Mykolas Alekna, de Lituania, rompió el domingo pasado el récord mundial de lanzamiento de disco que se había mantenido desde la competición de la Serie de Lanzamientos en Oklahoma.
Alekna consiguió una marca de 74,35 metros, eclipsando la marca de 74,08 metros establecida por el alemán Jurgen Schult el 6 de junio de 1986.
Originalmente el lanzamiento de Alekna se midió en 74,41 metros, pero posteriormente fue revisado, de acuerdo con World Athletics. El récord está sujeto a ratificación.
Alekna, de 21 años, estudiante de tercer año de la Universidad de California, ha ganado dos medallas en el campeonato mundial al aire libre. Capturó una medalla de plata en el mundial de 2022 en Oregon y un bronce el verano pasado en Hungría.
Con su gran lanzamiento, Mykolas desplazó a su padre, Virgilijus, al tercer lugar en la lista histórica. Virgilijus Alekna lanzó 73,88 en 2000.
El gran día de Mykolas Alekna llega un día después de que la cubana Yaimé Pérez registrara el lanzamiento de disco femenino más largo desde 1989 con 73,09 metros.
"Correr no es una pasión para nosotros, correr es doloroso, pero nos proporciona un futuro mejor para nuestras familias", resume Patrick Sang, el entrenador de Eliud Kipchoge, cuando EL MUNDO le pregunta el motivo del éxito de los corredores kenianos. En la historia de los Mundiales de atletismo, Kenia es el segundo país en el medallero, sólo por detrás de Estados Unidos, pese a sus 47 millones de habitantes -como España- y su falta de infraestructuras. Aquí no hay centros de alto rendimiento, ni sistema de becas, tampoco hay gimnasios. Hay escasez de todo, desde el agua potable a las mismísimas zapatillas para correr. Entonces, ¿Por qué ganan tanto? Precisamente por eso.
Ganan porque lo necesitan. Ganan porque es su oportunidad. En el país hay jóvenes de clase media, especialmente en Nairobi y Mombasa, que cuentan con numerosos caminos para construir su porvenir, pero en las zonas rurales del Valle del Rift no hay muchas más salidas. En el libro 'Correr con los kenianos', el fisiólogo Yannis Pitsiladis, quizá el científico que más ha investigado el atletismo keniano, también asume que la pobreza es la clave del éxito: "La clave es el afán de triunfar. Para un niño de Kenia que va caminando al río a recoger agua o acude corriendo al colegio, si no acaba siendo atleta tampoco tiene demasiadas oportunidades. Por supuesto, también son necesarios otros factores, pero ese afán es la fuerza que los impulsa".
A 2.500 metros de altitud
¿Y cuáles son esos otros factores? En primer lugar, la altitud. Nacer y crecer alrededor de los 2.500 metros, en una planicie sobre un valle, proporciona a los corredores de la zona una ventaja innegable. Sus cuerpos están acostumbrados a la falta de oxígeno, su sangre es única, pero si necesidad y altitud fueran los únicos ingredientes también habría múltiples campeones de Bolivia o Perú, de Nepal o de otros países africanos como Ruanda o Lesoto. Hay más.
NN RUNNING TEAM
"El ugali, nuestro secreto realmente es el ugali", determina Laban Korir, liebre de Kipchoge en una broma clásica a los periodistas que buscan porqués. El ugali, una especie de gachas elaboradas con harina de maíz, no es milagroso, pero sí tiene algo que ver. En el campamento del NN Running Team en Kaptagat un cartel sorprende. Lejos de los complejos planes de nutrición que se suelen ver en Europa o Estados Unidos, el menú para todo el año de Eliud Kipchoge y compañía es de una sencillez absoluta.
Para desayunar, un día pan y otro, fruta y huevos duros. Para comer, arroz, alubias, patatas y col ¡cada día! Para merendar, nada o porridge. Y para cenar, ugali acompañado de carne de cabra o ugali acompañado de huevo y leche. En definitiva, carbohidratos limpios y algo de proteína, nada de grasas ni de azúcar. Sólo algún día se dan un capricho y un corredor hace chapati, que consideran una delicia, pero no son más que frisuelos salados. Kipchoge dice que Faith Kipyegon, doble campeona olímpica de 1.500 metros, es la mejor cocinera de chapatis y Kipyegon asegura que ese honor le corresponde al propio Kipchoge.
Campeones desde hace décadas
La mezcla resulta perfecta, altitud, pobreza y ugali, pero igualmente no resuelve el enigma. Las dietas de otros países en desarrollo también se basan en lo mismo y tampoco hay dinero para comprar pizzas o Nutella. "Al final el secreto del atletismo en Kenia es esto", asegura Geoffrey Kamworor, subcampeón mundial de los 10.000 metros en 2015, y señala el lugar donde está: el centro de entrenamiento de Kaptagat. "El atletismo es parte de nuestra tradición". Y ciertamente. Correr no es sólo parte de la vida de muchos niños kenianos, que acostumbran a hacerlo descalzos y con una técnica perfecta, correr también es lo que hacen sus ídolos. Pese a la amenaza del fútbol -especialmente de la Premier-, el atletismo en el valle del Rift es el deporte rey, parte de su cultura, algo único.
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Desde los primeros campeones, en los Juegos de México 1968, Naftali Temu, Kipchoge Keino y Amos Biwott, la referencia de corredores como Kipchoge o Kipyegon, la existencia de los centros de entrenamiento y las muchas carreras locales forman un ambiente ideal para el desarrollo del talento. En los últimos años, con la llegada masiva del dinero de los maratones comerciales, el dopaje está distorsionado ese contexto, pero sería absurdo atribuir tan histórico éxito a las trampas. Los mejores corredores del mundo guardan secretos, pero no son más que la tradición, la alimentación, la altitud y la necesidad, sobre todo, la necesidad.
En el último año y medio, Jordan Díaz ha sido el gran ausente. O el gran esperado. Desde su triple salto de oro en los Juegos de París, ese primer intento de 17,86 metros que le valió la gloria en el Stade de France, sólo volvió a competir en dos ocasiones. El 3 de agosto de 2025, un único salto en Tarragona (17,16) para ganar el Campeonato de España. Y después, en la calificación del Mundial de Tokio, septiembre ya, donde se lesionó el cuádriceps derecho.
Se le aguardaba el pasado fin de semana en Valencia, en el Campeonato de España de pista cubierta, pero tampoco participó. Unos días antes, el 12 de febrero, molestias en los isquios le impidieron saltar en el meeting de Liévin. Demasiadas alertas, demasiados contratiempos físicos y un giro radical. Según ha adelantado MARCA este jueves, el cubano, ha tomado un sorprendente cambio de rumbo. Abandona el grupo de entrenamiento de Iván Pedroso en Guadalajara y se marcha a Estados Unidos, a la Universidad de Arkansas, donde entrenará a las órdenes de Travis Geopfert.
El habanero llevaba a las órdenes de su compatriota desde 2021, cuando desertó camino de Oslo y solicitó asilo político en España. En febrero de 2022 el Gobierno español concedió a Jordan la nacionalidad y en abril de 2024, World Athletics el permiso para debutar con España. Por el camino, se perdió los Juegos de Tokio.
Con 25 años recién cumplidos, Díaz no sólo abandona al mejor entrenador del mundo de saltos (y al grupo que, entre otros, también incluye a Yulimar Rojas). También rompe con su manager, Alberto Suárez. En Arkansas se pondrá en manos de un experto en triple y longitod. Por las manos de Geopfert han pasado Tara Davis o Jaydon Hibbert, entre otros.