Las heridas que deja la Copa al Madrid de Scariolo: "decepción", más dudas y un trabajo que no se "tira por la borda"

Las heridas que deja la Copa al Madrid de Scariolo: “decepción”, más dudas y un trabajo que no se “tira por la borda”

Perder una Copa, un torneo propicio a lo inesperado -aunque hubo un tiempo, hace no tanto, de abrumador dominio de Barça y Madrid-, donde se disputan tres finales consecutivas, no se puede considerar un fracaso. Ni un motivo para dinamitar todo lo construido. Pero, después del éxtasis del Kosner Baskonia en el Roig Arena, la sensación en el Real Madrid era de decepción. De que el proyecto Scariolo, que afrontaba su primer gran examen, sigue sin conseguir levantar definitivamente el vuelo. Y de que se escapó una gran oportunidad de reconquistar el trofeo y alzar el título.

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Reposado el trayecto blanco en Valencia, cuesta extraer conclusiones. El equipo no fue un desastre. Ni siquiera hay jugadores claramente señalados. Durante los tres partidos, rindió a un nivel medio-alto casi siempre, con algún momento de gran competitividad, como el jueves ante Unicaja y otros de puro frenesí, como la milagrosa resolución de la batalla en la semifinal contra el Valencia. Pero, también, tuvo un par de agujeros preocupantes. El primero fue el amanecer precisamente contra los locales, un acto inicial impropio, que pudo costar demasiado caro (32-16). Y el segundo, mortal, el desenlace contra el Baskonia, donde el Madrid se desempeñó como si Hezonja fuera a aparecer de nuevo para hacer magia. Sin determinación, con errores de bulto, incapaz de frenar en defensa las heroicidades de Forrest, Luwawu-Cabarrot y Omoruyi, sin acierto y hasta sin contundencia: Diakite, que ni siquiera es un cinco, intimidó a un Tavares siempre incómodo.

"No tengo mucho que reprochar al esfuerzo de los jugadores. Evidentemente, hemos tenido problemas para proteger nuestra pintura. No hay ninguna duda de que hemos concedido demasiadas terminaciones cerca del aro. Hemos fallado en el uno contra uno y en las ayudas", reconoció sin tapujos después Scariolo.

Los jugadores del Madrid, tras perder la final.

Los jugadores del Madrid, tras perder la final.ACB Photo

Ese fue el análisis en caliente de lo sucedido deportivamente. Una final que los blancos dominaron como parecía lógico ante un rival con una rotación de apenas ocho hombres y que tuvieron en varias ocasiones a tiro de sentenciar (40-30, 72-64...). Pero en la que acabaron enredados y derrotados. Como lo pudieron estar un día antes contra el Valencia Basket: sólo se salvaron por uno de esos milagros que suceden de vez en cuando en el Madrid (perdían de cinco a falta de 18 segundos). En dos partidos, sin prórrogas, encajaron 206 puntos...

Más allá de la Supercopa perdida en pretemporada, el Madrid, que había avanzado con vaivenes todo el curso -contundente en ACB, más dubitativo en la feroz Euroliga-, pierde una bala. Scariolo no ocultó la "decepción", pero quiso poner el valor "la progresión del trabajo", que "no se tira por la borda". Y habló de lo que todo el mundo tiene en mente: ¿será capaz su Madrid de pelear tanto por la Euroliga como de rematar su trabajo en la ACB?

El Madrid no ha sufrido percances físicos de consideración en toda la temporada y su rotación, con 15 piezas, parece estabilizada. Presume de plantilla, de varias opciones por puesto que cualquiera envidiaría, de experiencia (Llull, Campazzo,...), de talento ofensivo diferencial (Hezonja, Maledon, Lyles...), de centímetros (Tavares, Len...), de versatilidad (Deck, Okeke, Feliz...). Es decir, no tiene excusa. Parece más cuestión de mentalidad -"no será fácil volver a levantar la cabeza y competir pero es lo que tenemos que hacer"- y, sobre todo, de que funcione en la cancha.

Para afrontar retos extremos y despejar el runrún de decepción que empieza a circular en alguna parte de la afición. Primero, en una Euroliga donde compiten contra algunos colectivos más potentes objetivamente (Fenerbahçe, Panathinaikos, Olympiacos...). Pese a las 11 derrotas, siguen en buena disposición para conseguir algo que les pondría menos complicado alcanzar la Final Four (el gran objetivo): ser cabezas de serie. La tarea debe comenzar este mismo jueves, cuando recibe al Bayern. El calendario, que no es del todo feroz, tiene una trampa casi al final, con visitas consecutivas a Baskonia, Olympiacos y Fenerbahçe, antes de cerrar la primera fase en casa contra Estrella Roja.

Después llegará el turno de la ACB, donde también tendrán presión, a pesar de que tienen bastante propicio lograr acabar primeros y asegurar el factor cancha en los playoffs. Ahí, tampoco serán sencillos los rivales, tanto el Barça como, sobre todo, un Valencia Basket del que ya avisó su dueño que buscará la revancha en el torneo doméstico.

La gesta del "loco" Galbiati, el nuevo capo del Baskonia: "Vive en el pabellón"

La gesta del “loco” Galbiati, el nuevo capo del Baskonia: “Vive en el pabellón”

En la búsqueda de sus orígenes y tras el fiasco de la apuesta por Pablo Laso del curso pasado, el Kosner Baskonia recurrió a un técnico sin demasiado pedigrí y novato en la ACB. Paolo Galbiati venía con la vitola de sus buenos años en el modesto Aquila Trento, con el que, hace 12 meses, conquistó la Copa italiana. Un movimiento de riesgo sin muchos visos de triunfar, especialmente cuando el equipo perdió los seis primeros partidos de Euroliga y cinco de los nueve de Liga Endesa. "Creo que he sobrevivido un par de veces de ser despedido". Hoy, Galbiati es el rey de Vitoria.

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Le cantan al ritmo de Bad Bunny -el «por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati haznos campeón» se ha convertido en la canción del torneo- y le estampan (Kurucs) una tarta en la cara, promesa cumplida, tras un éxito insospechado. El pasado viernes cumplió 42 años («odio los cumpleaños y los tiros libres», pronunció en la previa). Es todo carisma. Expresivo, bromista, calienta en pantalón corto junto a sus pupilos antes de cada partido. Se ha metido en el bolsillo a una plantilla hecha de jugadores sin conexión, que ha cambiado varias veces durante el curso y ha sufrido varias lesiones. Y, por supuesto, a una afición que tiene nuevo 'capo'.

«Es un loco del baloncesto y un entrenador extraordinariamente trabajador, que vive en el pabellón y nos ha dado una visión diferente del juego que nos venía bien, porque muchas veces estas metido en tu forma de hacer las cosas y necesitas que venga gente de fuera», reconoció el eterno presidente, Josean Querejeta, en los micrófonos de DAZN. El cambio en la dirección deportiva, con el fichaje del jovencísmo Xevi Pons, gurú del Manresa, ha sido otro de los secretos del equipo vitoriano.

«Os lo dije, os lo dije. Es el momento de creer. Enhorabuena. ¡Bravo!», les lanzaba a sus jugadores en mitad de la pista, nada más conquistar el trofeo. «Esto es para toda la vida. Esto se va a quedar en vuestra memoria para toda la vida. Vais a estar conectados conmigo para siempre», después en el vestuario. Pero, más allá de su expresividad, Galbiati ha sabido reinventarse tácticamente para superar imposibles en el Roig Arena. Bien auxiliado por Pablo Pin, el eterno entrenador del Granada, ahora su ayudante. Primero a un Tenerife sin Marcelinho Huertas. Después a un Barça con el que perdía por 12 en el primer cuarto y por nueve en el segundo.

Y anoche, a todo un Real Madrid. Con una rotación de apenas ocho jugadores. Sin ningún pívot. Con Kurucs y Markus Howard lastrados físicamente. Teniendo que descartar a dos de sus extracomunitarios (Nowell y Kobi Simmons) y con la explosión de un fichaje al que hace unos días ampliaron el contrato dos meses más, impresionante Eugene Omoruyi. «Sus triples han sido desequilibrantes», le elogió Scariolo. "A las tres de la mañana estábamos hablando de qué hacer y los médicos estaban a esa misma hora terminando con los jugadores", explicó.

Aunque, si hubo dos nombres propios, fueron los de Luwawu-Cabarrot (28 puntos hasta que fue expulsado por cinco faltas) y, sobre todo, el de Trent Forrest, el merecidísimo MVP. El base estadounidense, que ha atravesado una lesión esta temporada, firmó una Copa brillante, con 28.7 de valoración media: 17.7 puntos, 7,3 asistencias, seis rebotes y 2,3 recuperaciones. Y una exhibición ante el Madrid: 22 puntos, 11 asistencias, nueve rebotes y 38 de valoración (récord de un jugador de Baskonia en la final).

«He trabajado mucho para unir el grupo. Con profesionales de este nivel no es fácil crear esta alquimia. Estoy muy feliz por esto», se congratulaba el lombardo después en la sala de prensa, donde conectó por videollamada con el británico Quinn Ellis (su pupilo en Trento), que acababa de ganar la Copa en Italia con el Olimpia Milano. Precisamente en la previa, Galbiati recordó sus orígenes y a su «maestro» Scariolo. Cuando él era en entrenador del junio en el Milán, su compatriota, «uno de los tres mejores entrenadores europeos de la historia», lo era en el primer equipo. El de Vimercate logró anoche la tercera Copa de su palmarés. Con 34 años la conquistó en su país (en 2018), con el Auxilium Torino, por primera vez en la historia del club. Allí había sido técnico asistente de Luca Banchi, primero, y de Larry Brown después.

"Tengo que dar las gracias a mucha gente. A mi familia, a mi novia, a Luis Scola, porque sin él yo no estaría aquí. Cuatro años antes fui relegado en Italia y él me ficho y el pasado verano alguno de Baskonia le llamó para preguntarle sobre mí. Y la última es un recuerdo a una persona fantástica que ayer no estaba aquí, la mujer del vicepresidente de Trento que es una mujer increíble y le mando un abrazo a su marido...", quiso destacar el héroe.

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

Un Baskonia heroico sorprende al Real Madrid y conquista una Copa contra todo pronóstico

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Como un sueño del que no despertar, una gesta que recordará el baloncesto y nunca olvidará Baskonia, la Copa de Paolo Galbiati, la Copa contra todo pronóstico. El equipo vitoriano, en una oda a la resistencia, desplumó al Real Madrid en la final como al Barça en semifinales: aguantando golpes como el mejor de los fajadores. El carácter Baskonia está tan de vuelta que ni resquicio al milagro le dejó al equipo de Scariolo, arruinado por la genialidad de pistoleros como Trent Forrest o Luwawu-Cabarrot. [89-100: Narración y estadísticas]

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La séptima del Baskonia, 17 años después. Un título insospechado, porque hubo momentos en el comienzo de temporada en los que ni sencillo parecía estar de vuelta al torneo. Un mazazo para el Madrid, que se relamía tras la gesta en semifinales. Jugó con fuego una vez y se quemó a la segunda, incapaz de despegarse en todo el partido de un rival con menos piezas, con menos centímetros pero con el corazón más grande.

La 30ª Copa del Real Madrid tendrá que esperar, el despegue que no llega de la era Scariolo. Asomarse al precipicio y no caer ante el Valencia no fue para los blancos la lección necesaria. Y eso que fue el suyo un inicio eléctrico, justo lo contrario que 24 horas antes: un 13-2 en menos de tres minutos que mandó al rincón a los de Galbiati. Aunque de ese traspié se iban a levantar como un resorte. Y eso, no sucumbir, iba a ser la clave de todo lo demás.

Como si se sacudiera el polvo de los hombros, con Cabarrot a los mandos, el Baskonia remontó (parcial de 4-17). En ese tramo, el primer sustituido de Scariolo fue Hezonja, que se fue cabreado, sin saludar al técnico, en esa jugosa relación de amor-odio que mantienen. No iba a ser su noche.

La segunda unidad blanca iba a protagonizar el siguiente mazazo. Andrés Feliz, brillo silencioso, y Alex Len en la pintura (mucho mejor esta vez el ucraniano, que ni jugó en semifinales, que Garuba). Fue un parcial de 14-0 (40-30), ante un rival que buscaba soluciones y que logró mantenerse con vida al descanso pese a sus problemas defensivos y al desafío que le suponía Edy Tavares. Al Baskonia, que lleva toda la temporada buscando un pívot desde que se le marchara Samanic, se le lesionó hace unos días el único puro que tienen, Khalifa Diop.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.

Luwawu-Cabarrot, ante Tavares, en la final.Kai FörsterlingEFE

La Copa en Valencia para ellos ha sido una prueba de superación, pero también un fin de semana en las nubes de antaño. No es que hubieran pasado 17 años desde la última final (el título de 2009 en el Palacio, contra Unicaja), es que incluso se había descabalgado varias veces de un torneo que está en su ADN. En el de su afición, sin la que nada se entiende. En la final no se iban a conformar, puro coraje de una entidad revitalizada.

A la vuelta de vestuarios siguió la resistencia vitoriana, haciendo gala de carácter pero también de talento. Cabarrot era una pesadilla y a cada golpe blanco se rebelaba el Baskonia. Uno tras otro. Con la energía de Garuba, pareció el enésimo demarraje (72-64), pero ahí la respuesta, los triples de Omoruyi, el temporero (tiene contrato de unos meses por la lesión de Sedekerskis) como héroe, para estar con mucha vida ya avanzado el acto final (79-81), como 24 horas antes contra el Barça. La fe del que no tiene nada que perder.

Los nervios blancos aparecieron en la recta de meta y eso que Cabarrot se marchó con cinco faltas. La primera canasta de Howard, las acciones increíbles de Forrest (¡rozó el triple doble!), los errores de Feliz y, sobre todo, los inolvidables tapones de Mamadi Diakite. Un campeón indestructible. Heroico.

Un tapón a dos manos, una final inédita y Galbiati, el nuevo héroe del Baskonia: "Por la mañana café, por la tarde ron..."

Un tapón a dos manos, una final inédita y Galbiati, el nuevo héroe del Baskonia: “Por la mañana café, por la tarde ron…”

La última vez que el Baskonia jugó una final de Copa (2009), Paolo Galbiati, que tenía 25 años, ni siquiera había empezado en el junior del Olimpia Milan. Allí se inició en los banquillos en 2012 y allí coincidió con Sergio Scariolo, que era el técnico del primer equipo (en el parón de tres años que tuvo con la selección española). Este domingo (19.00 h., DAZN), dos técnicos italianos se jugarán el torneo en el Roig Arena.

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Han pasado 17 años de aquella del Palacio de los Deportes, el último título copero vitoriano también. Se agotaba una época (Prigioni, Splitter, Rakocevic, Teletovic, Pete Mickeal... hasta Ibon Navarro, que era asistente de Velimir Perasovic), una particular travesía en el desierto apenas rota por el título liguero en la burbuja de 2020, también en Valencia (Fonteta). Últimamente, el Baskonia se ausentaba hasta del torneo. No sus aficionados, que el sábado en las afueras del Roig Arena seguían celebrando con DJ Nano como se merecía. Habían desplumado al Barça, con el que perdían de 12 puntos en el primer cuarto y de nueve en el último ("Estábamos en el barro, pero nuestra defensa ha sido increíble"). Y cantaban a su nuevo ídolo, la melodía de moda en la Copa, al son de Bad Bunny: "Por la mañana café, por la tarde ron, Paolo Galbiati, haznos campeón".

"Me emociona cuando lo escucho", intentaba pronunciar en castellano el lombardo, un tipo único. Bromista, emocional, efusivo, enérgico. Que se viste de pantalón corto para completar los calentamientos con sus jugadores. Que llegó desde el Trento (allí ganó la Copa italiana hace un año), una apuesta tras la mala etapa Laso, y que perdió los seis primeros partidos de la Euroliga ("dramático", recordaba anoche). Y que vio amenazado hasta estar en Copa. "Pero en el partido de Málaga todo cambió. Ganamos con una canasta sobre la bocina, con solo nueve jugadores. Y entonces empezó una racha y hemos sido hasta cabezas de serie", se congratulaba.

Un momento antes, Xavi Pascual hablaba de un último cuarto "desastroso" del Barça. "Hemos llegado muertos al último cuarto. Nos hemos quedado sin energía. Hemos jugado fatal".Quizá en su mente la última acción, el intento de Shengelia y el tapón a dos manos de Mamadi Diakite, otra de las imágenes de esta Copa. Para el africano tenía palabras de elogio Galbiati. Pues se desempeña de pívot sin serlo, como Omoruyi, el último fichaje. Las bajas corroen al Baskonia. La última fue la de Khalifa Diop, el único cinco puro. Que se lesionó en el salto inicial del partido anterior. Esta tarde ante Tavares tienen un problema por resolver.

Tras unas semifinales de igualdad y emoción como nunca, será una lucha por el título sin precedentes. El Real Madrid buscará conquistar su 30º Copa, mientras que el Kosner Baskonia hacerlo por séptima vez. Dos equipos que no se las ven desde las semifinales de Vitoria 2017, donde se impusieron los blancos (23 puntos de Doncic y un gran Llull) en la prórroga (99-103). El balance global también favorece al Madrid (7-3).

La última final que ambos disputaron fue la de la Supercopa 2019, en Galicia. Entonces, victoria blanca en el era el debut oficial de Gabi Deck.

El Baskonia sobrevive al Barça y vuelve a una final de Copa 17 años después

El Baskonia sobrevive al Barça y vuelve a una final de Copa 17 años después

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El Kosner Baskonia supo vivir buena parte de la segunda semifinal de la Copa del Rey a rebufo del Barça sin dejarle escaparse en el marcador para, en el tramo final, aprovechar un descanso de Nico Laprovittola para hacerse con el mando del choque y meterse, diecisiete años después, en la final del torneo que se disputa en el Roig Arena de Valencia en busca del que sería su séptimo título.

En un partido con muchos más errores que aciertos, el Baskonia consiguió sumar varios anotadores ante su rival y mantuvo la calma para evitar que el Barça lograra forzar la prórroga.

El Barça salió fluido y Laprovittola y Will Clyburn obligaron a Paolo Galbiati a parar el partido al poco de comenzar. El tiempo muerto frenó por unos minutos al conjunto catalán pero el Baskonia no encontró argumentos para hacerse con el mando del choque y llegó a perder por doce puntos. Al menos, supo hacer 'la goma' y esperar su momento.

No tardó demasiado, porque al conjunto catalán se le hizo largo ya el final del primer cuarto. En el equipo vasco empezaron a encontrar el camino al aro. Lo hizo Matteo Spagnolo pero también Timothé Luwawu-Cabarrot, Mamadi Diakite y Trent Forrest. Muchos frentes para que el Barcelona pudiera atender a todos.

También Xavi Pascual llamó al orden a los suyos pero no pudo evitar ni que Spagnolo culminara una rápida remontada (26-27, m.14) ni que el final del segundo cuarto fuera un intercambio de canastas en la que la iniciativa siempre fue ya del Baskonia, que con Luwawu-Cabarrot ya muy enchufado se llevó un pírrico premio al descanso (37-38, m.20).

Tras el parón ambos equipos intentaron acelerar pero a los dos les costó mantener la precisión a ese ritmo y hubo casi más errores que aciertos. Las pérdidas se multiplicaron y el partido se desordenó sin que apenas subieran puntos al marcador. El parcial de los primeros cinco minutos fue de 6-4, el partido estaba atascado.

En ese panorama, Laprovittola se hizo dueño de la semifinal. Anotó un triple y repartió juego entre sus interiores para que Willy Hernangómez y Toko Shengelia abrieran desde el tiro libre una brecha que en otro encuentro habría sido irrisoria pero que en este podía marcar el partido. Una canasta del argentino sobre la bocina del tercer cuarto, afianzó esa sensación (58-49, m.30).

Reservó un momento Pascual a Laprovittola y sin el argentino en el parquet cayeron un par de minutos sin que pasara nada que alterara los equilibrios. Justo lo que quería el técnico del equipo catalán. Pero un par de tiros abiertos del Baskonia, uno de Gytis Radzevicius y otro de Rodions Kurucs, ajustaron el marcador (61-58, m.33).

Aguantó Pascual un poco más a Laprovittola en el banquillo pero cuando un triple de Luwawu-Cabarrot puso al Baskonia a uno ya no pudo más. El Baskonia ya estaba en marcha, había recuperado cierta confianza y Forrest completó la remontada.

No hubo épica

Al Barça se le empezó a encoger la muñeca y con cada tiro liberado fallado crecía la presión. Un mate de Shengelia al contraataque rompió esa dinámica y dejó a su equipo a dos. Con 33 segundos, el equipo azulgrana tenía la bola pero Diakité taponó a Shengelia a dos manos y Luwawu-Cabarrot metió solo uno de los dos tiros libres de la posterior falta.

Con 4,1 segundos, Pascual pidió tiempo muerto y sacó la pizarra para tratar de dibujar un triple pero la opción que le quedó a Joel Parra fue muy forzada y no tocó ni aro. El Baskonia regresa a una final 17 años después.

La trampa a Montero, los triples de Hezonja y la intrahistoria de 18 segundos que "quedarán en la memoria": "Luis me estaba gritando"

La trampa a Montero, los triples de Hezonja y la intrahistoria de 18 segundos que “quedarán en la memoria”: “Luis me estaba gritando”

A falta de 18'8 segundos, celebraba el Roig Arena. Cómo no. El triple de Jean Montero era el 'ahora sí', la puntilla a un Real Madrid al que el Valencia se había permitido el lujo de dominar (de hasta 18 en el primer cuarto). Una fiesta, cinco arriba. ¿Seguro?

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Aquí el enésimo capítulo del equipo que cree en imposibles. El amor propio que se hereda. «Quiero destacar a una persona que me está enseñando cómo funcionan las cosas en este club, Llull. Hasta que no suena el pitido final, nunca lo damos por perdido. Sabemos de lo que va la Copa. Tenemos mucha experiencia en esto. Muy buena cabeza, muy buen control de las emociones», aclaraba Hezonja, el tipo que había hecho explotar dos bombas seguidas para llevar al Real Madrid a otra final, en las que se las verá contra un Baskonia que un rato después sorprendió al Barça (67-70).

Al que iba a ser el partido con más puntos (224) sin prórroga de la historia de la Copa -«de los que se quedarán en la memoria», en palabras de Scariolo-, le faltaban el más inesperado de todos los desenlaces. Porque, también en palabras de Scariolo, «hasta el rabo, todo es toro». Sacó de fondo Maledon, jugada de pizarra, y Hezonja, que ya había lanzado 15 triples, acertó con el que entonces era su sexto. Desde la esquina donde estaba el banquillo blanco, ni tres segundos perdió el croata.

Pidió tiempo muerto Pedro Martínez, que no supo dibujar la jugada correcta. En un error de los que no se olvidan, que recordó los fantasmas de Splitter en aquel final de Liga, Montero, que estaba siendo el héroe (19 puntos en el acto final), cruzó un pase de campo a campo por encima de varios defensores blancos. Hasta que Hezonja la robó. «Luis Guil», puntualizó después, sonrisa enorme en sala de prensa, gorro de lana blanco, el genio croata. Señalando al diseñador silencioso de esa defensa, el gurú, el eterno secundario de Scariolo. «El coach nos ha puesto en una defensa que entrenamos mucho. Luis me estaba gritando. Nos ha cambiado en el último segundo que sacan de foto», explicó. Un poquito más esquinado, pase de Abalde, Mario volvió a acertar desde el perímetro (con siete, igualó el récord de triples en un partido de la Copa de Epi, Tolson y Vasileiadis). La semifinal estaba vuelta completamente del revés.

«Mario ha estado tremendo en esa capacidad de rematar. Pero luego hay que meterlo», especificó Scariolo, poniendo en valor algunas acciones anteriores, defensas de Deck y Tavares. «No tengo que meter la última canasta para ser feliz», desveló el ex canterano del Barça, que recordó la noche de cuartos de final, su «tres de valoración contra Unicaja». «Mientras el equipo gane. Tengo pinta de que tengo que ser siempre yo. Pero el coach siempre me dice que hay muchas cosas por hacer, no solo anotar. Y si me pones un reto delante...», relató quien acabó con 25 puntos y muchas papeletas para el MVP si es que acaba alzando la Copa el Madrid.

Un rato antes, en esa misma sala de prensa del impresionante Roig Arena, Pedro Martínez no sabía explicar cómo se le había escapado esa final. Tampoco acertó el técnico catalán (ni Montero), en la acción postrera, de nuevo tras tiempo muerto. «Es un momento duro para nosotros por el desenlace final. Cuesta mucho hacer una valoración...», pronunció, quien no quiso entrar en polémicas («nada que decir del arbitraje»), en una posible falta al dominicano en la penetración. «Ha sido un disgusto. Perder nunca nos gusta y hay muchas formas de perder y la de hoy es bastante cruel. Jean y todos los demás se tienen que recuperar de esto y también es una prueba que a nivel individual y como equipo tenemos delante nuestro».

Dos increíbles triples de Hezonja llevan al Madrid a la final en uno de los mejores partidos de la historia del torneo

Dos increíbles triples de Hezonja llevan al Madrid a la final en uno de los mejores partidos de la historia del torneo

No hay nada ni parecido. Existe la Copa para momentos como este. Para días como el sábado de semifinales, del prolegómeno del encuentro de las aficiones, una fiesta de la que presumir ante el mundo. Pero más todavía del baloncesto, de la emoción, de lo increíble. De un partido para el recuerdo, quizá el mejor que jamás deparó el torneo. Una obra de arte de por sí con el final más insospechado. De héroes convertidos en villanos y viceversa. Lo iba a ser Jean Montero y lo fue Mario Hezonja, dos triples para la leyenda. [106-108: Narración y estadísticas]

El Real Madrid estará en la final este domingo, aunque apenas lo vislumbró hasta el último suspiro. No restaban ni 20 segundos cuando Montero puso el 106-101, un triple que parecía un colofón. Ni mucho menos. Contestó Hezonja y el propio dominicano perdió el balón en el saque de fondo, para que el croata volviera a acertar, para aumentar el mito del equipo que jamás se rinde. En la última acción, el propio Montero, arruinado su último cuarto de 19 puntos, falló y el Valencia lloró un triunfo que saboreaba por puros méritos.

Porque los taronja batallaban contra mucho más que el Madrid. Ante sí, uno de esos días en los que dar la vuelta a la historia. En los que enfrentarse a la propia grandeza que el club conquista paso a paso, en lo deportivo y en lo institucional. Ahí el Roig Arena, para enseñar al mundo. O L'Alqueria, a su vera. Ahí el equipo de vuelta a la Euroliga y no sólo de comparsa, sino para codearse con los grandes continentales en sus alturas. Ahí el título de la Supercopa.

Pero la Copa en casa 23 años después... En esos Rubicones se demuestra el poderío, ante maldiciones como la del anfitrión, que no la levanta desde 2002. O la propia contra el Madrid, que en los seis precedentes coperos le desplumó, el último en las semifinales de 2024. Contra todo eso, la ambición. El colmillo. La puesta en escena del grupo de Pedro Martínez fue como una estampida. Tan voraz, que ni toda la experiencia del Madrid y de Scariolo en estos escenarios pudo contenerla. Si hubiera sido un combate de boxeo, a los blancos les hubieran contado hasta 10 y todo se habría acabado a los 10 minutos.

Campazzo, defendido por Badio.

Campazzo, defendido por Badio.ACB Photo

De los primeros compases de tanteo se pasó a un inverosímil monólogo taronja. Le llovían triples al Madrid, carreras, baloncesto sin preguntar. Maledon no se enteró de nada y Scariolo le mandó de vuelta al banquillo mientras caía la tormenta. En un momento, el Valencia mandaba por 18 puntos, un primer cuarto para recordar, toda la excelencia defensiva del Madrid ante el Unicaja despedazada (34-16).

Pero, escribió Baudelaire, "no se puede ser sublime ininterrumpidamente". Y el Madrid cuenta este tipo de guerras por puñados. Iba a tardar un suspiro no en remontar, pero sí en meterse al partido. El segundo cuarto fue como bajar el telón y que apareciera otro escenario. Entre Campazzo y Hezonja, un parcial de 2-16. Que no se entendería si en cada rebote (ocho en ese tramo, cuatro ofensivo), en cada acción de las que requieren agresividad, no hubiera estado en cancha Usman Garuba. Determinante.

Fueron 20 minutos frenéticos, emocionales, de un nivel altísimo. El golpe y la respuesta. Que sólo se empañaron por la última acción, cuando Kameron Taylor, que había estado torturando al Madrid (más todavía que Reuvers y sus triples), cayó de mala manera y se torció su tobillo derecho.

Milagrosamente, ahí estaba a la vuelta en la pista el ex de Unicaja. Cuando, después de otro par de triples (Campazzo y Hezonja), todo volvió a empezar (58-58). La remontada culminada al poco con otra canasta del croata, complemente ya en erupción. Y las sensaciones conquistadas, porque pese a los apuros, lo que pasaba ahora tenía más que ver con la propuesta de Scariolo. Al menos hasta que De Larrea, qué fenómeno, alzó la voz. La tarde en el Roig Arena, al cabo, era un vaivén, un intercambio de tortazos (Maledon también había espabilado), en busca de un desenlace a la altura.

Que pareció encarrilar Jean Montero, pidiendo su parte de protagonismo. Exigiéndola. 10 puntos seguidos del dominicano, al grito de MVP, rugiendo el Roig Arena, otra vez la iniciativa local y un marcador del que, ahora sí, empezar a creer (97-86 a falta de cinco minutos). Los tiros libres tampoco ayudaban al Madrid, que se vio un poco más contra las cuerdas con otro dos más uno de Montero, puro flow, imparable sobre el precipicio.

Una obra monumental, digna de un jugador al que no se le intuye cielo. Pero el Madrid siguió apretando, el amor propio. Y un final de agonía, de frotarse los ojos, de ángeles y demonios. Dos triples de Hezonja y un error de Montero. De vencedores y derrotados. Todos en pie ante ellos.

El milagro de Kevin Punter sofoca la rebelión del UCAM Murcia

El milagro de Kevin Punter sofoca la rebelión del UCAM Murcia

Nadie contaba con él, una lesión muscular hace unos días que le hacía perderse la Copa del Rey. Una baja de esas para las que no hay reemplazo. Pero como un milagro, Kevin Punter renació para la gran cita. No sólo eso, lo hizo a lo grande, el factor decisivo que sofocó la rebelión del UCAM Murcia. Los de Sito Alonso hicieron sudar al Barça más de 35 minutos, le tuvieron realmente contra las cuerdas en varias fases, pero en el desenlace les abandonó el acierto, el ímpetu y la manera de frenar el buen puñado de talentos que tan bien maneja Xavi Pascual.

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Se las verán los azulgrana este sábado (21.00 h., DAZN) en semifinales contra el Kosner Baskonia, duelo de equipos lastrados físicamente pero que sobrevivieron a un viernes de emoción. Clásicos coperos en una cita con enorme premio, regresar a una final. Para el Barça sería hacerlo dos años después, aunque no la levanta desde 2022 en Granada.

El emparejamiento más disputado y vibrante de cuartos fue el último plato. Como se sospechaba. Porque, por mucho que un púgil fuera el Barça y el otro un casi recién llegado (era apenas la tercera presencia en la Copa para el UCAM), nadie puede fiarse de un colectivo que se identifica a sí mismo con el tejón de la miel, el animal más fiero del panorama, pese a las apariencias.

Las apariencias son las de un equipo humilde, el menor presupuesto de los ocho del Roig Arena, con un entrenador que en su día fue despedido del propio Barça poco antes de una Copa. De una afición poco acostumbrada a estas alturas. De fichajes que son riesgos, tipos puestos en duda por los que casi nadie apuesta. La realidad, es un colectivo que muere por la causa de Sito Alonso. Que hace dos años se plantó en toda una final de la ACB. Y que este año ya había tumbado en dos ocasiones al propio Barça, entre otros.

Y que se situó en el duelo sin complejos, haciendo lo que mejor sabe: elevar la temperatura a base de intensidad. El UCAM iba a morir matando, cada balón dividido una guerra, en cada rebote la vida, pese a que los tocados del Barça estuvieran listos en la hora de la verdad. Incluso Kevin Punter, con el que (casi) nadie contaba, y que amaneció con siete puntos casi seguidos. Un serio aviso de lo que estaba por venir. Fue un toma y daca constante, una sucesión emocionante de golpes.

Porque, a los primeros intentos de demarraje azulgrana, respondió tácticamente Sito Alonso. Dos tiempos muertos que zanjaron el asunto y la irrupción de Dylan Ennis, tres triples consecutivos que dispararon al UCAM. Otro de Kelan Martin sobre la bocina, a tabla, desató la euforia de una afición llegada en masa. Su equipo se iba al descanso por delante (42-44).

Y no se iba a arredrar a la vuelta de vestuarios, donde aconteció un intercambio pletórico, ante el que mantener el nivel de los talentos del Barça. Y lo hizo (56-62 fue su máxima en ese tramo), y el tiempo y los nervios, parecía, empezaron a contar de su lado. Aunque el Barça y su experiencia en estos terrenos le hacían seguir siendo amenaza, momento ahora de Willy, Punter y Joel Parra, para recobrar la iniciativa y las sensaciones con un parcial de 10-0.

Que resultó completamente clave, porque el Barça, la sabiduría de Xavi Pascual, encontró su resquicio, la debilidad por donde tumbar al rival con un puñado de buenas defensas, de acciones decisivas de Punter y Will Clyburn. A falta de dos minutos, habían puesto la máxima (86-76), cuando ya sólo DeJulius respondía y Sito Alonso se desesperaba. Porque se le escapaba de las manos el sueño. Sólo fueron tumbados en la recta de meta, aunque se marchan de Valencia con la cabeza bien alta y la promesa de que no tardarán en volver.

La asombrosa vigencia de Llull: de los récords al "liderazgo que contagia"

La asombrosa vigencia de Llull: de los récords al “liderazgo que contagia”

Con 38 años cumplidos, 18 Copas a cuestas y 1.000 batallas en sus manos, Sergio Llull podría exigir privilegios. En una plantilla de 15 jugadores, optar por minutos selectos, quizá descanso hasta la final o un ratito en los partidos ahí donde es único. «Que me dieran los tiros para resolver», podría pasarle por su cabeza. Nadie podría discutirle. Sin embargo, el jueves, en el paso número uno del Real Madrid en el torneo, el triunfo arrollador contra Unicaja, ahí estaba el capitán, el primero en la fila, cual William Wallace arengando a las tropas. Sergio Scariolo le puso de titular. Esta tarde (18.00 h., DAZN), contra el local Valencia Basket, de inicio o el último de la rotación, el menorquín será, que nadie dude, trascendente. Busca su 14ª final. «Historia por hacer», respondió él en sus redes sociales a la efeméride.

«Titularidad anecdótica», aclaró después el entrenador. Porque a la hora de jugar, a Llull no se le mira el DNI. Ni el palmarés (en busca en el Roig Arena del título número 30 de su carrera). Se le sigue calibrando por el rendimiento y eso, su vigencia deportiva, no deja de ser uno más de sus asombros.

Contra Unicaja, Llull fue el primero en ponerse las pilas en defensa. Labor de zapa sobre Chris Duarte, talento rival. Lo suyo es aportar o contagiar. Un rato antes del partido, Trey Lyles, ex estrella NBA, novato en Europa, le preguntaba: «Sergi, ¿cuántas Copas has jugado?». «Esta es mi 18ª», respondía. «Y he ganado siete, igual que Rudy, más que nadie». Sólo Clifford Luyk y Epi presumen de más, 10, eso sí, antes de la era ACB.

Sergio Llull, en el partido de cuartos contra el Unicaja.-

Sergio Llull, en el partido de cuartos contra el Unicaja.-ACB Photo

Esa noche, la del jueves, el balear despedazó otro récord, algo que ya es costumbre. Se convirtió en el jugador con más minutos en la historia de la Copa, adelantando de una vez a Juan Carlos Navarro (tercero con 973) y a Felipe Reyes (segundo con 976). Le faltan 24 puntos para superar a Jordi Villacampa como máximo anotador (468) de siempre. Hoy ante el Valencia Basket en semifinales, igualará a la Bomba como segundo con más partidos y si gana, a Felipe en victorias (36, por nueve derrotas). Nadie metió tantos triples (77) y sólo Marcelinho Huertas le mira por encima en asistencias. «Llull tiene cosas dentro y cosas fuera de la pista...», resumía Scariolo, por primera vez su jefe a nivel de clubes. «Lo más importante es su capacidad mental de llevar su nivel de concentración a cotas tan altas que es contagioso. Tan atento y tan preparado que responde a cada situación. Sus compañeros lo ven tan metido que es un liderazgo que contagia. Al margen de todo lo que se ha dicho todo él y no quiero repetir como un topicazo», se rindió el italiano, con quien conquistó seis de sus siete medallas con la selección española.

La Copa es Llull. Incluso más allá de números, estadísticas, títulos o MVP's (lo fue en 2012 y en 2017). Son «buenos recuerdos» desde su debut en 2008 (sólo se perdió, por su grave lesión de rodilla, la de 2018; aunque, en plena recuperación, en Las Palmas acompañó a sus compañeros). Desde el primer título, en 2012 en el Sant Jordi, el comienzo de la era Laso. Es, sobre todo, su lanzamiento sobre la bocina en el Martín Carpena 2014. Junto al de Kaunas para ganar una Euroliga, el que resume una carrera sin parangón.

En una Copa que puede ser el punto y final de muchas bonitas historias (¿será la última de Ricky, Huertas, Shermadini o el propio Tomic?), ni siquiera en el ambiente se sopesa si lo será la de Llull. Es el jugador del Real Madrid que Scariolo más ha utilizado en Liga Endesa, donde sólo seis jugadores en la historia le superan: no se ha perdido ni uno de los 20 partidos (18 victorias). El año pasado, asombroso, fue el jugador que más partidos -42 (sólo se perdió uno en todo el año)- disputó de una competición en la que es segundo en el histórico de victorias, tercero en triples y quinto en asistencias. Y en la presente edición de la Euroliga, sólo descansó cuatro de los 28. Ni rastro de decadencia de quien es todo récords, incluso en Europa, donde tampoco nadie jugó más encuentros.

Devontae Cacok, un campeón de la NBA en Murcia: "Mucha gente dudó de mí. Eso me motiva. Sólo quiero demostrar que se equivocan"

Devontae Cacok, un campeón de la NBA en Murcia: “Mucha gente dudó de mí. Eso me motiva. Sólo quiero demostrar que se equivocan”

«Sólo pienso en el presente. He aprendido eso». Devontae Cacok (Chicago, 1996) repasa la historia de su vida y todo son giros inesperados. El penúltimo le llevó a Murcia, un campeón de la NBA en el modesto UCAM. A las órdenes de Sito Alonso se reencuentra consigo mismo, ese pívot de apenas dos metros, pura fiereza, que domina pinturas. Y que afronta la Copa (hoy, 21:00 horas, en cuartos contra el Barça), sin ningún complejo: ya han derrotado dos veces esta temporada a los azulgrana.

Para saber más

Para saber más

Cacok, padre haitiano, madre jamaicana, es el chico que se rompió la muñeca jugando al fútbol americano y acabó probando en el baloncesto, un deporte que desconocía. «Era malísimo, terrible. En mi primer año promedié 0,5 puntos», recuerda. Es el joven que, años después, recién salido de la Universidad de North Carolina-Wilmington y sin ser drafteado, se encontró encerrado en la burbuja de Disney World compartiendo existencia con LeBron James y ganando un anillo con los Lakers. El pívot que se destrozó la rodilla en un partido de Euroliga en Belgrado en 2023 y tardó 20 meses en volver a jugar. Es el padre y marido que se aficionó, durante la baja, a la fotografía y el vídeo (no se separa de sus cámaras) y que ha encontrado en la insospechada Murcia una ciudad desde la que volver a despegar.

«Sólo quiero demostrar a todos que se equivocan. Mucha gente dudó de mí cuando firmé, porque llevaba mucho tiempo sin jugar, lo cual es comprensible. Pero esa duda me motiva», desafía quien, todavía en la búsqueda de su nivel anterior a la lesión con la Virtus de Bolonia (no pasa de 17 minutos en pista), promedia 12,2 puntos y 4,8 rebotes, líder de valoración del grupo salvaje de Sito Alonso, un técnico al que venera. «Desde el primer momento en que lo conocí, supe que él y yo tendríamos una buena conexión. En un partido reciente estaba frustrado conmigo mismo, no defendía. Y me sustituyó. Y sabía exactamente por qué me estaba cambiando. No porque fallara mis tiros, sino porque no estaba defendiendo. Me gusta eso. Porque no le importa quién sea, nos hace responsables a todos por igual. Lo adoro, es mi hombre», elogia al técnico que obra el milagro del UCAM -«somos físicos, duros incómodos para el rival»- un equipo de presupuesto bajo que busca un perfil de jugador como Cacok. Tipo de los que el resto no se fían (DeJulius, Forrest, Raieste...).

Cacok acude desde un calvario. «En Murcia estoy agradecido y bendecido. Ver lo que estamos logrando, sabes que es más grande que el baloncesto. Porque ahora veo todo desde otra perspectiva. Ya no doy nada por sentado. Pasé por un enorme estrés: durante cuatro meses no podía hacer nada por mí mismo. Mi madre me tuvo que acompañar, no podía ni bañarme, ni caminar. Momentos duros», acude a aquel 28 de diciembre de 2023, cuando todo se detuvo en Belgrado. Momentos de incertidumbre hasta que le confirmaron el peor de los escenarios. «Lo más difícil para mí fue cómo me informaron sobre lo que me hice. Después del partido, sabía que tenía algo mal en la rodilla. Pero me hicieron una ecografía y dijeron que todo estaba bien, que podría jugar en un par de días. Les dije de hacerme una resonancia para asegurarnos y ahí me comunican que mi temporada ha terminado. Esa parte fue la más difícil. Era lo último que esperaba y me pilló desprevenido», pronuncia con amargura. El proceso con la Virtus, que a final de esa temporada dio por terminado su contrato, fue amargo: «sucedieron muchas cosas fuera de la cancha, fue muy frustrante». Tuvo que intervenir el Comité de Conciliación y Arbitraje de la Lega y Cacok se quedó sin equipo en plena fase de recuperación.

Fue el momento crítico de una carrera ya para presumir. Porque Devontae ya guarda en su memoria una experiencia de la que contar a los nietos. En su vitrina luce un anillo de la NBA. El anillo más especial de la historia, el de la burbuja de Florida en plena pandemia. «Era mi año de novato. Había pasado de una universidad pequeña a uno de los mercados más grandes del mundo, Los Ángeles. Estaba rodeado de LeBron, Anthony Davis, Rajon Rondo.... Fueron dos meses de locura, pero valió la pena», repasa. Cacok apenas disputó un encuentro ese curso, 20 más la temporada siguiente y otro puñado con los Spurs después. Pero en su retina guarda las vivencias con LeBron. «Fue surrealista. Nunca piensas que estarás jugando en el mismo equipo que Lebron James. Me costó acostumbrarme al principio, pero después de un tiempo, simplemente... ya sabes, son personas normales, también pasan por cosas normales, y simplemente observas, ves su ética de trabajo, ves cuánto esfuerzo requiere llegar a un nivel superior. Aprendí mucho de él: ser constante con tu cuerpo, con tu juego y ser duro».

Un pasado del que presumir, otro del que aprender. Giros y más giros. Por eso Devontae no quiere anticiparse a nada. Ni siquiera a escenarios que le devuelvan a la Euroliga. O a la propia NBA. "¿El futuro? Con mi lesión y todo eso, he decidido sólo mirar al presente. Hoy estoy en Murcia y voy a darlo todo. Seguiremos adelante y luego veremos qué pasa. Sé que mentalmente es bueno pensar así, sentir así y estar preparado. Lo que tenga que pasar, pasará".