El Giro, con la salida en Bulgaria y la inesperada repercusión de un líder uruguayo, amplía su escenario global

El Giro, con la salida en Bulgaria y la inesperada repercusión de un líder uruguayo, amplía su escenario global

«¡Histórico¡ el uruguayo Thomas Silva gana la segunda etapa del Giro», publicaba Montevideo.com. «El padre de Thomas Silva: ya está, ya no me lo puedo pedir más», titulaba El Observador. La prensa charrúa despierta al ciclismo y los responsables de la Corsa Rosa se congratulan con la suma de un nuevo mercado audiovisual. El triunfo y liderato del ciclista del Astana es una bendición para los cazadores de audiencias, como antes lo fueron las victorias del ecuatoriano Richard Carapaz o del colombiano Egan Bernal.

Para saber más

La apertura de nuevos escenarios en Hispanoamérica sirve para fortalecer la comunidad ciclista y multiplicar el seguimiento de un Giro de Italia que arrancó con Jonas Vingegaard como gran reclamo y que este lunes afronta su primera jornada de descanso. El martes, la ronda se reanuda en Italia, con una etapa llana de 144 kilómetros entre Catanzaro y Cosenza.

La ronda organizada por RCS Sport extendió sus fronteras con la Grande Partenza en Bulgaria. La serie de tres etapas, que concluyó ayer con la victoria de Paul Magnier en la meta de Sofía, ha servido para abrir cobertura en los países de Europa del Este.

La organización y los broadcasters de la carrera hablan de una «difusión global sin precedentes», con emisiones en directo en Europa, América, Asia y Oceanía a través de RAI, Eurosport, HBO Max, TNT Sports, ESPN, SBS, JSports y otras plataformas. Warner Bros. Discovery, propietario de Eurosport y HBO Max, informó de que el ciclismo italiano ya tuvo un crecimiento muy fuerte en 2025 en streaming y redes sociales. El grupo renovó los derechos del Giro hasta 2029 precisamente por ese crecimiento internacional.

En Italia, la RAI ha publicado cifras en las que se apunta un share del 18% y de más de 8,5 millones de consumos digitales en RaiPlay. En Reino Unido e Irlanda, TNT Sports y HBO Max han reforzado la cobertura de 2026 con más de 100 horas en directo y programas especiales.

«El Giro no sólo se disputa en la carretera. Su universo digital sigue creciendo, ofreciendo a los aficionados una experiencia cada vez más inmersiva e interactiva», señalan desde el departamento de Comunicación de la prueba. «Desde la web oficial, la app, con cobertura en directo multilingüe y contenido exclusivo, las redes sociales, las plataformas de videojuego e iniciativas de participación de los fans, el Giro se convierte en una historia continua», añaden.

Los aficionados también pueden participar en plataformar interactivas de juegos, creando sus propios equipos y apostando sobre los ganadores de cada etapa. «Este año, el Giro ha entrado en una nueva dimensión con el debut en el videojuego Fortnite, con la incorporación de un mapa oficial inspirado en icónicas etapas», aseguran dese la ronda italiana.

Innovar para seguir creciendo.

Miguel Pardeza, el ex futbolista que tiene 15.000 libros y publica su tercera novela: ''¿Intruso? Escribir no es potestativo de una casta''

Miguel Pardeza, el ex futbolista que tiene 15.000 libros y publica su tercera novela: ”¿Intruso? Escribir no es potestativo de una casta”

Desde el ventanal de su despacho, en el séptimo piso de una urbanización de Valdebebas, se observa el tapiz verde del campo de golf de La Moraleja. La estantería de la pared rebosa libros. No hay balones, banderines o camisetas. Miguel Pardeza (La Palma del Condado, Huelva, 1965), el verso libre de La Quinta del Buitre, se abre camino como escritor. Acaba de publicar su tercera novela: Los últimos días de Alejandro Reig (Renacimiento). «Desde hace 10 años me aparté del fútbol y me centré en la escritura», dice el ex delantero del Real Madrid y del Zaragoza, que se estrenó en las librerías en 2016 con la novela Torneo (Malpaso), título adoptado de un programa de TVE de 1979 en el que fue elegido mejor jugador y le catapultó, con 14 años, a las categorías inferiores del Real Madrid. En 2020 publicó Angelópolis (Renacimiento), en la que narra el ocaso de un futbolista (él mismo) en el equipo mexicano del Puebla. Vive en Islantilla (Huelva) y Madrid. Es licenciado en Filología Hispánica y estudió hasta cuarto de Derecho..

No es habitual que un ex futbolista se dedique a la escritura.
Desde niño me gustó leer y escribir. Es algo innato, no me cuesta.
¿Es cierto que en su biblioteca tiene 15.000 libros?
Sí, más o menos. Los tengo repartidos entre Madrid e Islantilla. Claro que no he leído todos.
Torneo y Angelópolis estaban ambientadas en el fútbol. Los últimos días de Alejandro Reig es diferente, habla de las dudas de un escritor.
Las dos primeras eran autobiográficas, pero con fantasía. Torneo tiene que ver con los sueños de un chico que quiere jugar. Angelópolis va sobre la recta final de un jugador profesional. Quería narrar qué pasaba por las cabezas de ambos.
Esos libros representan el inicio y final de su trayectoria. Falta la etapa intermedia, la de éxito en el fútbol.
La parte intermedia de mi vida, la de los goles, los equipos, los títulos, la selección española, el Mundial que disputé... Todo eso se encuentra al alcance de cualquiera que acuda a la hemeroteca.
En Los últimos días de Alejandro Reig hay un cambio de temática, pero también se atisban apuntes biográficos: un abogado que quiere ser escritor y la ambientación en Islantilla...
Sí, hay un cambio. Con ello no quería cerrar cuentas, pero sí iniciar un nuevo ciclo en mi vida. Quería contar dos experiencias que podían transcender: la de un joven que quiere empezar a escribir y la de un viejo que ha dado por finiquitada su carrera, que vive retirado, amargado. Quería contar porqué entran en contradicción.Me interesaba contar porqué entran en contradicción. Lo ambienté en Islantilla porque yo necesitaba conocer bien el escenario y situarlo en un contexto extraordinario: un sitio de verano en otoño. En la novela llueve mucho, hace mal tiempo. La sucesión de tormentas que aparecen casa muy bien con lo que es el temperamento de Alejandro Reig.
¿La novela siguió un guion preconcebido o fue evolucionando, abriendo ventanas?
Yo no soy un escritor de planificación, ni de mapas, ni de guías. Tengo una idea en el origen. En este caso me imaginé a un escritor con dudas y otro que está de vuelta de todo. No tenía mucha más idea sobre la novela, ella fue descubriéndose.
¿Cuánto tiempo tardó en escribir la novela?
Dos años y medio. Escribo lento. Escribir 500 palabras al día me parece un éxito. Soy muy disperso, indisciplinado. No soy muy prolífico. Tardo mucho tiempo en corregir. En esta novela casi he tardado tanto en corregirla como en escribirla. Intentaba que la novela fluyera bien, que no sobrasen cosas.
¿Para usted escribir es algo innato?
Se aprende a escribir a lo largo del tiempo. Escribir no fue mi vocación original, pero desde niño tuve esa inquietud. Siempre me ha gustado más leer que escribir. No sufro escribiendo. Me divierte mucho, si no me divirtiese no escribiría. No creo que haya una necesidad de hacerlo, ni que una misión trascendente llame al escritor, no creo en esas paparruchas. Escribir es como cualquier otro trabajo. A mí me ayuda a pasar el tiempo, me entretiene, es un desafío permanente conmigo mismo.
¿Quién es su escritor referente?
Hay muchos, pero para mí, Ignacio Martínez de Pisón es el maestro de la narrativa. Leo a los autores clásicos, sigo a los escritores de ahora por estar al día, por curiosidad.
En su casa de Madrid apenas hay referencias a su pasado en el fútbol.
Me he ido alejando del fútbol de una manera gradual, en la medida que me he metido en los libros. Siempre quise ser futbolista, pero tuve claro que el fútbol se acabaría pronto y que debía estar preparado para hacer otras cosas. Me interesaba cerrar ese capítulo de mi vida, pero lo cierto es que me ha costado mucho, porque tras dejar el fútbol estuve seis años de director deportivo en el Zaragoza, cinco en el Real Madrid, colaboré con una agencia de representación... Al final tardé mucho tiempo en poner en práctica mi objetivo: sentarme y escribir. Esto lo hago desde hace 10 años y es lo que me gustaría hacer desde aquí hacía adelante.
¿Se puede vivir escribiendo?
Algunos sí, algunos no. Yo no podría, pero tengo los recursos que gané con el fútbol. Ese drama del escritor español está muy extendido, hay muy buenos escritores que malviven. Vender libos es muy complicado, excepto para los fenómenos, autores muy consagrados o los que hacen un género muy vendible. Los demás tiran como pueden.
Mientras que la mayoría de futbolistas, en concentraciones y viajes, jugaba a las cartas, usted leía ¿En el fútbol no se sintió un bicho raro?
No. Bueno, un poco raro siempre he sido. El mundo del fútbol es mucho más tolerante de lo que parece. A mí nadie me molestaba, ni nadie me decía nada. También leían gente como Jorge Valdano o Emilio Butragueño. Yo leo desde pequeño, para mí eso no era ninguna anomalía. Yo leía como jugaba.
¿La Quinta del Buitre tendría sitio en el fútbol actual?
Sí, el talento siempre tiene sitio, no tiene épocas.
Era el único no madrileño de La Quinta, el que tuvo que marcharse del Real Madrid debido a una gran competencia: Butragueño, Hugo Sánchez, Santillana, Juanito y Valdano. ¿Fue el desheredado del grupo?
No. Siempre tuve mucha suerte, eché los dientes en el Madrid y por varias circunstancias me tuve que marchar. Salí de aquí, pero en el Zaragoza gané tres títulos, fui internacional, pude jugar un Mundial. Me divertí mucho. Fui muy feliz en Zaragoza.
Estuvo algo desplazado en el fútbol y ahora le ocurre algo parecido en la literatura, donde algunos le ven como un intruso
Eso es inevitable. Siempre me he movido en tierra de nadie, ese ha sido mi sino. Con algunos amigos escritores ya lo he hablado, ese estigma de intruso lo voy a arrastrar siempre. Algunos pensarán en el jugador que he sido, otros pensarán que qué estoy haciendo ahora... Como si escribir fuera potestativo de una casta. Lo que hay que intentar es hacer las cosas bien, independientemente de donde provengas. Pero es inevitable que alguna gente piense que vengo de otro mundo y qué hago aquí. Como comprenderán, a estas alturas de mi vida esto me importa muy poco. Lo relevante es hacer las cosas bien y que lo que escriba tenga algún mérito, ese es mi objetivo. Si hago esto es porque, humildemente, creo que se pueden leer. No quiero superar a nadie, ni sentar cátedra de nada, ni escribir la obra perfecta. Para mí es una diversión, y si hay gente que comparte las cosas que escribo, pues bendito sea. Es una suerte poder hacer lo que te gusta. Me he empeñado en escribir libros, ya he escrito seis y pretendo seguir dando la paliza.
Además de sus tres novelas, tiene tres libros: uno de aforismos (La cola del cometa), otro sobre su vida (Teoría general del abandono) y otro de artículos (A pie cambiado), pero su debut en la escritura se produjo con un estudio del escritor y periodista César González-Ruano. ¿Por qué González-Ruano?
Fue por casualidad. Yo había acabado Filología, hice los dos años de doctorado y hablando con amigos surgió la figura de González-Ruano. Me llamó la atención que apenas hubiera obras sobre él, creo recordar que La escritura perpertua de Paco Umbral y poco más. Me parecía un personaje interesante, un buen escritor y que tenía una vida muy ajetreada, muy picaresca. Por todo eso me llamó la atención.
Usted también también tiene fama de pícaro, dentro y fuera del campo.
Risas. Yo creo que cualquier persona que tiene que salir muy joven de casa, como me sucedió a mí, que con 14 años me fui de La Palma del Condado a Madrid, tiene que desarrollar un cierto tipo de picardía para subsistir. La lucha por la vida es complicada, alguna picardía terminas por adquirir.
No hay puntos para cerrar tanta brecha

No hay puntos para cerrar tanta brecha

Hay derrotas que escuecen. Otras que humillan. Y luego están las que parecen una radiografía. Lo peor que le hubiera podido pasar hoy al Madrid es que no se acabara la Liga. Y que en un gesto de crueldad infinita, el Barça aplazara el alirón, regalándole al madridismo un castigo psicológico con forma de prórroga emocional.

Mucho hablar estos días de evitar el pasillo, pero no se me ocurre mejor coreografía de la humillación que proyectar en las pantallas del Camp Nou aquel corrillo que montaron los jugadores del Madrid en la ida en el Bernabéu con Xabi Alonso. Piqué siempre decía que lo más grande que había conseguido en su carrera fue que el Madrid hiciera una Rúa por ganarles una Copa. Pero aquel corrillo de otoño se pone a la altura de aquella gesta.

El Barça decidió el partido con una naturalidad que debería estudiarse en las facultades de biología. Con Flick el equipo ha aprendido a jugar como si no supiera que históricamente esto siempre termina mal; y vuelve a parecer un equipo feliz, algo mucho más difícil que parecer un equipo bueno.

En algún momento, mientras el Barça seguía jugando a lo suyo, ese fútbol que parece no correr pero siempre llega antes, el madridismo empezó a experimentar algo mucho más grave que orgullo herido: alivio. Hace un mes querían ganar la Liga, la Champions, y Valverde era el Juanito del siglo XXI; ahora sueñan con llegar al jueves sin otro comunicado.

El debate ha pasado de que falta un líder a que sobran mesitas en los vestuarios. Sir Laurence Olivier dijo que «actuar consiste en aprenderse el texto y no tropezarse con los muebles», y a estas alturas no se le puede pedir más a un jugador del Real Madrid. Al menos el intercambio de golpes con Tchouaméni parece zanjado porque, tras la multa de medio millón de euros, a ninguno de los dos se le ocurrió pagar otro medio millón para dar otra.

Después de que el máximo rival te gane la Liga y la Supercopa en la cara, te pase por encima futbolísticamente , y el proyecto que parecía eterno empiece a llenarse de grietas, aparece Mou en el horizonte, que igual no gana, pero al menos a Mbappé seguro que se le borra esa sonrisa, como si aún jugara en el PSG. La directiva ya no quiere que los jugadores les vuelvan a dar un título, solo quiere que sufran.

El grito del Camp Nou a los jugadores del Real Madrid: "Que se peguen, que se peguen"

El grito del Camp Nou a los jugadores del Real Madrid: “Que se peguen, que se peguen”

Actualizado

No podía ser de otra manera, dada la acérrima rivalidad entre unos y otros: la grada del Spotify Camp Nou, con una entrada de récord, 60.213 espectadores, le pasó factura al Real Madrid por la convulsa semana que se ha vivido en el seno del vestuario blanco. Cuando los jugadores madridistas saltaron al calentar, el grito de los presentes fue unánime: 'Que se peguen, que se peguen'. En los prolegómenos del encuentro, ya había muchas ganas contra el eterno rival. Tanto, que los seguidores más radicales llegaron a confundirse de autobús y lanzaron objetos tanto contra el propio como contra el ajeno, provocando en ambos casos rotura de lunas. El humo de las bengalas con el que se recibió la llegada de ambos conjuntos, unido al poco sentido común que se gastan algunos, desde luego, también debió jugar su papel.

Los seguidores azulgrana, cuya presencia se dejó notar por los alrededores del Spotify Camp Nou de hecho varias horas antes de que el balón empezara a rodar sobre el césped, tampoco se olvidaron de un Álvaro Arbeloa cuya continuidad al frente del Real Madrid llegaron a reclamar con algo más que sorna varias veces a lo largo del partido con gritos de 'Cono, quédate'. En el exterior del estadio, además, tampoco faltaron aficionados llevando gorros con forma de ese aparato señalizador. E, incluso, alguno de esos propiamente dicho decorado con fotos del actual técnico madridista. Dentro del recinto, cómo no, hubo un mosaico espectacular para recibir la entrada de los jugadores azulgrana, con el himno del club entonado incluso a capella. Durante el calentamiento, además, estuvo sobre el terreno de juego uno de los grandes ausentes por parte de los locales: Lamine Yamal. El de Rocafonda, vestido de calle, no quiso perdérselo. Apretando los dientes, tal vez, ante la imposibilidad de poder estar junto con sus compañeros en un partido tan determinante.

Justo antes de iniciarse el choque, eso sí, hubo un multitudinario y sentido minuto de silencio en memoria del padre de Hansi Flick, fallecido en la madrugada del sábado al domingo. Un instante culminado con aplausos y la grada coreando el nombre del técnico germano, quien agradeció el gesto de cariño levantando las manos al cielo y aplaudiendo los gritos de ánimo de los culés. Un momento antes del saque inicial, Jude Bellingham se acercó a la banda para darle un sentido abrazo. Un gesto que, de hecho, Ferran Torres repitió cuando marcó el segundo tanto de los azulgrana. Cómo no, tampoco faltó un canto tan clásico en este tipo de choques como el de 'madridista el que no bote', lanzado una y otra vez desde la grada. Tampoco faltaron exabruptos hacia Vinicius, con el tan manido ya 'Vinicius, balón de playa' ni tampoco insultos hacia todo jugador y seguidor madridista desde la grada de animación, tan irreproducibles como innecesarios. Hasta que, una vez decretado el final, se desató ya del todo la euforia en una grada que propició récord de facturación para el club: 16,2 millones de euros.

12 años, 6 meses y 25 días: y Faustino Oro se convierte en el segundo gran maestro más joven de todos los tiempos

12 años, 6 meses y 25 días: y Faustino Oro se convierte en el segundo gran maestro más joven de todos los tiempos

Actualizado

En abril de 2023, EL MUNDO publicó una entrevista con un niño de 9 años, una locura. El jovencísimo porteño, aficionado al fútbol, empezaba a ser conocido como «el Messi del ajedrez», aunque todavía no había ganado nada relevante. Con el tiempo, Garry Kasparov, nada menos, convirtió el apodo en «Chessy», acrónimo perfecto para los angloparlantes. La apuesta periodística no fue nada al lado de la que hicieron sus padres meses después. Romina y Alejandro abandonaron sus trabajos, bien remunerados, y se vinieron a España para estar más cerca de los principales circuitos internacionales. Sabían que tenían un pequeño genio en casa y sentían que no le podían robar la oportunidad de desarrollar todo su potencial.

Para saber más

La historia demuestra que el talento no siempre florece. Casi siempre hace falta algún empujón del destino. Aquel pibe empezó a jugar cuando su padre lo apuntó a Chess.com para que dejara de causar estropicios con la pelota. Muy pronto, sus victorias en internet llamaron la atención de la comunidad del tablero. Tres años después de aquella conversación por videoconferencia, Faustino Oro es gran maestro, el segundo más joven de la larga historia del ajedrez.

Faustimanía y "haters"


La sucesión de plusmarcas es lo de menos en la carrera de quien podría ser el mejor ajedrecista hispanohablante del último siglo. El cubano José Raúl Capablanca, el gran precedente, fue campeón del mundo en 1921. Lo importante no es que Faustino fuera el maestro FIDE y el maestro internacional (títulos previos al de gran maestro) más precoz de todos los tiempos. O que ahora sea el segundo GM más joven. Lo que sus seguidores ansían es que pronto esté en condiciones de luchar por la corona mundial, que a finales de año disputarán un indio y un uzbeko, dos jóvenes tan admirables como remotos.

Desde que Oro es maestro internacional, título que logró en Barcelona con 10 años, 8 meses y 16 días, en 2024, se ha escrito sobre él más que sobre cualquier otro niño deportista, incluido Messi. Seguro que se han cometido excesos, tal es la faustimanía desatada en medio planeta a contrapelo de un reducido pero bullanguero grupito de odiadores. Sus partidas son las segundas más analizadas, después de las de Magnus Carlsen. Cada jaque mate de Fausti era cantado como un gol de oro, con tendencia imparable a la hipérbole. Al mismo tiempo, no se puede negar el arrojo de sus detractores, capaces de negar un talento tan evidente.

Tres años después de su primera entrevista fuera de Argentina, convertido en vecino de Badalona, Faustino Oro ha conseguido en Cerdeña el tercer y definitivo resultado (norma, en el argot blanquinegro) que le faltaba para convertirse en gran maestro. Es cierto que llega dos meses y un día tarde para sumar un récord irrelevante pero vistoso, que sigue en manos del estadounidense Abhimanyu Mishra. A cambio, Fausti consigue el reconocimiento en condiciones más difíciles de las que tuvo este.

Mishra se estableció con su familia en Budapest, donde disputó torneos cerrados en serie, varios al mes, hasta que pudo completar tres con los puntos necesarios para ser GM. La Federación Internacional de Ajedrez (FIDE) consideró que la maniobra no fue del todo elegante y cambió sus reglas. Desde entonces, empezó a exigir que uno de los torneos puntuables para ser gran maestro fuera un abierto. En los "open", influyen tantos factores que incluso el azar es protagonista, en un juego en apariencia alérgico a la suerte.

Suerte

Faustino logró sus dos primeras normas en competiciones cerradas (en Madrid y Buenos Aires), pero la tercera se le resistía, solo en parte por la comprensible ansiedad acumulada. En Moscú le faltó una victoria final para conseguir el título y el récord, el pasado mes de marzo. En Menorca, a comienzos de abril, le perjudicó que no le tocaran rivales lo suficientemente fuertes, una paradoja. En Cerdeña se han alineado los requisitos y los astros. La gran actuación del pibe ha coincidido con un plantel de oponentes durísimos. Después de ganar su última partida, este sábado al MI polaco Bartlomiej Niedbala, Fausti tuvo la suerte de ser emparejado para el domingo contra Ian Nepomniachtchi, famoso porque perdió un Mundial contra Carlsen y compartió otro, de rápidas.


¿Suerte por qué?, se preguntará más de uno. Porque el ruso era el único de sus posibles rivales que tenía el Elo necesario para que a Faustino le sirviera incluso la derrota —y en efecto, perdió, por un pequeño error de cálculo— para lograr el título de GM. Si le hubiera tocado un rival igual de duro, pero con unos pocos puntos menos (en la práctica igual de complicado), el argentino habría necesitado hacer tablas, por lo menos, de nuevo bajo una presión tremenda. Y por si los más suspicaces piensan que esto es otra maniobra para ayudar al chico, que sepan que todo lo decide un programa informático, sin intervención humana. El azar o el destino, llámenlo como quieran, también juegan al ajedrez.

Apedrean el autobús del Real Madrid en su llegada al Camp Nou

Apedrean el autobús del Real Madrid en su llegada al Camp Nou

El autobús del Real Madrid ha sido apedreado en su llegada al Camp Nou antes del duelo liguero que enfrenta a los blancos contra el FC Barcelona. El vehículo ha sufrido la rotura de una luna, según ha informado el conjunto blanco y los miembros de seguridad del estadio, pero no se han lamentado daños personales dentro de la expedición merengue.

La llegada del equipo se ha producido en torno a una hora y media antes del clásico en el que el Barça podría proclamarse campeón de liga si gana o empata ante el equipo de Arbeloa. Al parecer, la gran cantidad de bengalas y el humo derivado de ellas también ha provocado que el autobús blaugrana, que ha llegado un poco antes, haya recibido algún que otro impacto antes de entrar en el estadio barcelonista. La afición culé, por error, rompió también varias lunas del vehículo azulgrana.

No es la primera vez que ocurren este tipo de incidentes a clubes rivales en su llegada al Camp Nou. El Atlético de Madrid, en sus visitas por la Copa del Rey y la Champions a la ciudad Condal, también sufrió la rotura de varias lunas debido a la imposibilidad de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado de controlar a la innumerable cantidad de gente que se aglutina en torno a la travesera de Les Corts.

Las obras en el estadio han provocado que los vehículos de las entidades visitantes del Camp Nou tengan que atravesar una zona de calles angostas que dificulta mucho controlar este tipo de incidentes.

El Río Breogán gana 24 años después en el Palacio a un despistado Real Madrid

El Río Breogán gana 24 años después en el Palacio a un despistado Real Madrid

Pasaron 24 años, un triunfo de otra época entonces, renovado por el histórico Río Breogán en una tarde también para recordar en el Palacio. Honores a los gallegos, a un entrenador como Luis Casimiro Palomo, pura sabiduría: desde aquel TDK de leyenda no ha dejado de dar lecciones en el baloncesto español. Pescó en las aguas calmadas de un Real Madrid despistado, al que aguantó incluso el arreón final habitual que intentó Sergio Llull. [97-101: Narración y estadísticas]

Hubo polémica, hubo emoción y hubo muchos puntos. Pero hubo, sobre todo, un equipo dispuesto a elevar el tono. Lo bordó el Breogán, una estupenda segunda mitad, y un acierto mortal en la recta de meta. Ahí donde Scariolo prefirió reservar a sus habituales killers (ni Hezonja, ni Campazzo ni Maledon en ese tramo), y donde Llull (17 puntos) a punto estuvo de firmar otra heroica. Lo más preocupante, pese a todo, fue la lesión de Alex Len, quien se marchó cojeando tras dejar 19 puntos y ocho rebotes.

La resaca búlgara del Hapoel había dejado a un Real Madrid mermado, lamiendo heridas para lo que está por venir y con la tranquilidad de quien ya hizo todos los deberes en ACB: acabará primero pase lo que pase en estas cinco últimas jornadas. Sin Deck, Garuba ni por supuesto Tavares, a última hora se cayó también Kramer con una bronquitis. Tampoco el rival se jugaba precisamente la vida, pues también cumplió con creces el Río Breogán, equipo de autor, sin opciones de playoffs pero también, desde hace semanas, sin ningún apuro por el descenso, que es de lo que se trata en su caso.

Luis Casimiro, que llegó mediado el pasado curso, ha maximizado las cualidades de un grupo que divierte y se divierte. Con dos americanos que cumplen (Dwayne Russell, que volvía tras lesión, y el completísimo DeAndre Cook). Con balcánicos de los que no fallan, desde el gigante Brankovic a ese metrónomo que es Mavra, pasando por Aranitovic, Apic o el atildado Andrics. Y con un Francis Alonso que es una de las revelaciones del año, anotador voraz.

Con todo eso y con la desinhibición de ambos, la tarde en el Palacio fue de vaivenes. De parciales de idas y vueltas. De la igualdad del acto inicial, ya con Hezonja en plan videojuego (con un espectacular caño incluido en una transición) a los latigazos gallegos, con los puntos de Cook y Aranitovic y las asistencias de Russell. Llull dejó un triple a tabla de esos imposibles y a Scariolo no le terminaba de gustar tanta pérdida.

El toma y daca siguió a la vuelta. Un correcalles por momentos, con ausencia de defensas y con los protagonistas poniéndose las botas. En ese ambiente, Hezonja es el alma de la fiesta. Pero el Breogán no se arredraba, con Dibba completando una y otra vez con mates los contragolpes y Mavra asestando triples lejanísimos, ante la oportunidad de ganar por tercera vez en su historia en semejante escenario (la última vez, en 2002).

Fue al inicio del acto final cuando el Breogán empezó a creer realmente en la machada. El Madrid perdió los nervios con alguna decisión arbitral y los de Casimiro estiraron la cuerda a un esperanzador +12 (tras dos canastas en pintura de Brankovic), a falta de ocho minutos. Más difícil todavía para el Madrid cuando Andric y Mavra volvieron a herir desde el perímetro. No faltaban ni tres minutos y sólo Llull creía en el imposible.

Le faltó poco, pues clavó dos triples, más tres tiros libres. Mavra pareció sentenciar a falta de 40 segundos y en la última acción, rocambolesca, del triple fallado por Procida atrapó el rebote Lyles, que falló clamorosamente bajo canasta, atrapó su rebote y anotó recibiendo falta después. Los árbitros, tras la revisión convenientemente perdida por Casimiro, anularon la acción de tiro y la opción de prórroga. Una locura de final.

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

El Valencia respira asaltando San Mamés el día que Nico Williams vuelve a preocupar a España

Sadiq rescató al Valencia del sufrimiento y redimió los pecados de un equipo que parece haberle encontrado el gusto a jugar contra el destino. Cuando todo se engrisece, es capaz de encontrar la salida que, con el viento a favor, no aprovecha. La victoria en San Mamés supone un alivio, pero no proporciona tranquilidad porque los 42 puntos se pueden quedar cortos para un equipo demasiado irregular. Lo mismo que ocurre al Athletic, al que se le escapa el sueño de Europa porque acumula 17 derrotas y pierde a Nico Williams por lesión. El latigazo en los isquiotibiales le obligó a salir del campo a media hora y tiene en vilo a España con el Mundial a la vuelta de la esquina.

Era un partido de necesidad para el Valencia y de homenaje para el Athletic, que miraba a Europa mientras homenajeaba a Ernesto Valverde en su partido 500, el penúltimo en el banquillo local de San Mamés. Por eso arrancó con ritmo e impaciencia, con Nico Williams dejando claro que el partido podía decidirse en su duelo con Renzo Saravia. El argentino estaba preparado para sufrir, pero a los 35 minutos la lesión mandó al extremo al vestuario. "No puede ser, no puede ser", se lamenta mientras salía del campo. "Dice que nunca ha sentido esa molestia. Ojalá sea lo menos posible", relataba su hermano Iñaki al final del partido.

De Nico, que apenas ha podido ayudar al Athletic esta temporada por las lesiones, nació todo el peligro en la primera parte. Retó a Saravia, aprovechó el carril que dejaba el argentino, obligando a las vigilancias a Pepelu y Tárrega, y armó dos jugadas que pusieron en apuros a Dimitrievski. El primero, en el minuto 14, le llegó mordido. El segundo, en el 28, fue un centro a Guruceta para que, en un palmo, se revolviera y buscara un disparo a bocajarro. Se agigantó el portero macedonio lo suficiente para que lo enviara fuera de la portería.

Para entonces, el Valencia ya podía ir por delante en el marcador. Había llegado con comodidad al área, con Rioja dañando por la orilla a Gorosabel y Hugo Duro complicando el partido a Laporte, que vio demasiado pronto una amarilla. Esa falta la mandó Javi Guerra muy alta, pero el delantero volvió a generar peligro, pisando área, tumbado otra vez por Laporte cuando encaraba a Unai Simón, pero Ortiz Arias no vio ese penalti, sino la mano que cortó el disparo de Cömert tras cazar la pelota que dejó Hugo Duro. El Valencia tenía un penalti para adelantarse en San Mamés en el minuto 25... y otra vez volvió a desaprovecharlo. El lanzamiento de Duro lo estrelló en el larguero, como le pasó a Pepelu en los primeros minutos del partido ante el Celta en Vigo y el Betis en La Cartuja.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.

Nico Williams, atendido tras su lesión en el minuto 35.M. TOÑAEFE

Cuando quiso despertar el Athletic, llegó la lesión de Nico, que heló al estadio y preocupó a sus compañeros. Iñaki le suplió, pero quien más pisó área fue el Valencia. Rioja robó en la medular, condujo hasta el pico del área para servirle a Hugo Duro un disparo ajustado al poste que a punto estuvo de sorprender a Unai Simón.

En la segunda parte pesó la responsabilidad y quien mejor se manejó fue el Valencia. Valverde se protegió de una expulsión cambiando a Laporte por Vivian, porque la brega de Hugo Duro no cesaba y el Athletic iba a dar un paso adelante que llevó a Dimitrievski a repeler el tiro de Iñaki Williams en carrera tras una asistencia de Gorosabel. No tardó en reactivar al equipo Corberán con Sadiq, la endiablada velocidad de Ramazani y el pulmón de Ugrinic. No tardó en ver los frutos.

Rioja, acostado por primera vez en mucho tiempo en la orilla izquierda, explotó su pierna natural en una contra que no se dibujó perfecta, pero lo fue. Robó Javi Guerra en campo bilbaino, lanzó a Ramazani a la carrera, que abrió a Rioja para, tras recortar a trompicones a Gorosabel y Vesga, poner un centro tenso a la cabeza que Sadiq, que se adelantó a Vivian para batir a Unai Simón.

Con el marcador a favor, el Valencia tenía que saber manejar los últimos 20 minutos. Y entonces apareció Dimitrievski. Salvó un testarazo ajustado al palo de Unai Gómez a centro de Iñaki Williams desde el costado derecho y, ya en el añadido, dos cabezados de Guruceta buscando un empate con más fe que criterio ante la muralla que alzaron los valencianistas.

Magnier, imparable en el sprint, suma su segunda etapa en el Giro

Magnier, imparable en el sprint, suma su segunda etapa en el Giro

En la tercera etapa, entre Plovdiv y Sofia, de 175 kms., despidió Bulgaria, un bello país, el Giro con una volata clásica, masiva brutal entre los poderosos sprinters en liza. De ella salió vencedor, por una cuarta, Paul Magnier, ese francés nacido hace 22 años en Laredo (Texas). El otro gran Paul, junto a Seixas, del ciclismo galo.

Superó a Jonathan Milan y Dylan Groenewegen. El italiano se vio perjudicado al transitar por una zona del adoquinado final con numerosas rendijas. La bicicleta le dio algunos saltos que, probablemente, impidieron que culminase su obra. Magnier, vencedor también de la primera etapa, resolvía así a su favor una jornada un tanto sorprendente.

Aún no había terminado el director de carrera de bajar la bandera cuando Diego Pablo Sevilla, otra vez él, saltó en busca de puntuar en la única dificultad de la jornada, un puerto de 2ª a, más o menos, mitad de trayecto. Lo acompañaron Alessandro Tonelli, su compañero del Polti, y Manuele Tarozzi, del Bardiani. No habían salido los maltrechos Yates, Buitrago y Vendrame.

Todo el mundo iba tranquilo. Los escapados porque eran conscientes de que el pelotón no les dejaría llegar muy lejos. Y el pelotón porque sabía que los fugados no le obligarían a un esfuerzo extra. Una "entente cordiale" consistente en que la diferencia no superase nunca los tres minutos. La primera hora y media de carrera, en un terreno llano, con frecuentes y largas rectas y un asfalto perfecto, se cubrió a 41 por hora. Un ritmo cómodo para unos y otros.

La carretera empezó a empinarse poco a poco, como desperezándose. A los fugados les dio tiempo de sobra, con Sevilla en cabeza, para coronar ese puerto de 2ª, el Borovets Pass, a 71 kms. de la meta. Cumbres más altas, todavía canosas en primavera, observaban mirando hacia abajo. El puerto, tendido, 9,2 kms. al 53% de media y con un pico del 11%, no descolgó a los velocistas. Sólo De Lie, doliente, sostenido moralmente por dos camaradas, penaba por detrás.

Todo parecía seguir el libreto prescrito. Pero los kilómetros pasaban, el pelotón sesteaba y los escapados no desmayaban. De pronto, tirios y troyanos se dieron cuenta de que la meta no estaba tan lejos. A los del grupo, al que habían vuelto De Lie y los suyos, les entraron las prisas. A los fugados, se les encendió la ilusión. Súbitamente, una etapa anodina y decidida de antemano a favor de los hombres rápidos se volvió apasionante e incierta.

Los últimos kilómetros fueron de una emoción absoluta. Retorciéndose de fatiga, destrozados, los escapados apuraban, agónicamente, sus posibilidades. Todas todavía, ninguna en realidad. Sucumbieron como héroes a 400 metros de la llegada. Otra escena representativa de la grandeza y la crueldad del ciclismo.

Guillermo Silva retuvo el rosa y Sevilla puede que siga, como la muñeca de la canción infantil, vestido de azul hasta el viernes, con el Blockhaus, el primer coloso de la carrera en su camino (y en el de todos). El Giro descansa un día y ya se traslada a Italia para disputar el martes una etapa corta (138 kms.) entre Catanzaro y Cosenza.

Benvenutto.

Jorge Martín sella un doblete en Le Mans tras un gran duelo con Bezzecchi

Jorge Martín sella un doblete en Le Mans tras un gran duelo con Bezzecchi

Actualizado

Le Mans fue un talismán para Jorge Martín. Allí sumó este domingo el sexto doblete de su carrera en MotoGP, en el mismo escenario en el que, hace dos años, logró hacerse con el quinto. Si en la sprint race su triunfo se construyó en una salida fulgurante, esta vez le tocó tirar de tesón y concentración, a los que les sumó también uno de esos arriesgados golpes de genio tan suyos, para hacerse con un triunfo que se le resistía desde de septiembre de 2024, con Indonesia como escenario.

Cuando encontró el momento oportuno, le lanzó un hachazo en toda regla a su compañero Marco Bezzecchi, en cabeza durante gran parte de la carrera, para condenarlo al segundo puesto y colocarse a solo un punto de distancia del italiano en la tabla.

El podio lo completó Ai Ogura con su primer tercer puesto en la máxima categoría del motociclismo, 14 años después de que un japonés lograra encaramarse a uno de sus escalones, para completar así una jornada del todo histórica para Aprilia. La marca italiana, ahora mismo la más destacada de todas las que compiten en la pista, no solo logró al fin hacerse con su primera victoria en un circuito tan mítico como Le Mans, sino que lo hizo colocando a tres de sus máquinas, dos de la escudería oficial y una de la satélite Trackhouse, en las tres primeras plazas.

"La carrera ha sido muy dura, pero pude remontar, tuve buen ritmo al final y estoy muy contento, así que voy a celebrarlo con todo el equipo", se limitó a señalar el piloto nipón, fiel al comedimiento y templanza que suele caracterizar a su cultura.

"Ha sido una carrera muy difícil, muy larga. Sabía que no era el más fuerte, he dado el máximo y no sé a decir verdad cómo pude liderar tres cuartas partes de la prueba. Esta segunda plaza era lo máximo a lo que podía aspirar, lo he dado todo, así que quiero darle la enhorabuena a Jorge y, ahora, ya toca pensar en Montmeló", aseveró por su parte un Marco Bezzecchi que sigue liderando la clasificación del actual campeonato del mundo de MotoGP. Eso sí, con solo un punto más que su compañero de equipo.

"Es increíble, la verdad. Solo puede decir 'Vive la France'. Me siento muy agradecido a todos los aficionados y quiero tener un recuerdo para mi familia, para mi equipo, para mi novia, para mi perro, para todos los que me han apoyado en este tiempo tan difícil. Quiero darles las gracias a todos. Ha sido una gran carrera y la he disfrutado mucho", aseveró un Jorge Martín cuyo rostro estaba iluminado por una absolutamente inevitable sonrisa.

Pecco Bagnaia, pese a hacerse con la pole el sábado, se fue finalmente al suelo, tal y como les pasó también a Brad Binder, Diogo Moreira, Álex Márquez y Joan Mir. En cuanto al resto de españoles, Pedro Acosta fue quinto, Raúl Fernández, octavo, Fermín Aldeguer, noveno, y Álex Rins, duodécimo.