El futbolista padecía una cardiopatía estructural incompatible con el deporte profesional que le fue detectada durante su estancia en la capital aragonesa.
Dwamena, en su presentación con el Levante.EFE
El futbolista ghanés Raphael Dwamena, que jugó en el Levante (temporada 2018-2019) y en el Real Zaragoza (2019-2020) y que actualmente estaba en la liga de Albania, ha fallecido este sábado a los 28 años a causa de un desvanecimiento durante un partido con su equipo, el Egnatia.
En un momento del encuentro, Dwamena se ha desvanecido sobre el terreno de juego, ha quedado completamente inmóvil y, después de varios intentos para reanimarlo, ha sido trasladado en ambulancia a un hospital donde ha fallecido.
Así lo recogen informaciones de varios medios de Albania. Cuando militaba en el Real Zaragoza, en octubre de 2019, el delantero africano sufrió unos mareos desencadenados por una taquicardia a casi 280 pulsaciones.
El equipo de cardiólogos del hospital Miguel Servet de la capital aragonesa le detectó entonces una patología incompatible con el deporte profesional.
Dwamena padecía una cardiopatía estructural que hacía que tuviera propensión a desarrollar arritmias ventriculares malignas, manifestándose sobre todo en momentos de máximo esfuerzo y poniendo en riesgo incluso su vida.
No jugó más con el Real Zaragoza, aunque permaneció activo en algunos entrenamientos en la Ciudad Deportiva hasta el final de aquella temporada interrumpida por la pandemia del covid.
Hace un año, el periodista Nicola Berger entrevistó a Dwamena para un reportaje sobre su vida en el diario Neue Zürcher Zeitung de Zúrich. El testimonio del futbolista ponía de manifiesto algo que ya era conocido en Zaragoza: se trataba de un hombre entregado a la fe, sin miedos, muy religioso, y convencido de que la medicina no sería quien le sacase del fútbol.
En dicha entrevista, señalaba que “si muero, esa es la voluntad de Dios. Me voy y punto. Olvidado. La gente a mi alrededor estará triste durante unas horas, o tal vez incluso unas semanas. Pero lo superarán y seguirán adelante. No vivo mi vida para complacer a las personas. Solo a Dios”.
Muestras de condolencia
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, han sido numerosas las muestras de condolencia. El Real Zaragoza ha escrito: “Estamos devastados por la triste noticia del fallecimiento de nuestro exjugador Raphael Dwamena. Queremos mandar todo nuestro cariño y afecto para su familia y sus seres queridos. Siempre estarás en el recuerdo de todo el zaragocismo. Descansa en paz”.
Por su parte, el Levante, el otro club español en el que militó el jugador, ha difundido el siguiente mensaje: “En nombre del Levante, queremos expresar nuestras más sinceras condolencias por el fallecimiento de nuestro ex jugador, Raphael Dwamena. Nuestros pensamientos están con su familia y seres queridos en este difícil momento. Su legado en nuestro club perdurará siempre”.
También “LaLiga desea transmitir sus más sinceras condolencias a los familiares y amigos de Raphael Dwamena. Descanse en paz”, según figura en su cuenta oficial.
La Isla del tesoro, escrita por Robert Stevenson, empezó como una obra coral. La ideó su autor como un juego, un pasatiempo durante el lluvioso verano de 1881 en Escocia. Cada miembro de la familia debía escribir una parte, en bloques de 15 minutos. Cuando llegó el turno a su hijastro Lloyd Osbourne, que era aficionado a la pintura, dibujó un barco hundido y continuó con el mapa del tesoro. El padre de Stevenson, por su parte, escribió el contenido del cofre, que su hijo trasladó, palabra por palabra, a la obra, publicada por capítulos, uno por semana, en la revista Young Folks. El éxito, sin embargo, llegaría mucho después. El tesoro del Atlético de Madrid, comprado en gran parte por un fondo de inversión estadounidense, es también el fruto de una controvertida obra familiar, la de los Gil. Una obra contaminada en su origen, ya que la apropiación del club comandada por Jesús Gil fue una «apropiación indebida», aunque el delito estuviera prescrito, como dejó claro el Tribunal Supremo. A continuación, sin embargo, fue desarrollada con eficacia por su hijo Miguel Ángel Gil, al que lateralmente afectaban las sentencias, además de la discreción necesaria de quien debía ponerse a cubierto de su apellido. Como el hijastro de Stevenson, se encontró con la isla, pero dibujó e interpretó con acierto el mapa del tesoro.
Para lo demás estaba Enrique Cerezo, la cara amable de la corte madrileña, el «conseguidor» perfecto en un tiempo en el que había que llegar a acuerdos importantes con las instituciones, a pesar de ser señalado también en los primeros fallos judiciales como mano derecha del patriarca. El imponente Metropolitano es obra de su saber estar donde se debe estar, del mismo modo que la futura Ciudad del Deporte, para la que puso la primera piedra junto a José Luis Martínez-Almeida, un alcalde atlético, incluso demasiado atlético. El círculo lo cierra Diego Simeone, un personaje irreverente, hecho a la medida del ecosistema rojiblanco y convertido en el mesías a través del que todo puede perdonarse.
Jesús Gil.
El resultado es un tesoro inmensamente mayor del que adquirió Jesús Gil con un puñado de monedas falsas, hoy en el fondo del cofre. Justo es reconocerlo como justa es la reclamación de los socios que entienden que se les arrebató lo que les pertenecía. Agotadas las vías para revertir aquella oscura operación, con una parte de responsabilidad de la administración en los tiempos de la chapucera conversión de los clubes en sociedades anónimas deportivas, la única reparación posible para los fieles aficionados rojiblancos es el crecimiento y el cuidado del Atlético, y eso todavía está en manos de un Gil, porque la realidad es que el capital únicamente cuida del capital.
El desarrollo de la Ciudad del Deporte
Un fondo de inversión busca la rentabilidad, que no siempre depende de la dialéctica compra-venta. La rentabilidad pasa por el crecimiento y el crecimiento necesita inversión, algo muy positivo para el Atlético. El riesgo es entrar en una deriva de cambios de propiedad, aunque esa no parece ser la estrategia de Apollo, un gigante de la inversión interesado en todo el negocio circundante que crecerá con el desarrollo de la Ciudad del Deporte, a partir de 2026, en terrenos cedidos por el Ayuntamiento durante 75 años. Golf, escalada, tirolina y hasta una playa artificial para hacer surf serán algunos de los servicios. «El Atlético pasará a ser una empresa de entretenimiento con un club de fútbol», dice un especialista que ha asesorado a fondos en el sector deportivo. Quizás si el club hubiera esperado a su desarrollo, la valoración habría sido aún mayor, pero el Atlético necesita de Apollo para su financiación.
Miguel Ángel Gil, Enrique Cerezo y Robert Givone, socio de Apollo.ATM / EFE
La operación es diferente a la que realiza un inversor, un propietario que quiere desarrollar un proyecto, algo que no implica necesariamente el éxito, y la prueba son las desastrosas adquisiciones del Valencia por parte de Peter Lim o del Málaga por el jeque qatarí Al-Thani. La permanencia de MAG y Cerezo en sus puestos debería ser, pues, una garantía de continuidad en la gestión a corto plazo. De una participación accionarial por encima del 50% a quedarse con el 10%, según el acuerdo, MAG pasa de ser dueño y CEO a CEO y accionista. Cerezo pasa del 15% al 3%. Apollo adquiere el 57% de un club valorado en 2.500 millones de euros, lo que supone una inversión de 1.425 millones por parte del fondo.
Un 'adviser' para Apollo
La mayoría accionarial le permitirá plena autonomía en la toma de decisiones y es ahí donde el tiempo demostrará cuál es el grado de influencia de MAG, principalmente, y Cerezo en la dirección futura del club. Algunas personas cercanas a Apollo sugieren que Miguel Ángel Gil podría no ser únicamente el CEO del Atlético, sino una pieza clave para las inversiones en deporte que el fondo norteamericano planea realizar en el futuro en el sector del deporte. Apollo Global Management, creado en 1990 y que en la actualidad gestiona más de 800.000 millones de dólares en activos, creó la vertical Apollo Sports Capital hace menos de dos meses. El Atlético es su primera gran operación, pero espera realizar otras en el futuro próximo, y para eso el excelentemente relacionado MAG, de 62 años, puede ser un buen adviser.
Desde la discreción que evita el desgaste de la primera línea, el CEO del Atlético es capaz de estar en buenas relaciones con personajes enfrentados, como Javier Tebas, presidente de LaLiga, y Nasser Al-Khelaifi, presidente del PSG y de la European Football Clubes (EFC), antigua ECA. De LaLiga es vicepresidente y en la EFC forma parte del bureau. Durante la reunión fundacional del nuevo organismo, en Roma, estaba a la derecha del qatarí. Después de bajarse de la Superliga junto a los equipos ingleses, es, hoy, uno de sus más firmes opositores, lo que le sitúa, asimismo, en buena sintonía con Aleksander Ceferin, presidente de la UEFA.
La gran parte de las acciones vendidas a la vertical deportiva de Apollo proceden de Holdco, el holding en el que se integraba el paquete de Miguel Ángel Gil y Cerezo. Si de los 2.500 millones en los que ha sido valorado el Atlético, se descuentan los 500, aproximadamente, de deuda, para MAG la venta de sus acciones, un 40% del valor del club, al retener el 10%, podría reportarle en torno a los 800 millones, con independencia de los plazos y formas de pago. Cuando Jesús Gil se apropió del club, hace 33 años, su valor era de 12,5 millones de euros. El mapa de su hijo lo ha multiplicado por 200.
"¿Sabes qué? Cuando era pequeño, Carlos me hacía dibujos y siempre se dibujaba a él mismo levantando el título en Roland Garros. Ya ha ganado Wimbledon y el US Open, pero su sueño siempre ha sido Roland Garros", rememora Josefina Cutillas, la psicóloga deportiva que ayudó a Carlos Alcaraz a estar donde está: con opciones de cumplir su sueño. De los 8 a los 16 años, Cutillas se encargó de formar la mentalidad del hoy número tres del ránking mundial y, por eso, horas antes de su debut este domingo en París ante el estadounidense Jeffrey John Wolf (14.00 horas, Eurosport), puede analizar mejor que nadie el problema que se le presenta. Porque Alcaraz tiene un problema, sí. Un problema serio. Y éste no tiene nada que ver con la técnica, ni con la táctica, ni tan siquiera con su físico. Es un problema mental.
Con un cuadro amable, sin rivales de ranking elevado hasta cuartos de final, el español tiene margen para solventarlo, pero le exigirá trabajo. Este viernes, en rueda de prensa, el propio Alcaraz lo reconocía: "Sigo pensando en la lesión cuando pego derechas. Estoy un poco asustado si pego un drive al 100%. Es lo que tengo que solucionar en mi primer partido porque ahora no siento nada de dolor".
A principios de abril, después de vencer en el Masters 10000 de Indian Wells, la musculatura de su antebrazo derecho se empezó a quejar y los médicos consultados le aseguraron que era temporal, que sería un dolor pasajero, que no se preocupara. Ahí se creó el trauma. Sobre la tierra batida de Montecarlo o en su club en Villena, Alcaraz siguió preparándose, pero una semana tras otra veía que la dolencia regresaba cuando aumentaba la intensidad de sus golpeos. No era temporal, no era un dolor pasajero, sí debía preocuparse. Y, de ahí, el miedo. Después de perderse Montecarlo y Barcelona, resentirse en Madrid y ausentarse también de Roma, ahora no sabe qué esperar. Ya no hay lesión y no siente dolor, pero... ¿Y si reaparece el tormento? En la cabeza de Alcaraz se repite la pregunta.
"Generar sensaciones positivas"
"En estos casos, el factor más importante para un deportista es la rápida recuperación de la confianza. Generar sensaciones positivas y, a través de visualizaciones, sea con imaginación o sea con vídeos, recordar quién eras. Es un trabajo que debe hacerse junto a ejercicios de relajación, de distensión muscular, para evitar un posible bloqueo mental", expone Cutillas, que está "segura" que Alcaraz será capaz de salir de ésta. "Tiene una predisposición psicológica para el deporte y las lesiones son parte del deporte. Por ejemplo, tolera muy bien la frustración", desvela la psicóloga que ahora sigue, desde la distancia, el trabajo del equipo que rodea el tenista en el que está una colega suya, Isabel Balaguer.
En los últimos días, éste ha diseñado un trabajo curioso para que Alcaraz abandone su miedo y vuelva a golpear fuerte con la derecha. Desde que está en París, el número tres de la lista ha ido aumentado el número de 'drives' realizados en sus entrenamientos y la dureza de los mismos, de los 80 al 50% del principio a los 120 casi al máximo del final.
"Me parece positivo que lo haya explicado, humaniza al deportista, normaliza que las lesiones y este tipo de miedos son parte del juego. Cuanto antes lo interiorice antes lo podrá superar", expone Cutillas, aunque en su sector hay otras opiniones. En una entrevista con Marca esta semana, Alcaraz llegó a reconocer que si nota dolor una sola vez ya "será suficiente como para empezar a pensar cosas".
La malla protectora, útil placebo
"Con todo el respeto, a mí me parece una estrategia errónea. Me sorprende que lo enfoque así. Antes de un torneo como Roland Garros, un posible ganador como Alcaraz no puede tener el foco en la lesión. Si está pensando en modular la fuerza de sus golpeos no le va ir bien. Debe poner el foco en todo lo que ha hecho bien durante esas semanas de recuperación, en los movimientos que es capaz de hacer, en cosas positivas. Los pensamientos negativos pueden incluso entorpecer la rehabilitación, pues liberan cortisol, la hormona del estrés, y agarrotan los músculos", argumenta por su parte Juan Carlos Campillo, psicólogo deportivo de Carolina Marín, entre otros muchos deportistas. Bajo su punto de vista, el enfoque de Alcaraz con su dolencia debería ser más crudo.
"A los deportistas jóvenes les cuesta más, pero al final todos los campeones aprenden a convivir con el dolor. Incluso les ayuda a ganar. Cuando entienden que todos los deportistas sufren, que a sus rivales también les debe doler algo, lo empiezan a ver como otra arma para ganar", expone Campillo que coincide con Josefina Cutillas, la que fuera psicóloga de Alcaraz, en la conveniencia de una decisión.
Aunque ya no le duele y aunque sus efectos terapéuticos son dudosos, Alcaraz jugará todos sus partidos con una malla protectora en el antebrazo derecho. Ya lo hizo en Madrid y repetirá en París. "El efecto placebo puede ser poderoso. Si crees que un vendaje te ayuda, de alguna manera te ayuda", finaliza Campillo antes de que empiece la acción. Alcaraz está en Roland Garros con opciones de cumplir su sueño de infancia, aquel que dibujaba en sus folios, pero antes debe solucionar el serio problema que tiene delante.