoy en el buen camino. Espero que en los próximos encuentros siga mejorando", proclamó Alcaraz al superar a Nishioka y antes de bromear sobre eso mismo. Antes de marcharse, en el habitual mensaje a la cámara, escribió: "¿Soy un robot en el saque?".
Durante el partido, especialmente en la primera media hora, lo pareció. En el primer set, apenas concedió cuatro puntos a su rival y sólo uno de ellos fue con su propio servicio. Los nueve primeros juegos fueron suyos y luego se relajó de la mejor de las maneras. En ningún momento cayó en el despiste, cerró el partido lo más rápido posible, pero también fue clemente con Nishioka.
En el último set el japonés pudo jugar y no fue más que una concesión de Alcaraz. Tenista experimentado -29 años- y con un buen ranking -el 65 del mundo-, su estilo se basa en la lucha y en un revés duro y ante el español se requieren otras armas. Desprovisto de un saque o una derecha peligrosa, Nishioka apenas pudo que esforzarse y tomarse con humor la derrota ante el nuevo Alcaraz, un Alcaraz más arrollador que nunca.
Quedará en el recuerdo esta España única, esta España de los olvidados, esta España currante, pase lo que pase. En su historia en la Copa Davis el equipo siempre había dependido de sus estrellas, de Santana a Nadal pasando por Ferrero y Moyà, y esta vez es muy diferente. Quizá haya un paralelismo en aquel título de Mar de Plata en 2008, pero Feliciano y Verdasco rondaban los 10 mejores puestos del ranking ATP. Ahora no es así. Pablo Carreño, en el número 89 de la lista, y un dobles formado por Marcel Granollers a sus 39 años y un Pedro Martínez en crisis derrotaron este sábado a Alemania en las semifinales para llevar a España a su undécima final de la Copa Davis.
Este domingo (a partir de las 15.00 horas, Movistar) se medirá a Italia en su casa en busca de una Ensaladera que sería el no va a más. Pero ya en este punto el equipo merece un hueco en la historia del tenis propio: ha habido, hay y siempre habrá jugadores más allá de las figuras.
España tiene menos representantes entre los 100 mejores del mundo que nunca en este siglo y este martes se quedó sin su número uno, Carlos Alcaraz, pero sigue siendo el país con mejor cantera del mundo. Y nunca le faltarán raquetas. En el partido decisivo, sin ir más lejos, Granollers y Martínez demostraron que en ningún otro lugar se aprende así el oficio para vencer por 6-2, 3-6 y 6-3. Sus rivales, los alemanes Tim Puetz y Kevin Krawietz, llevan años jugando juntos y disputaron las últimas ATP Finals como pareja, pero temblaron cuando no debían. La dupla española presentó mejores argumentos: concentración al principio, tranquilidad ante la remontada rival y decisión en el desenlace. En el tercer set, explotaron sus golpes desde el fondo para desactivar la agresividad de Puetz y Krawietz. Con 5-3 a favor, incluso salvaron un punto de break que les hubiera complicado el éxito. Su celebración, pese al alcance de la gesta, fue más templada de lo que se podía esperar.
La victoria de Carreño
Queda trabajo por hacer en esta Copa Davis y creen firmemente en sus posibilidades. Esa es la virtud de este grupo de jugadores: la conciencia de sí mismos. Saben perfectamente lo que son, cuál es su juego y cómo explotar sus virtudes. Gracias a ello, por ejemplo, en el primer partido de la semifinal, Carreño venció a Jan-Lennard Struff por 6-4 y 7-6(6). "No tenemos el mejor equipo, con Carlos [Alcaraz] el nivel sería mucho más alto, pero sabemos lo que somos. Todos tenemos ya una carrera detrás, hemos hecho grandes cosas, no acabamos de empezar", analizaba Carreño después de su triunfo salvador. Tras su derrota ante Jakob Mensik el jueves en cuartos de final, el número dos del equipo español sabía que esta vez su punto era decisivo y aprendió de sus errores.
Dos días atrás, se marchó del Bologna Fiere con el gesto torcido: se sintió un novato. Por supuesto, podía perder contra un portento de 20 añitos como Mensik, pero no tenía que hacerlo como lo hizo. Con todo de cara, incluso un break a favor, se entregó a los nervios y cayó en fallos tontos. Este sábado, en cambio, se quitó la espina. Ante Struff, Carreño hizo lo suyo, lo que lleva haciendo toda la vida, y afinó en los momentos decisivos. El alemán es un tenista con un saque y una derecha peligrosa, pero carece de paciencia, ya no hablar de sentido táctico. El patrón del español pasaba por mantener su saque, aguantar sus embestidas y esperar su oportunidad. Y cumplió.
SERENA CAMPANINIEFE
En el primer set fue capaz de remontar un break en contra para imponerse, y en el segundo no se desesperó pese a todo, pese a mucho. Hubo dos situaciones peliagudas. La primera, en contra: con 5-4 en el marcador, Carreño tuvo tres bolas de partido y Struff las salvó por centímetros. Y la segunda, a favor: en el tie-break el español llegó a verse con un 6-1 en contra y, aun así, fue capaz de rehacerse, salvar esas cinco bolas de set e imponerse. "Ha sido casi milagroso", valoró Carreño cuyo conocimiento llevó al éxito.
La derrota de Munar
De hecho, con el mismo punto fuerte, en el partido siguiente, Munar se quedó a un paso de derrotar a todo un Alexander Zverev, aunque al final cayó por 7-6(2) y 7-6(5). Como su compatriota, el líder de España exprimió al máximo todas sus habilidades para acorralar al número tres del mundo, pero no pudo superar su calidad. En los dos sets Munar consiguió una ruptura y alcanzó el tie-break, pero en esas instancias no tuvo tanto acierto. En ambos, Zverev le cedió la iniciativa y a Munar se le desviaron los golpes ganadores. Al acabar, el alemán confesó que lleva días acatarrado, aunque no restó mérito a su adversario.
TIZIANA FABIAFP
"No he jugado mi mejor tenis, no he aprovechado mis opciones, especialmente en los tie-breaks. Ha quedado demostrado por qué no soy mejor que Zverev. El partido ha sido igualado porque excepto Carlos y Jannik [Sinner] todos estamos muy igualados", comentó Munar muy crítico con su propia actuación. Este domingo, ante Italia, podrá resarcirse y celebrar una Copa Davis con esta España única, esta España de los olvidados, esta España currante.