Como si hubiera estado esperando este momento meses. «Se acerca lo que siempre me ha gustado», avisó Sergio Scariolo antes de viajar a Valencia, recordando no tan viejas gestas. Hasta ahora fue tiempo de sucesión de partidos, viajes, victorias, derrotas, vaivenes... Rutina. Hojas del calendario que arrancar hasta la primera hora de la verdad, el olor a napalm, la Copa del Rey. Un título que reconquistar. Y entonces, se desata la furia de un equipo construido a lo grande. [100-70: Narración y estadísticas]
En el Roig Arena fue como si Mike Tyson saltara al ring. No hubo ni media duda en el Real Madrid, directo al mentón del Unicaja, el campeón, el mismo rival que el domingo pasado le había llegado a desconcertar en el Martín Carpena (18 arriba en la primera parte), pese a la remontada posterior. Quizá esa fue una de las claves, la fórmula de Ibon Navarro desvelada, el truco del prestidigitador de Copas. El caso es que, al descanso, su Unicaja estaba roto, en la lona. Frustrado. Maniatado. Sin rastro esta vez de Sulejmanovic, ni de Cobbs. Mucho menos de Duarte (secado Abalde). Se había quedado en 28 puntos, ante un oponente que se multiplicaba, como si tuviera súper poderes.
Fue primero el dominio de Tavares, que ya lo condiciona todo. Después el veneno de Trey Lyles, que te mata suavemente. Aceleró Theo Maledon y un parcial de 14-0 dejó tiritando al campeón (la final ganada a los blancos en Las Palmas también estaba en la mente de muchos, la revancha como acicate), tan diferente al que fue. Llegó el momento de la reinvención malagueña, piezas perdidas en el mercado (Kameron Taylor, Osetkowski, Tyson Carter, Yankuba Sima...), otros cuantos lesionados (Tillie, Tyson Pérez, Kravish...) y una búsqueda del origen que no siempre es sencilla.
Al comienzo del segundo acto intentó reaccionar Unicaja, un triple de James Webb, otro de Kalinoski... Pero el Madrid defendía, reboteaba y corría. Se sentía cómodo. Inabordable. Como aviones. Estiró aún más la cuerda de un marcador flagrante (50-26 llegó a mandar). Hasta en pista apareció, cual Cid, un Alberto Díaz lastrado físicamente, con el que nadie contaba. Cualquier cosa para intentar la reanimación.
El mismo Real Madrid al que se le señalaba por su inconsistencia defensiva. Por encajar 100 puntos un día sí y otro también. Hasta a su gurú de la zaga, Luis Guil, se puso en cuestión allá por enero. Ver para creer, aunque la evolución necesitará ser refrendada, más pronto que tarde este mismo sábado ante el amenazante Valencia Basket. Con un puñado de argumentos ofensivos más que este Unicaja y el apoyo de las tribunas.
La segunda parte no cambió la tónica. Unicaja se había esfumado. No le quedaba ni orgullo en el fondo de su mochila. Sin acierto, pero también sin ánimos. Perdía balones ante un Madrid que disparaba flechas, que no iba a soltar la presa. Deck, Hezonja y Llull elevaron todavía más la distancia, sonrojante ya (69-34). Ya todos pensaban entonces en el descanso del día después, las semifinales uno, las heridas el otro, con tanto camino aún en la temporada este Unicaja. El Roig Arena hacía la ola mientras los dos rivales intercambiaban canasta esperando al final. Porque la fiesta de la Copa nunca para. Y la máxima fue de esas que hacen desempolvar los libros de los récords (94-57).
Todo había sido del Madrid: el rebote, el control, el acierto, la energía. Sólo Kramer y Alex Len se quedaron sin anotar. Apenas James Webb y Balcerowski se salvaron en los andaluces.
Contra maldiciones (desde 2002 ningún anfitrión triunfa...), nada mejor que el descaro, el talento callejero, el flow dominicano. Jean Montero desafía la presión imaginando que aún juega en su barrio de Santo Domingo, las calles donde el baloncesto es también una vía de escape. Ante su liderazgo y ante un Valencia Basket decidido a reinar en esta Copa que se inaugura en el Roig Arena, que vuelve a la ciudad del Turia 23 años después, sucumbió el Asisa Joventut (95-84).
Ni el influjo de Ricky -qué lujazo- que meditaba un rato antes del comienzo del duelo, como si visualizara con ojos cerrados aquel pasado, aquel niño de 17 años que alzó el trofeo de verdinegro en Vitoria 2008. O el que antes de dar el gran salto a la NBA lo conquistó dos veces más de azulgrana. Feliz Ricky, feliz el baloncesto.
Hace 10 días, la Penya derrotó al Valencia en el Olimpic. Al ese equipo redondo de Pedro Martínez que ya no sorprende si no que asusta en la mismísima Euroliga. Que parte de favorito en la Copa, mirando a los ojos sin complejos a Madrid y Barça. Entonces fue un 10-2 de salida, que recordaba Dani Miret clave para el desarrollo del duelo después. Algo parecido esta vez, cuando al 5-0 inicial respondió el Joventut con un aluvión, un parcial de 2-13 con ese alero que tira tan raro como efectivo, Cameron Hunt, inabordable.
Pero no cundió el pánico. El Valencia derrota por erosión. Por seguir a lo suyo, juego rápido, triples, carreras y rebote ofensivo. Entre primer y segundo cuarto, un parcial de 10-0 que trastabilló a los catalanes. Empezaban a no encontrar respuesta, porque el intercambio de golpes con este Valencia es condena. Otro arreón justo antes del descanso dejó heridos a los de Miret. Montero era ya un demonio que se empezaba a gustar (46-34, con 15 puntos del dominicano).
El Joventut se llegó a ver 17 abajo a la vuelta de vestuarios y, sin embargo, contra todo pronóstico, resucitó. Mostró coraje y relució su experiencia. La de tipos como Tomic, Hanga o el propio Rubio. Montero se enredó en batallitas con Vives y perdió algo de ritmo. Quedaban nueve minutos y los de Miret, que últimamente andaban con el acierto del revés, estaban a tres puntos a base de triples (69-66).
Ricky Rubio, durante el partido ante el Valencia.Kai ForsterlingEFE
Pero al Valencia, a este Valencia, al pimpampum no le gana casi nadie. En el momento de la verdad, los triples como lluvia fina en el Roig Arena, dos de Pradilla (solidísimo, como siempre), Badio... Y otra vez la ventaja y un Joventut que moría lentamente. Fue el propio Papi Badio el que puso el remate, ya sin aliento el Joventut, digno, pero corto en el Roig Arena.
Pasaron 12 años de la última vez de Sergio Scariolo en la Copa, de una derrota en cuartos con el Baskonia en 2014 (contra el Valencia), del torneo «pintoresco» que luce doble en su (enorme) vitrina particular. En 1999 lo levantó precisamente con el equipo vitoriano y seis años después, en 2005, con el Unicaja que ahora le desafía en su retorno. «Se acerca lo que siempre me ha gustado. Con la selección, los cuartos... El momento de la verdad. Donde tienes que tener preparado al equipo mental, física y tácticamente. Que la temperatura no baje o suba demasiado. Lo que estoy acostumbrado a hacer toda la vida, pero, por supuesto, en un marco que tiene atmósfera», admitía ayer en Valdebebas antes de partir hacia el Roig Arena, escenario del que será el primer gran examen a su Real Madrid.
Con los blancos también, memoria lejana, sabe el italiano lo que es perder una final. En Málaga 2001 un extraterrestre vestido de azulgrana se les apareció en la final. «Sólo recuerdo a Pau ganando el partido casi solo. Su segunda parte fue el Pau que luego todo el mundo ha aprendido a conocer. Eran sus primeros partidos trascendentes. Fue sobresaliente», rememoraba de ese episodio inolvidable del baloncesto nacional. Leyendas de la Copa, torneo único, pasional, propicio para las gestas y últimamente también a las sorpresas. Pero también mortal si se vuelve con el fracaso.
Hasta ahora en el Madrid de Scariolo hubo luces y sombras, una final perdida (Supercopa), un liderato sólido (ACB) y un vaivén constante (Euroliga, donde ahora es cuarto). 36 victorias, 14 derrotas (11 de ellas en Europa). Un balance digno, no excelente. «Los datos demuestran que hemos trabajado bien en la temporada. Y cada vez mejor. Pero no tienen influencia en el partido de cuartos. La historia de la Copa es la de los cambios de ranking, de las sorpresas. Los ocho equipos que participan, es difícil que cualquier resultado sea sorpresa total», analizaba ayer Scariolo sin querer mirar más allá: sólo le preocupa el Unicaja, el campeón actual, con el que se las ve esta noche en cuartos (21.00 h., DAZN). Aunque hayan cambiado tanto, los malagueños «vienen como campeón y no a verlas venir. Grandísimo respeto».
El equipo de Ibon Navarro al que el Madrid remontó este mismo domingo en el Carpena, con el que llegó a perder de 18 puntos en la primera parte. Un aperitivo complicado aunque repleto de dudas (tocados Alberto Díaz, Tyson Pérez, Tillie...) para un lado del cuadro que es un campo de minas. En semifinales, si la lógica se cumple, aguardará el Valencia de Pedro Martínez, anfitrión y poderoso, tan favorito esta vez como el que más.
Scariolo e Ibon Navarro, el pasado domingo, en el Carpena.acB pHOTO
El Real Madrid ha atravesado momentos dispares en lo que va de curso. La derrota contra el Barça en el Palacio, en ACB, la primera después de nueve clásicos, escoció aquel 4 de enero. Los azulgrana abusaron de un Madrid sin solidez defensiva, habituado en ese tramo a encajar más de 90 puntos por norma. Los blancos espabilaron desde entonces, una resurrección de principio de año, seis victorias seguidas en Euroliga incluyendo la revancha ante los de Xavi Pascual (otro que regresa a la Copa después de unos años), un claro paso adelante en esfuerzo y solidez. Que se vio interrumpido últimamente. Europa marca la pauta, porque en Liga Endesa la contundencia es para elogiar. París, Atenas y Dubai fueron una vuelta a las andadas.
La Copa, pues, para el Madrid, es búsqueda de reconquista y de un dominio perdido: de las últimas cinco sólo ha levantado una, la de 2024 en Málaga. La hora de tipos con el foco encima, como Mario Hezonja, quizá en el mejor momento de su carrera y al que Scariolo parece empeñado en elevar aún más («Es el jugador, con diferencia, que el que más duro he sido, pero porque creo que su techo no ha llegado todavía», decía hace unas semanas). «El equipo está hecho de personas. Hay algunos acostumbrados a este tipo de citas y otros que no lo están. Y son muchos», valoraba ayer el italiano, que mantiene a toda su plantilla sana (recuperado ya Maledon) y tendrá que jugar con los descartes, uno seguro entre los tres extracomunitarios (todo apunta a Chuma Okeke antes que la experiencia de Gaby Deck o el talento desequilibrante de Trey Lyles). Aunque si de experiencia se trata, nadie como Sergio Llull. El capitán blanco volverá a ser el jugador con mejor palmarés de entre todos los participantes de la Copa, pues ya ganó siete, como en su día Juan Carlos Navarro, Felipe Reyes y Rudy. Todos a tres del récord que comparten, con 10, Epi y Clifford Luyk.
Cuando el Asisa Joventut ganó su última Copa, en 2008 en Vitoria, Ricky Rubio comandaba en la pista con 17 años a un equipo inolvidable con Rudy Fernández como MVP, y el que ahora es su entrenador, 22 entonces, vibraba en la grada como un aficionado más. Dani Miret (Badalona, 1985) no quería perderse a su compañero en la clase de inglés, Pau Ribas, con quien después se hizo una foto. "Le dije: 'Mira, yo fui el primer loco que dije que veníamos aquí a ganar'", recuerda quien ahora apela a "ese punto de locura" para dar la sorpresa en el torneo del Roig Arena, que los verdinegros descorchan contra el anfitrión. Del cadete al primer equipo, el jovencísimo técnico repasa cómo están siendo estos meses con Ricky a sus órdenes.
Pregunta.- Líderes en la Champions League (la Final Four se disputará en el Olimpic de Badalona) y firmes en ACB. ¿Se puede llegar mejor a la Copa?
Respuesta.- Llegamos bien. Ganar el último partido antes del torneo (en Zaragoza) era un objetivo. Estamos haciendo una temporada donde los objetivos de equipo los hemos conseguido pronto, como clasificarnos para la propia Copa, avanzar en la BCL, donde estamos a un partido de cuartos de final. Estamos en una buena dinámica y sacando unos resultados notables.
P.- Hace 10 días derrotaron al Valencia. Pero es el anfitrión y uno de los grandes favoritos.
R.- Las opciones pasan, primero de todo, porque el Joventut se crea realmente que puede ganar. Esto se percibe y esto se transmite. Estar mentalizados de que será a través de un partido difícil, largo. En casa, una de las claves fue que empezamos ganando 10-2 y a partir de ahí, fue para nosotros más fácil dominar el partido y jugar con nuestro estilo. Esto puede ser que sea diferente, entonces necesitamos un punto de locura, un punto de mentalidad, donde lo de ganar sea una cosa que nos obsesione.
P.- Jugar con su presión.
R.- Es cierto que el Valencia es un equipo que está hecho para competir bien en la Euroliga, para conseguir grandes objetivos y esto puede ser complicado para ellos. Tener que ganar siempre es complicado. Tenemos que resultar un rival muy incómodo, especialmente testarudos en querer ganar. Solamente pensar en eso.
P.- Han perdido a Sam Dekker, uno de los referentes. ¿Ha sido complicado manejar su salida?
R.- Cada año el roster es diferente, los roles son diferentes. No estábamos siendo capaces de sacar su rendimiento. De cara a la Copa, el poder llegar con esta incógnita despejada ha sido un win-win para ambas partes, porque él tampoco estaba cómodo, tenía problemas físicos... Y esto hacía que las dos partes estuviesen perjudicadas. Estamos buscando otra pieza en el mercado, pero seguimos siendo un equipo de mucho nivel.
Miret, con los jugadores del Asisa Joventut.ACB Photo
P.- Y mientras llega el fichaje, los jóvenes. Ruzic, Niebla... Ese ADN no va a cambiar en la Penya.
R.- Los tenemos. Michael hizo un partidazo contra Valencia. También Diego. La historia del club ha demostrado que los jóvenes son claves en que podamos ser competitivos. Nuestra fortaleza es seguir creyendo en ellos, sacando rendimiento en situaciones como la actual, colocándolos en los momentos en que nos puedan ayudar.
P.- ¿Cómo ha trastocado su filosofía esa nueva amenaza llamada NCAA?
R.- Es un cambio de contexto que nos perjudica. Con Ruzic podemos ver un ejemplo positivo, porque es un chico que hace una apuesta muy grande por continuar en el Joventut teniendo opciones de marchar a la NCAA. Multiplicando su sueldo. Hay jóvenes que sacrifican la parte económica por el baloncesto. Es un boom histórico y nosotros nos tenemos que reinventar. Encontrar fórmulas, como con Rubén Prey (cedido en St. John's). Se trata de poner una semilla en ellos, de que sigan siendo el Bressol, para que el día de mañana podamos seguir teniendo este factor diferencial, recuperar jugadores que tienen este ADN. Ian Platteeuw se ha marchado a la NCAA, pero si todo va como esperamos, va a tener una buena evolución y cuando tenga 24 o 25 años, pues esperemos que pueda volver al Joventut y hacer aquí una buena carrera. Nosotros seguiremos siendo siempre una cantera importante y potente.
P.- Han pasado unos meses desde la vuelta de Ricky. Se le ve feliz, líder. ¿Cómo está siendo la experiencia?
R.- Para mí, muy positiva. Yo lo digo: es una gran suerte coincidir con el Ricky jugador y con el Ricky persona, porque él siempre suma. El objetivo número uno que es que él disfrutara de volver a jugar al baloncesto aquí en Badalona. Lo estamos consiguiendo. Estamos consiguiendo que él vibre. No quiero mencionar ni que él pudiese estar aquí estando mal... Pero él lo ha controlado muy bien, se ha preparado muy bien, las dos partes han tenido paciencia y ahora estamos viendo un gran Ricky, competitivo y con un impacto multifactorial que para la afición y para todo el mundo es un placer. Somos la envidia de muchos.
P.- ¿Presiona tener un jugador de esa dimensión a sus órdenes?
R.- Es que Ricky me ayuda, con todos, con los jóvenes y con los no tan jóvenes. Las temporadas son muy duras, tienen altibajos, es como que vamos en un barco y siempre hay marea y tormenta. Tener a alguien dentro de tu barco con esta experiencia, con estos valores y con este nivel, ayuda mucho. Para mí como entrenador, es un reto. Creo que me hace mejor. Yo juego mi papel con normalidad, entrenarle como a uno más, porque es lo que él quiere. Cuando lo tienes que cambiar, sabes que es tan bueno que no va a poner una excusa, ni un problema. Eso es un poco el engaño que puedo tener, porque normalmente las dificultades de entrenar una estrella así son otras, pero él es capaz de poner al equipo primero. De, en caliente, tener una buena respuesta. Y en frío, estar pensando en cosas que son más importantes para el equipo que para él mismo. Hay muchos jugadores del mundo que lo que hacen es mirar por sus números, por su juego. Esto es todo lo contrario. También intento ayudarlo a disfrutar, que el equipo siga con fluidez. Soy consciente de que celebramos pocas cosas en el mundo del deporte. Y yo celebro mucho el poder tener el equipo que tenemos, con veteranos como Ricky, Tomic, Guillem, Hanga... Esto es un lujo. Disfrutémoslo.
P.- El destino había guardado juntar a Tomic y Ricky juntos en el final de sus carreras.
R.- Con Ricky nos ha tocado la lotería. Y con Ante, porque no son jugadores que la Penya pueda acceder en el mercado. Es muy bonito, porque hacen cosas que son para grabarlas y recordarlas durante años. Conectan y se respetan. Mejor imposible.
P.- ¿Qué imagen de Ricky fuera de la pista no va a olvidar?
R.- Me impacta cómo él es capaz de conectar con la gente desde la normalidad. Después de haber hecho la carrera que ha hecho, que tenga la paciencia o el valor de tener una conversación con Henry [Drell], de querer escuchar a Henry para entender por qué este chico en este sitio toma una decisión o la otra. Quiero decir, lo fácil para él sería echarle una bronca a cualquiera. Y a mí me impacta cómo se sienta después de un mal partido con alguien y tiene la empatía de estar a su lado, de escucharlo y decir: '¿Qué necesitas? Yo te voy a ayudar'. Hace de mentor, desde el respeto. En el momento adecuado, desde la intimidad. Realmente es una persona increíble.
P.- En aquella Copa de 2008, la Penya ganó al Valencia, el Madrid y, en la final, al Baskonia. ¿Le suena?
R.- Perfecto. Todas estas cosas me valen, me parecen bien y estamos, convencidos e ilusionados.
El ex jugador del FC Barcelona Audie Norris, uno de los referentes históricos del baloncesto azulgrana y actual embajador del club, ha denunciado en su cuenta de X haber sido víctima de un intento de robo en Barcelona. El incidente ocurrió este martes por la noche, alrededor de las 23.00 horas, en el aparcamiento de la estación de Estación de Sants, uno de los principales nodos de transporte de la ciudad.
Según relata el propio Norris en un mensaje, dos individuos intentaron robarle. Uno de ellos le roció la parte trasera de la chaqueta con un líquido, mientras el otro se acercaba con la excusa de ayudarle a limpiarse. El objetivo era distraerlo para sustraerle sus pertenencias. Sin embargo, el ex jugador sospechó de la maniobra, logró zafarse, entrar rápidamente en su vehículo y abandonar el lugar sin que le robaran nada.
El estadounidense expresó su preocupación por la falta de presencia policial o de seguridad privada en la zona en ese momento. "Si hubieran tenido un cuchillo, habría acabado muy mal", lamentó, subrayando que ni siquiera alguien con su complexión física se siente tranquilo caminando por la ciudad.
"Anoche, en estación Sants en Barcelona, fui al parking a recoger el coche y 2 hombres intentaron atracarme. Primero me echaron spray en la chaqueta por detrás otro vino con excusa de limpiarme. En realidad, querían robarme, logré escapar, entrar al coche y cerrarlo y me fui", cuenta Norris.
"No había policia ni seguridad, eran las 23 h de la noche. Si hubieran tenido un cuchillo hubiera acabado muy mal esta historia. Dónde está la seguridad en Barcelona? Ni siquiera un hombre grande y fuerte como yo puede andar tranquilo por la calle", añade el ex jugador en un segundo mensaje al que sigue un tercero en el que muestra la chaqueta manchada por los cacos.
Por el momento, los Mossos d'Esquadra no tienen constancia oficial de los hechos, ya que no se ha presentado denuncia.
El equipo de Anthony Edwards y Devin Booker se alzó con la corona del 'All Star' en una final que enfrentó este domingo a las dos selecciones estadounidenses después de que el equipo Mundo, compuesto por internacionales de la talla de Luka Doncic o Victor Wembanyama, cayera en las eliminatorias de este innovador formato. La estrella de los Minnesota Timberwolves, Anthony Edwards, fue elegido como el jugador más valioso (MVP) del 'All-Star'
El conjunto Estrellas, formado por Scottie Barnes, Booker, Cade Cunningham, Jalen Duren, Anthony Edwards, Chet Holmgren, Jalen Johnson y Maxey se impuso por 47-21 al equipo Barras.
A pesar de contar con la jerarquía de leyendas como LeBron James o Kawhi Leonard, el combinado veterano apenas encontró respuesta en un frenético encuentro de 12 minutos dominado por el ímpetu de las nuevas figuras.
El choque se concibió en una suerte de mini-mundial, en el que el orgullo estadounidense midió sus fuerzas frente al talento internacional, una innovadora apuesta con la que la NBA busca revivir uno de los mayores activos financieros de la franquicia.
El Mundo sucumbe ante EEUU
El nuevo formato del 'All-Star' comenzó enfrentando al grupo Mundo, integrado por el tridente Doncic, Nicola Jokic y Wembanyama, con el talento joven de la NBA, un encuentro que se saldó con la primera victoria de las Estrellas pese a la espectacular actuación del francés (14 puntos).
El duelo terminó con un empate a 32, a pesar que el equipo Mundo lideró casi todo el encuentro, forzando una segunda ronda de desempate que se disputó al mejor de cinco.
Más amargo se prestó el segundo partido para los de Booker, Edwards y compañía, quienes se vieron las caras ante un imponente LeBron James y Jaylen Brown, a los que sucumbieron por 42-40.
El suspenso se apoderó de la cancha en un cierre frenético donde las Estrellas rozaban el triunfo. Pero el destino guardaba un giro final: una magistral maniobra de James que culminó en las manos de De'Aaron Fox, quien, justo cuando el cronómetro agonizaba, encontró la red para transformar la incertidumbre en un grito de victoria.
El tercer enfrentamiento supuso la eliminación del equipo Mundo al caer contra los Barras por una diferencia de 3 puntos, en un partido en el que Doncic apenas tuvo minutos, recayendo todo el peso en un Wembanyama que estuvo fino en oportunidades de tiro (19 puntos).
Sin embargo, un arrollador Kawhi Leonard (L.A. Clippers) selló la batalla decisiva por entrar en la fase final, asumiendo el peso ofensivo con 31 de los 48 puntos de su equipo.
Ante tal despliegue de dominio, el bando internacional poco pudo hacer, acusando la sensible ausencia de astros como Giannis Antetokounmpo y Shai Gilgeous-Alexander, cuyas lesiones dejaron un vacío imposible de llenar en la pintura.
De antiguos presidentes a candidatas al Oscar
El nuevo coloso de Los Angeles Clippers, con una capacidad para 68.000 asistentes, no solo fue el escenario de la 75º edición del All-Star, sino el epicentro de una pasarela de celebridades que se encontraban entre el público que quiso disfrutar del espectáculo.
Bajo las luces de Los Ángeles, el torneo revivió su brillo rodeado de distinciones presidenciales como Barack y Michelle Obama, hasta el legado eterno de leyendas como Oscar Robertson, Julius Erving y Magic Johnson.
En las primera filas del estadio Intuit Dome también se encontraba la candidatas al Oscar Teyana Taylor ('One Battle After Another'), así como icónicas voces de la industria musical estadounidense como Queen Latifah, Kelly Rowland, Busta Rhymes o Tyla.
Han sido tres semanas, casi 20.000 kilómetros de Este a Oeste, un buen puñado de vuelos, alguna nevada y nueve ciudades estadounidenses. Como dos pioneros en busca del oro, Elisa Aguilar, presidenta de la Federación Española, y Chus Mateo, seleccionador. Porque las perlas del baloncesto nacional se pulen ya al otro lado del charco y a la familia, se la visita. Ese ha sido el concepto y el objetivo de un viaje al futuro, "para conocer en persona a los españoles en NCAA y NBA, transmitir ambición y proyectos, y reforzar la cercanía". Que la distancia no rompa el vínculo.
Lo repasa Elisa Aguilar, que bien conoce el terreno: fue una de las primeras españolas en jugar en la liga universitaria, de 1997 a 2000 en George Washington, de donde regresó licenciada en Económicas, aunque todo fuera tan distinto... "Ha cambiado mucho. El hecho de los contratos NIL (Name, image and likeness), por los que ahora los jugadores y las jugadoras perciben dinero, lo ha profesionalizado mucho. Y también que puedas cambiar de universidad sin tener que estar un año sentada, como pasaba en mi época", comenta sobre un universo al que adaptarse sin remedio. "Nos encantaría que estuvieran en España jugando minutos y adquiriendo experiencia, pero al final tienen unas circunstancias y unas condiciones muy favorables, a nivel económico y a nivel personal".
Ante el fenómeno imparable, la FEB se puso en marcha. Entre otras cosas, creó un grupo de seguimiento in situ, encabezado por Daniel Gómez Otero, que fue entrenador asistente del Estudiantes y lleva años ejerciendo de scouting NBA, ahora afincado en Phoenix y trabajando también para los Suns. Entre las dos divisiones de la NCAA y la NAIA hay hasta 300 chicos españoles, mayoría femenina. Y no hay que perder ojo. Entre ellos, hay una decena que son súper elite, jugadores llamados a ser "los dueños del futuro de la selección". Seguramente ya desde el Mundial de Qatar de 2028, un proyecto a medio plazo que incluye los Juegos de Los Ángeles y el colofón, el Eurobasket de Madrid en 2029, con final en el Bernabéu.
Elisa Aguilar, Hugo González y Chus Mateo, en Boston.FEB
Antes de la primera visita, además, hubo en Nueva York un interesante y fructífero encuentro con Adam Silver, Mark Tatum y Cathy Engelbert. Comunicación, buena sintonía y proyectos comunes con la NBA antes de la parada, en Boston, en mitad de una nevada que les dificultó el viaje en tren. Allí la presidenta y el seleccionador se encontraron con una de las joyas de la corona, ya realidad en los Celtics, impacto de rookie. Presenciaron un partido de Hugo González y se reunieron tanto con el General Manager Brad Stevens como con su entrenador, Joe Mazzula. "A Hugo, Chus le conoce del Real Madrid. Creo que no le ha sorprendido mucho. Está teniendo minutos de calidad. Sabe su rol. Todo el feedback que nos dan en la franquicia es positivo, están encantados con él. Con su aportación y con su forma de ser". El mensaje del alero madrileño fue común al del resto: "Gracias y a su disposición". Dependiendo de las circunstancias, Hugo podría estar con España durante las ventanas del próximo verano (julio y septiembre).
Después fue el turno de Michigan, donde comprobaron in situ la progresión del gigante Aday Mara en su nuevo entorno y en el derbi de Michigan. "Le vi feliz, cosa que por todo lo que ha pasado desde que empezó [estuvo dos años con menos protagonismo del esperado en UCLA], es la mejor palabra que le puede describir. Feliz, contento de estar en Michigan. Está muy asentado y con la cabeza en lo que quiere", describe Aguilar sobre el maño, que podría presentarse al próximo draft o esperar a 2027. En 24 partidos con los Wolverines, el pívot de 2,21 promedia 11,4 puntos y 6,9 rebotes. "Tener un pivot que lee tan bien las situaciones, que pasa tan bien, me parece una pasada", admite la presidenta.
Aday Mara, jugando con Michigan.JAIME CRAWFORDGetty Images via AFP
En Oregon se vieron con Mario Saint Supery, aún con el regusto de su explosión durante el Eurobasket, y también aprovecharon para encontrarse allí con Santi Aldama, en su visita con los Grizzlies a Portland. De nuevo, comprobaron el compromiso de quien está llamado a liderar el proyecto. "El hecho de ponerse a disposición de la selección y de Chus, es de valorar. Tiene todo el calendario en la cabeza y sigue las ventanas", elogia Aguilar del pívot.
El tirador Rubén Domínguez en Texas, Baba Miller (uno de los que más está brillando, 13,7 puntos y 10,5 rebotes), y Jordi Rodríguez, ambos en Cincinnati, Álvaro Folgueiras (Iowa), los hermanos Díaz-Graham en San Francisco... "Nos hemos dado cuenta de que tienen un sentimiento de pertenencia a la selección y a su país enorme", admite la presidenta, que pretende revertir el concepto de fuga de talento.
El seleccionador y la presidenta junto a Jordi Rodríguez y Baba Miller, en Cincinnati.EM
Porque el viaje también tenía otro propósito, testar la impresión de las universidades con respecto al jugador español. "Tengo que sacar otra conclusión, de la que me siento súper orgullosa como presidenta. Cuando hablas con los entrenadores o con los General Manager te trasladan la ética de trabajo que tienen y su lectura del juego. Pero, sobre todo a nivel humano y a nivel personal, te los ponen por las nubes", revela Elisa. Y comprobar la predisposición a que estén en verano con la selección. La FEB pretende, además de la posible presencia de alguno en las ventanas, organizar una concentración de toma de contacto, "sin partidos". Y, en verano, volver a esa España B que tan positiva resultó y ahí sí, disputar algún amistoso incluso fuera de nuestro país.
La palabra consistencia es la más anhelada por los entrenadores. Equipos pétreos, inextricables y capaces de mantener el pulso ante cualquier circunstancia y rival. Todavía lejos, mucho, de todo eso está este Real Madrid de Scariolo. Que volvió a experimentar una noche de toboganes, esta vez con final feliz. A cuatro días de la Copa, se llevó un alegrón en el Carpena, sexta victoria seguida en la ACB (donde manda con puño de hierro), una remontada ante el mismo rival contra el que disputará los cuartos el jueves en el Roig Arena. [92-96: Narración y estadísticas]
La "bronca" del descanso, resumía después un Hezonja que resultó inabordable. Y determinante con siete puntos en el último minuto. Un Madrid (sin Campazzo ni Deck) que se olvidó del desastre inicial, que recuperó la cordura y la energía y que se fue camino de Valencia con una mochila de optimismo a la que unir su triunfo en Belgrado.
Porque todo se puso del revés. Cuando Justin Cobbs, el último refuerzo de Unicaja en esta temporada tan movida para los malagueños en cuanto a los cambios en su plantilla, clavó el triple sobre la bocina del primer cuarto, a tabla, completaba un amanecer explosivo en el Carpena. Los de Ibon Navarro, desnivelados por los problemas físicos (sin Tillie, ni Tyson Pérez, ni Alberto Díaz y, desde hace mucho, sin Kravish), habían torturado al Madrid desde el perímetro. Un recurso de los que no tienen antídoto.
Feliz, ante Rubit.Jorge ZapataEFE
Porque, nada más comenzar el segundo, Cobbs volvió a la faena. Era, entonces, el octavo triple de 12 intentos. Un parcial de 17-2 (para el 28-20), que había arruinado cualquier plan de Scariolo. El buen arranque de Okeke, el dominio en la pintura... Como un boomerang en contra, porque el perímetro fue el resorte que activó a los locales, dominio total de las sensaciones en un momento. Y un ciclón después, con más y más triples que desquiciaban al rival. Garuba perdía los papeles y la distancia se disparó (51-33).
El hundimiento fue total y la reacción tras el paso por vestuarios obligada. Este Madrid, tornasolado una vez más, volvió a sus básicos, a encontrar a Tavares en la zona, a abastecer a un Hezonja que regresó enchufado. 11 puntos en un momento y una remontada paulatina. Se llegó a arrimar a seis (74-68, tras un robo y dos más uno de un Garuba dispuesto a arreglar su fallo en la primera mitad), mientras el Unicaja no rehuía de los lanzamientos rápidos, de su ADN de baloncesto frenético. Contestaba con triples como latigazos, Webb, Duarte y un asombroso Cobbs... La batalla era ya un tiroteo.
Pero la presión del Madrid empezaba a ser insoportable. Y más cuando los triples abandonaban a Unicaja. Tres fallos seguidos de Perry y los blancos arriba (86-89 después de un parcial de 2-16) tras acciones individuales de Feliz y Lyles. Quedaban tres minutos y era como si todo lo que había luchado antes no le sirviera para nada a los de Ibon Navarro.
Tambaleándose en la lona, sin apenas fuelle ya, un triple de Sulejmanovic (partidazo) reactivó a los verdes. Dos minutos y vuelta a empezar. Erró Llull, Unicaja falló los tiros libres y, sobre todo, apareció Hezonja. Dos canastas casi seguidas encarando a Balcerowski y dos tiros libres para cerrar la noche.
El AS Mónaco es una de las irrupciones más asombrosas de los últimos años en el panorama baloncestístico europeo. Casi de la nada, un proyecto de lujo, con jugadores de primerísimo nivel y, también pronto, éxitos deportivos. Hace una década volvió a la máxima división francesa (ProA), ganó tres Copas seguidas y después la Eurocup en 2021 para hacerse hueco en la Euroliga. Ahí, también ascenso imparable hasta llegar a la mismísima final el pasado curso, donde perdió contra el Fenerbahçe.
Pero la megalomanía y los fichajes a golpe de talonario (este mismo curso en su plantilla lucen Mike James, Nikola Mirotic, Eli Okobo, Daniel Theis...) se han estampado contra el muro de la realidad. Su dueño, el magnate ruso Alexey Fedorychev, se ha visto afectado por las restricciones de movimientos de capital decididas por la Unión Europea a causa de la guerra. Y pronto han acudido los impagos, meses de sus estrellas sin cobrar que hicieron que hace unas semanas el propio Principado asumiera el control del club.
Hace poco la propia Euroliga les sancionó con 300.000 euros a causa de las deudas (se estima que se elevan a 15 millones de euros) y la imposibilidad de seguir fichando. Pero la situación sigue siendo tensa. Este viernes, aunque los de Vassilis Spanoulis lograron vencer al Baskonia (102-92) -cortando una racha de cinco derrotas de carrerilla- para mantenerse en el octavo puesto y en la lucha por los playoffs, su estrella, uno de los mejores jugadores de la historia de la competición (máximo anotador de siempre y MVP en la temporada 2024), estalló en sus redes sociales.
Mike James, que acostumbra a no morderse la lengua en su cuenta de X, explotó de madrugada. "Esto es una locura. Llevo mucho tiempo en Europa. Sé que los pagos pueden ser inestables, pero no me mientan diciendo que llegará cuando no es así y me hagan quedar como un tonto. Eso sí que es una falta de respeto. Jugar con mi dinero, y en mi cara, es un juego sucio. Espero que el personal, los jugadores, los trabajadores y la gente de la oficina reciban su dinero de verdad", escribió el estadounidense, que acaba contrato (uno de los salarios más altos de Europa) este verano. Y que añadió, en alguna de sus respuestas con los usuarios que le contestaban: "Soy un mercenario, pero firmé más años que todos y empecé esta mierda".
Las fantasmas de París, Atenas y Dubai volvieron a aparecerse ayer en Belgrado, donde el Real Madrid sudó tinta para cortar su mala racha a domicilio. Tras dominar los tres primeros cuartos, el equipo de Sergio Scariolo se vio obligado a otro imprevisible desenlace frente al Partizan, decantado finalmente por un triple de Andrés Feliz a falta de 39 segundos para la bocina. [Narración y estadísticas (73-77)]
Trey Lyles y Mario Hezonja lideraron el ataque, con 14 puntos cada uno, durante los mejores minutos de los blancos, que volvieron a desperdiciar, como la pasada semana en Qatar, una cómoda ventaja (45-60, min. 26). Estaba escrito que la novena victoria consecutiva ante al rival que les llevó a un esfuerzo supremo durante los cuartos de final de 2023, debía fraguarse en los últimos minutos.
Sterling Brown, con dos triples, desplegó su mejor baloncesto al final del tercer cuarto y el equipo de Joan Peñarroya, desatado con dos triples consecutivos más de Isaac Bonga y Aleksej Pokusevski, rebajó considerablemente la diferencia (54-60, min.27). Los visitantes volvían a desconectarse, encajando un doloroso parcial de 16-2 (61-62, min.30).
Vida extra
Una penetración de Duane Washington puso de nuevo a los locales por delante ante un Madrid que, con Lyles y Theo Maledon en pista, no encontraba claridad en ataque, con sólo una canasta en juego en siete minutos. El desacierto y la imprecisión afectó a ambos equipos por igual, que dejaron una extensa galería de errores, con Edy Tavares como único argumento válido en ambos lados de la cancha (69-69, min.37).
Con 71-71, Feliz anotó un triple vital, tras un rebote ofensivo de Lyles, para aliviar a Scariolo a falta de 39,5 segundos (71-74). La lucha bajo los aros de Bruno Fernando y Calathes dieron una vida extra al Partizan tras dos errores de Bonga desde el 6,75, pero los locales no aprovecharon la tercera y se vieron forzados a llevarlo todo a la línea de los libres.
Con sólo un acierto de Facundo Campazzo y 13 segundos, Brown anoto una penetración para acortar distancias, pero Hezonja no perdonó y amarró una necesitada victoria como visitante. Un elixir para la moral a tan sólo una semana del inicio de la Copa del Rey en Valencia, donde Unicaja ya aguarda el jueves en cuartos de final.