El serbio Dejan Milojevic, que era técnico asistente de los Golden State Warriors, falleció este miércoles a los 46 años tras haber sufrido un ataque al corazón cuando estaba concentrado con la franquicia, según confirmaron, entre otros, sus ex equipos Partizan de Belgrado y Valencia Basket.
Milojevic sufrió el ataque en Sant Lake City y fue operado de urgencia pero no pudo superar la situación. La NBA ha suspendido el partido que debía jugar los Warriors con los Jazz esta noche.
Tras una temprana retirada por problemas en una rodilla, Milojevic se convirtió en entrenador en 2012 y tras pasar con éxito por el banquillo del Mega Vizura de su país y por el Buducnost montenegrino en el verano de 2021 recaló en los Warriors, que un año después ganaron la NBA.
El club valenciano emitió un comunicado para transmitir el pésame por el que fue su jugador en las temporadas 2006-07 y 2007-08, al que llegó procedente del Partizan Belgrado y con el que disputó 71 encuentros con el club valenciano en la ACB y en la Eurocopa. También el club serbio confirmó la muerte de su exjugador y trasladó el pésame a familiares y amigos de Milojevic.
No se le da bien el mes de marzo a España. Perdió hace dos años ante Escocia metiéndose en un buen lío. Perdió el año pasado ante Colombia en un amistoso intrascendente, y estuvo a punto de perder este jueves de nuevo ante Países Bajos, aunque un fallo de Verbruggen le permitó salvar los muebles en el descuento. Decidirá Mestalla el domingo en la vuelta de estos cuartos de final de la Liga de Naciones, con la campeona de Europa obligada a ganar después de una noche gris donde las piernas pesaron más de la cuenta, donde el balón no transitó como suele y donde, en fin, España fue mucho menos España. [Narración y estadísticas (2-2)]
La selección ya se fue al descanso con mala cara. Después de muchos meses sin verse, en mitad de una temporada asfixiante, Luis de la Fuente apenas había tenido tiempo de juntarles para descansar, relajarles y recordarles mínimamente los automatismos que les han llevado hasta aquí, ganando Liga de Naciones y Eurocopa por el camino. España se fue con mala cara al descanso porque hacía mucho tiempo que un equipo no le metía en su campo para no dejarle salir. Y eso fue lo que consiguió Países Bajos en la primera parte.
Y eso que la noche no pudo empezar mejor. Con la alineación que todo el mundo esperaba, porque el seleccionador no es amigo de experimentos, el partido se rompió enseguida gracias a un jugador mayúsculo, seguramente el mejor centrocampista del mundo hoy. En el minuto ocho, lo primero que pasó es que Hato se hizo un lío morrocotudo y Lamine Yamal porfió hasta quitarle la pelota. Se la dio a Pedri, ese jugador mayúsculo, ese que es seguramente el mejor centrocampista del mundo hoy, e hizo algo que muy pocos hacen. Casi en el área pequeña, recibió de espaldas. Paró el balón, se giró, levantó la cabeza (todo esto, conviene insistir, con un central encima y cerca del área pequeña) y se la dio a Nico, que finalizó con un giro sobre sí mismo.
Sin balón se apaga la luz
Muy pronto, pues, España estaba por delante y todo parecía ir cuesta abajo, en la línea que acompaña a este equipo desde hace tiempo. De hecho, un rato después Morata tuvo el segundo tras una jugada colectiva impecable. Pero ahí se apagó la luz. Epaña perdió el balón y se fue metiendo atrás. Le costaba incluso atravesar el centro del campo, y eso permitía a los holandeses merodear por el área hasta que encontraron el hueco tras una jugada de Frimpong que terminó Gakpo en el otro costado.
El empate no era, sin embargo, la peor noticia. La peor noticia es que no había noticias de jugadores como Zubimendi, Fabián o Pedri. Tampoco de Nico ni de Lamine. Morata bastante tenía con ayudar a achicar agua allá donde hiciera falta, lo mismo daba en una banda que por el centro que defendiendo un córner.
Al ritmo de De Jong, que ha recuperado el nivel con el que un día deslumbró, el equipo de Koeman se sintió cómodo ante la campeona, a la que arrinconó en su propio campo y a la que hizo correr detrás de la pelota durante demasiado tiempo. Porque a España, a esta España, no le incomoda meterse atrás. Pero un rato. No durante casi media hora. La lesión de Cubarsí, que dio paso a otro jovencísimo que llega, Huijsen, cerró un primer asalto en el que Reijnders pudo haber puesto las cosas peor si su remate desde la frontal hubiese encontrado la red en lugar del larguero.
Van Hecke salta con Ayoze.NICOLAS TUCATAFP
Falló antes del descanso, pero no después. No tardó ni un minuto en marcar el segundo gracias, de nuevo, al velocísimo Frimpong, cuyo pase atrás lo estampó el jugador del Milan en la red. Por debajo en el marcador, la selección reaccionó y al menos tuvo la pelota. No hizo gran cosa con ella, pero jugó en campo contrario. A falda de media hora, De la Fuente renovó al equipo metiendo a Oyarzabal por Lamine, a Olmo por Pedri y a Ayoze por Morata.
No cambió el panorama. Olmo sí fue capaz de hilar un poco más el ataque español, que terminó el partido en busca del empate, más cuando Países Bajos se quedó con uno menos por una entrada a destiempo de Hato sobre Le Normand. Pudo en un último suspiro igualar gracias a un error grosero de Verbruggen a disparo de Nico. Mikel Merino, que pasaba por allí y que le está cogiendo el gusto en el Arsenal a esto de jugar como delantero, salvó los dos años sin perder un partido oficial y puso a Mestalla bajo el foco.
Diego Simeone, entrenador del Atlético de Madrid, llevaba preparada la respuesta. Después de la polémica que dejó el partido de Copa del Rey entre el Real Madrid y el Celta, en la que el equipo gallego reclama un posible penalti de Lunin a Swedberg en la jugada previa al 1-0 de Mbappé, un periodista le preguntó al argentino exactamente esto: "A menudo dices que hay cosas que te preocupan y cosas que te ocupan... ¿Lo sucedido con el Barcelona estas últimas semanas y lo que pasó anoche en el Bernabéu es algo que preocupa?".
Y claro, no dejó pasar la oportunidad. "El partido de ayer no lo vi, sinceramente. Me comentaron episodios que hubo dentro del partido, pero como los hay desde hace 100 años, así que no sé de qué se sorprenden", contestó Simeone, aludiendo a la creencia, suya y de su hinchada, de que los árbitros siempre favorecen a los grandes, y más al Real Madrid. No quiso entrar en más valoraciones Simeone, que mide muy bien lo que dice, cuándo lo dice y cómo lo dice.
De hecho, informa Efe, después fue interrogado por si es posible competir contra el Real Madrid y el Barcelona ante estos hechos. "Sí, porque todos compitieron cien años y siguen compitiendo. Sí se puede", respondió.
También fue irónico cuando le preguntaron por su nivel de ambición, en referencia al lema del partido a partido de todo su recorrido como técnico del equipo, y remarcó la importancia de vivir "este momento" de 15 victorias consecutivas, antes de la visita de este sábado al Leganés en Butarque.
"Sí, soy poco ambicioso, sí, seguro...", dijo mientras esbozaba una sonrisa el preparador argentino, con su equipo situado en el liderato de la clasificación, clasificado para los cuartos de final de la Copa del Rey, cerca de lograr el pase a las eliminatorias de la Liga de Campeones y con una racha histórica de 15 triunfos.
"Lo que tenemos que vivir es el momento. Más que nadie, nosotros vivimos del partido a partido, así que tenemos que disfrutar la situación que estamos atravesando, sabiendo nuestras virtudes y también nuestros defectos. A partir de lo que suceda, trabajar en consecuencia de lo que necesitas. Antes es imposible comentar alguna situación", explicó cuando fue preguntado por cómo será la gestión del grupo cuando sea derrotado.
Un minuto le bastó al Oviedo para desnudar a un Valencia obtuso, que solo jugó a ráfagas, sin acierto, ni de penalti, y con falta de mucha calle. Como si fuera el recién ascendido. Se le escaparon entre los dedos tres puntos por errores groseros defendiendo un balón parado, del que se aprovechó Ilic, y permitiendo la carrera a la espalda de la defensa del veterano Salomón Rondón. Dos zarpazos que provocaron los pitos de una afición desesperada. [Narración y estadísticas: 1-2]
Se relamió Mestalla cuando, en solo cuatro minutos, su equipo tomó ventaja con un picotazo de muchos quilates. Danjuma, de media bolea, cazó un centro que el diablillo Luis Rioja se sacó dentro la línea de fondo bregando con la defensa carbayona. Apenas había pasado el balón por las botas valencianistas, pero el brillo de su estrella auguraba una noche plácida, despejada como el cielo tras la tormenta. En la grada se frotaron las manos cuando otra vez el neerlandés, esta vez asistido por Gayà al primer palo, forzó a Aarón a mantener con vida al Oviedo. Sin embargo, las expectativas murieron muy rápido. El Valencia ya no volvió a tener una ocasión clara antes del descanso.
Si bien es cierto que el Oviedo no encontró balón en los primeros 15 minutos, condenado a perseguir sombras, también lo es que poco a poco se acercó al área de Agirrezabala y, sobre todo, fue capaz en su pelea hombre a hombre, de ganar todos los duelos a un Valencia que parecía desbravado tras el gol. No se encontraban los de Corberán, dubitativos e incapaces de dar un paso al frente que les devolviera el control.
Así, entre los remates de Federico Viñas y hasta del lateral Lucas, comenzó en runrún en Mestalla, que poco tardaron en convertirse en pitos. Demasiada debilidad estaba mostrando el Valencia, que solo se estiró una vez más con una carrera por la orilla izquierda de Danjuma para sentar a Hassan y a Lucas sin que su centro encontrara rematador. Tanto creció el Oviedo que fue Paunovic quien se echó las manos a la cabeza cuando Colombatto forzó a Agirrezabala en la mejor ocasión para los asturianos al filo del descanso.
Como si no hubieran pasado por vestuarios, el partido regresó con el mismo guion. El Oviedo se volcaba buscando el empate y encontrando la manera de provocar que todo el estadio se desesperara con los errores que iban acumulando sus jugadores. El banquillo lo detectó y rompió esa dinámica reforzándose. En el centro del campo con Pepelu y en la banda con Diego López, además de Lucas Beltrán para apretar en ataque. El Valencia volvió a dominar a su antojo, sin prisas... y con poca claridad. Al Oviedo le quedó un centro-chut cruzado en exceso de Brekalo. Justo lo mismo que hizo Danjuma cuando Diego López lo dejó mano a mano con Aarón.
Errores groseros
Que no iba a ser una noche cómoda para los valencianistas quedó claro cuando hasta Danjuma falló desde el punto de penalti. El VAR avisó a De Burgos de un codazo en el cuello a Diakhaby y el neerlandés le pidió a Pepelu, con el balón agarrado, ser él quien se plantase ante Aarón, que le adivinó el lanzamiento en el minuto 74. El Valencia solo tenía que agarrarse y defender su marcador ante un equipo que había marcado dos goles en siete partidos, pero no lo hizo. Lo peor acababa de empezar. En un minuto, el Oviedo se metió los tres puntos en el bolsillo.
Fue primero Ilic en el que, tras un saque de esquina que Rondón cabeceó para meterlo en el área pequeña, cazó de rebote el mal despeje de Santamaría para empatar el duelo. Al marcador le dieron la vuelta los asturianos robándole la pelota a Gayà -desde entonces pitado- por intentar un mano a mano en el lateral de su área sin que De Burgos viera falta. La pérdida provoca que el Oviedo lance una contra perfecta para que su veterano delantero venezolano se fajara con Tàrrega y tumbara al Valencia.